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Lunes, 21 de enero de 2002

NO HAY LIMITES PARA MARIO KEMPES, EL ENTRENADOR TROTAMUNDOS

Kempes, Matador universal

Mario Alberto Kempes es uno de los pocos auténticos cracks que este país productor de futbolistas para el mercado del mundo ha producido en su historia. Lo hizo y lo ganó todo como jugador: héroe del Mundial 78, goleador en Central, Valencia y River, múltiple campeón, prolongó su carrera muy lejos de aquí. La busca de trabajo y el espíritu de trotamundos –más la ausencia de propuestas en su país– lo han llevado a recorrer, como técnico, literalmente los confines del mundo futbolero.

 Por Ariel Greco

El fútbol argentino está plagado de historias curiosas. Sin embargo, pocas resultan tan sorprendentes como la de Mario Alberto Kempes. Goleador del Mundial de 1978 y figura fundamental en el título obtenido por el equipo de César Luis Menotti, el “Matador” desarrolló una extensa y exitosa campaña como futbolista por Argentina, España, Austria y Chile. Idolo en Central, dos veces “Pichichi” con el Valencia, campeón con River, son algunos de sus logros como jugador. Pero sus innegables antecedentes no le sirvieron para conseguir siquiera una chance como director técnico en la Argentina. Motivado por un espíritu aventurero y la necesidad de trabajar, Kempes paseó su experiencia por los lugares más insólitos del mundo, entre ellos Albania, Indonesia o Costa Rica. A partir de hoy, el cordobés asume un nuevo desafío: salvar del descenso al San Fernando, un pequeño club de la segunda B de España. Siempre con la aspiración de crecer en su profesión y de que en alguna ocasión se le presente la oportunidad de conducir un club importante.
Mientras Kempes dudaba entre largar la actividad como jugador y volcarse de lleno a dirigir algún equipo, el Valencia le ofreció el puesto de ayudante de campo en 1993. Luego de un período en el cargo, prefirió desestimarlo: “No tengo ninguna función. Me pagan por no hacer nada, y a mí no me gusta robarle la plata a nadie”, argumentó en aquel momento. Alejado de las canchas y sin posibilidades de dirigir en el país, Kempes aceptó un ofrecimiento del Palitta Hyatt de Indonesia, un destino inédito para un entrenador argentino. Allí debió convivir con la inseguridad en las canchas y un presidente entusiasmado en formarle el equipo. “Uno entra a la cancha y no sabe si sale vivo. La gente es violenta, suele derribar los alambrados y meterse en la cancha. Y la policía también es brava”, contó Kempes sobre sus vivencias en las islas asiáticas. Tras unos partidos en los que también llegó a jugar, se hartó de la injerencia que quería tener el presidente del club en el armado del conjunto. “Al tipo le decían Capello. Cuando se lo tomó en serio y me quiso formar el equipo, lo mandé a pasear y me vine para Bell Ville”, explicó sobre su salida.
Su segunda experiencia como entrenador se produjo en otro país no tradicional, e incluso fue más breve que la anterior. El 4 de enero de 1997, Kempes y su hermano Sergio, preparador físico, llegaron a Albania para hacerse cargo del SK Lushnja. Apenas pudieron dirigir un par de partidos. En medio de un pueblo empobrecido y cuya casi única fuente de ingreso eran los intereses bancarios que llegaban a triplicar el capital en un mes, la quiebra de la principal financiera del país, propiedad del padre del presidente del Lushnja, desató una guerra civil. A fines de enero, con ambos dirigentes presos y con ese clima de violencia, Kempes alcanzó a tomar el último avión disponible para abandonar el país. Luego se interrumpieron los vuelos. “Me salvé justito”, afirmó a su regreso a la Argentina.
El siguiente desafío como entrenador ya fue en Sudamérica. Sin embargo, la plaza elegida fue la menos tradicional del continente. A pesar de su currículum como jugador, la única oferta seria que se le presentó fue la del Mineros de Venezuela. Tras una estadía sin demasiado éxito, Kempes fue contratado en 1999 por The Strongest, con la difícil misión de salvarlo del descenso. En Bolivia cumplió su tarea más exitosa. No sólo logró el objetivo de mantener la categoría, sino que obtuvo el torneo Clausura y la clasificación para la Copa Libertadores, aunque su equipo cayó en la final anual ante el Blooming.
