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Viernes, 9 de febrero de 2007

TALK SHOW

Verde como el trigo verde y el verde, verde limon

 Por Moira Soto

Ahora que se fueron quizá para siempre Los Soprano, que no está Larry David y que hay que esperar hasta el 18/2 (a las 23.15) para que regrese el inefable Ricky Gervais con sus Extras por HBO, afortunadamente tenemos al menos en cartel (nunca tan apropiada la expresión) la estimulante y desenfadada serie Weeds (los domingos a las 21.15 por Movie City, repite los jueves a la misma hora). Es la segunda temporada de esta brillante creación de la escritora y productora Jenji Kohan, protagonizada por “la traficante de marihuana Mary Louise Parker”, como la anunció el año pasado Chris Rock al entregarle el Globo de Oro por su actuación en la primera temporada a esta actriz sureña de discreta belleza y perfil más bien bajo, de mucho prestigio en el ámbito teatral.

En realidad, lo de Nancy Botwin, el ama de casa que vive en Agrestic, un barrio suburbano, no fue en principio una elección premeditada. Sin profesión, madre de dos varones de 15 y 10 años, ella quedó repentinamente viuda, con una bonita casa, pero teniendo que hacerse cargo de algunas deudas de su finado (y muy querido) marido. Lo de convertirse en intermediaria de una dealer negra sargentona llamada Heylia (soberbia Tonye Patano) fue la primera opción laboral redituable que surgió, y así fue que Nancy, teniendo que lidiar con sus hijos –uno en el borde y otro en plena adolescencia–, su cuñado invasor (Justin Kirk, un bombón envenenado), su adorable pero insolente mucama Lupita (Renée Victor, ¿dónde habrá otra igual?), empezó a proveer de marihuana a la gente de Agrestic.

El mapa del barrio aparece dibujado en los títulos, de excelente diseño. Los espacios se van llenando de personas y viviendas seriadas mientras se escucha la pegadiza canción “Little Boxes”, de Malvina Reynolds, compuesta en 1962, que habla de las pequeñas cajas en la pequeña ladera, todas iguales, y de la gente de las casas, que fue a la universidad, donde la pusieron en cajas y salieron todos iguales... Un tema que en la primera temporada se oía en la versión original y que en la segunda –que empezó el domingo pasado– sonará en otras versiones.

Ciertamente, felizmente, los dos primeros capítulos están a la altura de sus antecedentes: Nancy Botwin, entre la ingenuidad y la picardía, el azoramiento y la intuición, avanza en el manejo del negocio de la cannabis sativa y sus aplicaciones. Primero fue la instalación de una panadería que ofrecía –ya fue incendiada para cobrar el seguro por un empleado con iniciativa– productos perfumados de marihuana. Con sus deplorables socios, entre los que se cuenta su tramposo cuñado (que canturrea, parafraseando el clásico tema de “Annie Get Your Gun”, “no hay negocio como el negocio de la droga...”), Nancy intenta nuevos caminos. Claro que las cosas siempre se le embrollan: el incipiente romance con Peter (el zen Martin Donovan), que le elogia los “largos y elegantes pies”, debe ser interrumpido cuando Nancy descubre que el padre del compañerito al que su hijo mordió es nada menos que agente de la DEA. Por supuesto que el corte no resultará tan radical porque Peter y Nancy se gustan mucho, y se nota que él es muy perseverante.

Weeds (“Semillas”) dura media hora condensada, sabrosa, durante la cual se van desarrollando varias historias paralelas vinculadas con Nancy: Andy trata de ser aceptado en una escuela de rabinos para no ir a morir a Irak; Celia (estupenda Elizabeth Perkins), la mejor amiga de Nancy, sigue arrastrando su cáncer de teta (“Qué buen corte”, le comenta alguien mirando su peluca. “Cáncer”, retruca ella) y a la vez se propone como concejala del barrio mientras prosigue la pelea con su hija adolescentita gorda que quiere ser lesbiana; Silas, el hijo mayor está de bajón porque su novia (sorda) se va a Princeton; se rompe el lavavajillas y Lupita deja amontonar los platos por temor a que se le reseque la piel si lava a mano...

En el próximo capítulo, decididamente imperdible (si carecen de Premium, sobornen a amigos/as o parientes para ver o grabar), tenemos una peregrinación a la Copa Mohaskey, la meca de la marihuana, en pos de la mejor cepa, que ya es hora de pensar en plantar. Tanto catar hierba inspirará a Andy una tesis sobre el judaísmo que conmoverá a la directora de la escuela. Reaparecerá el amigo Peter y Celia seguirá en la lucha, ahora también política. Al tratar de posar para “una cálida foto familiar”, he aquí que su rebelde niña se aparecerá “vestida como Willy Nelson”. Ante la reacción negativa de la madre, replicará la avispada niña: “Y qué, Dick Cheney tiene una hija lesbiana”.

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