las12

Viernes, 7 de diciembre de 2007

VISTO Y LEíDO

¡Arriba las manos!

 Por Liliana Viola

El carácter Sea Monkey
Daniel Riera
Libros de Eloísa Cartonera
58 páginas

Al narrador de esta novela lo asaltaron. He aquí otra víctima de la ola de inseguridad. “Se llevaron todo lo que tenía encima: 70 mangos, una mochila con un par de libros, un teléfono celular”. Pero no le hicieron nada, a pesar del sintagma con el que los malhechores terminaban cada frase: “Te mato”. Tampoco puede asegurar el narrador que aquello con lo que lo amenazaban fuera efectivamente un revólver. Suficiente para disparar preguntas sobre el poder de las palabras, capacidad de digresión del texto y otras cuestiones.

El autor no se deja caer en la tentación de una escena de violencia, sangriento equívoco, humillación o pérdida de un tesoro: el detonante de esta escritura ha sido una escena tan paralizante como inocua. Su discurso originado o alentado por el episodio que, todo hace suponer, acaba de ocurrir, despliega las marcas del estado de shock primero y luego, las de la víctima devenida protagonista tamizada por esa exigencia mediática de convertir en hitos los detalles.

Con estos materiales comunes a la ola del show de la seguridad, Daniel Riera construye una novela, completamente “antiblumberguiana”, por darle carácter de ingeniería a este recurso literario con el que integra y expulsa el cliché del asaltado mientras aprovecha para hablar de otra cosa.

La novela comienza con la negación de un saber mínimo: “Yo no sé si ellos”. Y en el siguiente párrafo ya está buscando respuestas a cuestiones que muchos escritores manifiestan a lo largo de la literatura actual: hasta qué punto respetar la trama, ser demagógico con el lector incierto, exponer las estrategias de escritura, festejar la intertextualidad. Este monólogo que plantea un cruce entre las notas teóricas de un autor, el cuaderno de bitácora, la descarga escrita solicitada por algún psicólogo luego de sucedido el hecho disturbante, toma por asalto al lector que quiere vivir seguro en una quinta vigilada. Dorothy Parker aconsejó una vez: “Es necesario tener un magnificente descuido hacia tu lector, porque si él no es capaz de seguirte, no hay nada que puedas hacer para lograrlo”. Riera le hace caso y se descuida. Por esa grieta, lectores y lectoras entrarán.

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