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Viernes, 2 de septiembre de 2005

MONDO FISHON › MONDO FISHON

Otra vez hadas (y muy rosadas)

 Por Laura Isola

Hay un antes y un después de la saga de Harry Potter en la literatura juvenil? No sé si tanto en términos estéticos pero sí, definitivamente, en cuanto al mercado y al dinero se refiere. Y entre las codas de ese éxito sin precedentes –la señora Rowling es la mujer más rica de Inglaterra, que no es poco, si entre las señoras que integran el ranking está la mismísima reina–, es posible pensar los intentos de Emma Thomson por buscar un lugar en la historia de la literatura infantil. Su experimento, para poner las cosas un poco en claro, es la colección de cuentos de Felicity Wishes que, en traducción ibérica, llega al mercado hispanohablante como Valeria Varita.

En 2000 se lanzó el primero de una serie de estos títulos a la que se le suman calendarios, agendas, posters y toda la parafernalia satelital de mercado que acompaña a estos productos, sitio de Internet incluido: www.felicitywi shes.net/content.html. Hadas a la moda y otras aventuras y La estrella de plata y otras aventuras, firmados por Emma Thomson –no, no es la actriz– y Helen Bailey. Tanto en letra como en dibujo, la fórmula que presentan las autoras dista mucho de ser arriesgada e interesante. Esto no quiere decir que el público infantil no acceda de buena gana a éstas y otras aventuras del hada Valeria, pero desde el punto de vista adulto la ecuación es la siguiente: cautivar a niñas de entre 7 y 10 años a fuerza de mucho rosa, demasiadas estrellas y purpurina y la habilidad de pedir deseos a tiempo completo para que se cumplan. Aunque la idea central de los argumentos es “modernizar” eso de ser hadas, ésta se sigue basando en los parámetros del lugar común, de los roles prefijados entre hombre y mujer y en la educación apropiada para niñas.

Valeria y sus amigas Holly, Polly y Daisy –Rita, Luci y Marga en las versiones castizas– estudian en la Escuela de los Nueve Deseos, la escuela para hadas, y en cada uno de los cuentos pasan por distintas pruebas, aventuras o peripecias donde se juegan buenas enseñanzas: cuidar el bosque y la naturaleza, ser fiel con los amigos, la solidaridad, la cooperación, etc. Nunca, de ningún modo, los textos transitan los caminos del humor paródico, aunque las hadas que visten de riguroso rosa y sudan purpurina sin parar, así lo parezcan. “Bueno, chicas, ¿Y qué vamos a hacer?” –dijo Rita–, “¿compras, compras, o más compras?” –pregunta una de las aprendices de hada. Cosas de nenas para nenas: ir de compras, elegir sus vestidos, leer revistas de moda, remodelar el cuarto, jugar a pedir deseos y aprender hechizos para que éstos se hagan realidad.

¿Y si pedimos que sean un poco menos estereotipadas, que elijan otros colores y que sean niñas pero no tontas? Tal vez, otra escritora me cumpla el deseo.

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