Tras la aventura en la altura de La Paz, la próxima escala en su increíble trayectoria fue Centroamérica. De la mano de una empresa rosarina llegó en junio del 2000 a Costa Rica, para hacerse cargo del Santa Bárbara. Como en otras ocasiones, la experiencia duró muy poco. Ya en agosto de ese año se había trasladado a Marruecos, invitado para participar de una campaña de Unicef. El fin del siglo lo encontró enBolivia, aunque esta vez en Santa Cruz de la Sierra como conductor del Blooming. Otro paso fugaz, aunque con buenos resultados, ya que de su mano el club volvió a los primeros lugares luego de haberlo tomado en mitad de tabla. Para marzo de 2001, su nuevo equipo era el Independiente Petrolero de Sucre, pero la relación tampoco prosperó demasiado. Divergencias con los dirigentes motivaron su alejamiento apenas iniciado su trabajo.
Mientras tanto, el vínculo del goleador del Mundial ‘78 con el fútbol argentino fue muy escaso. Durante 1995 estuvo contratado por el gobierno de Mendoza para manejar la escuela de fútbol provincial, junto con Leopoldo Luque, Oscar Fornari y Darío Felman. Años más tarde participó del programa televisivo “Locos por el Fútbol”, donde les ejecutaba penales a los participantes. Su última aparición fue en una publicidad, en la que promocionaba, junto a sus compañeros del ‘78, el sistema de televisación de la próxima Copa del Mundo. En cuanto a ofertas concretas de trabajo, antes de que Ferro descendiera a la B Nacional, se lo mencionó como posible técnico, aunque la contratación nunca se produjo.
Más allá de las llamativas experiencias que ya vivió, los pasos de la carrera de Kempes siempre tienen la capacidad de sorprender. En agosto del año pasado, el ex delantero apareció a la cabeza de un proyecto insólito. El Fiorenzuela, equipo italiano de la serie C2 –cuarta categoría–, lo convocó para que sea el entrenador del equipo y para que designara un plantel íntegramente compuesto por futbolistas argentinos con pasaporte comunitario. Si bien el plan se puso en marcha, inconvenientes con la documentación de los jugadores lo llevaron directo al fracaso. Sin poder contar con los profesionales, el Fiorenzuela debió afrontar el torneo con juveniles y sin su flamante conductor. No obstante, Kempes consiguió quedarse en Italia. El 11 de diciembre debutó como director técnico del Casarano, también de la cuarta división, con un empate 1–1 ante el Potenza.
Claro que tampoco allí pudo desarrollar un programa estable. Luego de dos derrotas y una victoria, el miércoles pasado se desvinculó del humilde equipo del sur italiano para incorporarse al San Fernando, un conjunto que milita en la segunda división B de España –tercera categoría–. “Dejo porque se me ofrece una oportunidad mejor, que me permite superarme tanto en lo personal como en lo profesional, aunque lamento dejar por la mitad un trabajo que se venía cumpliendo de manera positiva, en un club modesto pero serio y con buenas posibilidades”, comentó Kempes al dejar Italia.
El sábado por la tarde, Kempes arribó a San Fernando para sumarse a su nuevo club. Ayer vio cómo sus jugadores cayeron 1–0 ante el Cádiz en el clásico regional y hoy tiene previsto firmar el contrato por lo que resta de la temporada y por toda la siguiente. En su primera presentación ante la prensa local, Kempes afirmó que su objetivo inmediato es sacar al equipo de la zona de descenso –marcha penúltimo– y que aspira a conseguir “gestas mayores” en el próximo torneo. Aunque, íntimamente, su deseo es tener la oportunidad de dirigir un equipo acorde a sus antecedentes.

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El Mapa de Kempes en el Fútbol: once países, tres continentes, diecinueve equipos. El matador se convirtió en un trotamundos del fútbol.
 
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