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Lunes, 1 de julio de 2002

FúTBOL

El equipo del Mundial

La FIFA dio el suyo, y Líbero eligió el propio. Pero como el torneo no dio para mucho, son pocos los jugadores indiscutibles, y el resto está librado a la discusión de café.

 Por Ariel Greco

Hasan Sas (Turquía)
Uno de los futbolistas que mostró un rendimiento mucho más alto de lo esperado. Por más que en Turquía apostaban a que sería el primer jugador expulsado del certamen, su comportamiento fue ejemplar y, para vengarse de sus detractores, anotó el primer gol turco en el Mundial, aunque no lo festejó. Luego, a lo largo del certamen, dejó muestras de su categoría, ya que maneja los dos perfiles, tiene capacidad para sacarse rivales de encima y mucha precisión para habilitar a sus compañeros cerca del arco rival. Sintió el trajin de los partidos, por lo que se perdió el partido por el tercer puesto.

Cristoph Metzelder (Alemania)
Con 21 años, el defensor del Borussia Dortmund fue una de las sorpresas que mostró el equipo alemán. Muy sólido en el juego aéreo gracias a su 1,93 metro, pero también firme en el momento de marcar a delanteros más pequeños. Su versatilidad le permitió adaptarse a jugar como stopper cuando el técnico Rudi Voeller dispuso defender con tres zagueros y pasar a actuar como marcador lateral izquierdo cuando el esquema elegido fue con línea de cuatro. En ningún momento mostró signos de inexperiencia a pesar de su juventud.

Ronaldo (Brasil)
El goleador y el mejor jugador del torneo. Qué más se puede pedir. Por más que la impresión es que todavía no está en su plenitud física, al delantero del Inter le alcanzó para ser el jugador más desequilibrante del campeonato. Su actuación se potencia ya que lo mejor de su repertorio lo guardó para las instancias decisivas. Un gol en la semifinal y dos tantosen la final son cosas que sólo pueden hacer los elegidos. Una merecida revancha por todo lo que se dijo tras la final de Francia ‘98 y por las lesiones que padeció en su rodilla en los últimos cuatro años.

Javier Torrado (México)
En una posición en la que no hubo demasiados futbolistas destacados, el volante mexicano fue uno de los más parejos. A su gran capacidad de quite le sumó mucho criterio para entregar limpio a sus compañeros, algo que quedó muy claro ya que México fue uno de los equipos que mejor trató la pelota. También supo explotar su excelente pegada de larga distancia, que se cristalizó con el zurdazo cruzado que le dio el triunfo a su selección ante Ecuador. La rápida eliminación del equipo de Javier Aguirre le restó posibilidades de un mayor lucimiento.

Rivaldo (Brasil)
Otro de los pilares en los que se basó el título brasileño, aunque sintió el desgaste físico y decayó su rendimiento en los últimos partidos. Anotó goles en los cinco primeros partidos y estuvo a uno de batir el record de Jairzinho de convertir tantos en encuentros consecutivos. Más allá de su discontinuidad, tuvo apariciones claves en el camino de Brasil hacia el campeonato. La primera fue ante Bélgica, cuando hizo jueguito en la puerta del área y sacó un zurdazo bárbaro para colocar el 1-0. La otra fue ante Inglaterra, cuando en un mismo movimiento acomodó el cuerpo, impactó la pelota y la cruzó lejos de Seaman. En la final estuvo ausente, pero tuvo participación decisiva en los dos goles.

Ronaldinho (Brasil)
No se inhibió pese a las estrellas con mucho más cartel que lo rodeaban. Se hizo cargo del equipo, se animó a encarar siempre y desequilibró gracias a su habilidad. En un conjunto en el que se abusó de la maniobra individual, el delantero del PSG fue el que más intentó en el juego asociado y el que logró habilitar con mayor frecuencia a sus compañeros. Fue fundamental para que Brasil superara a Inglaterra, con la jugada del gol del empate y con un tiro libre extraordinario para la victoria final. En la definición ante Alemania apareció con un buen primer tiempo, aunque luego se fue apagando.

Bouba Diop (Senegal)
El autor del primer gol del Mundial exhibió todas las cualidades que se le exigen a un volante moderno. Quite, distribución, buen trato pelota, capacidad aérea y llegada al gol. A pesar de su altura, fue una de las columnas en que se afirmó el fútbol atrevido que propuso el francés Bruno Metsu. Pero no se quedó solo en la lucha de la mitad de la cancha. Cuando pisó el área rival, lo hizo con decisión: el gol a Francia y los dos a Uruguay –ambas definiciones son para enmarcarlas– son la mejor prueba. Habrá que seguir su evolución, aunque es probable que en poco tiempo llegue a un grande de Europa.

Rio Ferdinand (Inglaterra)
En un esquema que priorizó el juego defensivo, el zaguero del Leeds fue el punto más alto de ese sistema. Firme cada vez que lo buscaron por arriba, tampoco desentonó cuando lo encararon con la pelota al pie. Brilló a gran nivel en el partido ante Argentina, en el que se devoró tanto a Batistuta como a Crespo. Y a lo largo de todo el torneo nunca se lo vio desbordado, ni siquiera en el partido ante Brasil. Su actuación le valió un gran reconocimiento en su país y aparentemente el Manchester United está dispuesto a pagar 35 millones de dólares por su pase.

Alpay Ozalan (Turquía)
Uno de los mejores jugadores de la verdadera revelación del torneo. De gran personalidad, no le pesó enfrentarse a delanteros del primer nivel mundial. Con presencia en las dos áreas para ganar por arriba y una llamativa tranquilidad para enfrentarse con el atacante rival que llegaba con pelota dominada. Fue expulsado en el primer partido ante Brasil, aunque no le quedaba otra opción que tomar de la camiseta a Luizao luego de un error de Rustu. Otra de las virtudes que exhibió el zaguero del Aston Villa fue la seguridad para salir jugando con los laterales o con el volante central, sin necesidad de apelar a pelotazos a dividir.

Cafú (Brasil)
El capitán brasileño redondeó un gran torneo y lo coronó con el título en su tercera final mundialista. Su subida por derecha se transformó en un arma clave en el esquema de Brasil, ya que desde esa posición se convirtió en otro delantero. Si bien no siempre resolvió con acierto, con su desborde generó preocupación en todos los adversarios, que se vieron obligados a disponer de un marcador para contenerlo. Pero más allá de su efectividad en ataque, también se comprometió en el aspecto defensivo sin inconvenientes. Ningún atacante rival lo superó con facilidad y demostró a lo largo del torneo el excelente nivel que exhibe en la Roma.

Oliver Kahn (Alemania)
El arquero del Bayern Munich fue fundamental para que Alemania accediera a la final. Con sus atajadas y su temperamento se convirtió en el líder de un equipo que no aspiraba a llegar tan lejos en el torneo. A lo largo del Mundial regaló tapadas inolvidables: un mano a mano de película al camerunés Olembe, un derechazo alto ante el paraguayo Jorge Campos o un zurdazo cruzado del estadounidense Donovan, aunque la más espectacular fue un centro al segundo palo ante Corea, que resolvió con una volada con mano cambiada, enviando la pelota al corner. Una mezcla de plasticidad y eficiencia. Su único error en el Mundial fue el rebote largo que dio ante el remate de Rivaldo, que posibilitó el primer gol de Ronaldo en la final. Una falla que le costó demasiado caro, pero a esa altura ya jugaba con una distensión en dos de sus dedos.

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