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Lunes, 21 de abril de 2003

IDAS Y VUELTAS DE MICHAEL JORDAN

Por amor a Washington

Por Marcelino Benito
Desde Houston

Michael Jordan, considerado por muchos el mejor jugador de todos los tiempos, dijo su tercer adiós a la competición activa después de dos años de acción con Washington Wizards sin haber podido responder algunas de los interrogantes que generó con su regreso.
El primero es haber conocido el verdadero motivo de su vuelta a los campos de juego con un equipo mediocre y perdedor, después de tener seis títulos de liga, todos los premios individuales y haber transformado por completo el deporte del básquetbol de la NBA en una auténtica multinacional de miles de millones de dólares.
Nadie cuestionó el derecho que, como persona y deportista, Jordan ejerció para volver a jugar, aunque sí la manera en que presentó primero sus retiros y luego las vueltas, especialmente la última con los Wizards. Jordan, que ahora dijo que ésta será su partida definitiva, ya no convence a nadie, y el cumplimiento de su palabra dependerá de cómo llegue a un acuerdo con el dueño de los Wizards, Abel Pollin, sobre su futuro dentro de la organización.
El argumento de que volvió por “amor al básquetbol” quedó completamente descartado y mucho más los objetivos deportivos que se estableció con los Wizards, uno de los peores equipos de la liga (37-45). El más frustrante, sin dudas, fue el no poder ser el “ejemplo” ideal para los jóvenes valores del equipo, que él mismo eligió como presidente de operaciones, y que al final de los dos años de haber recibido sus enseñanzas no sólo están lejos de asimilarlas sino que el vestuario de los Wizards es un completo caos. El entrenador Doug Collins, que tampoco pudo hacer su trabajo ni cumplir ninguno de los objetivos que se estableció cuando fue elegido por Jordan, dijo que varios jugadores nuevos le faltaron el respeto esta temporada y no seguirán más dentro de la organización.
Los críticos de la vuelta de Jordan y del trabajo de Collins aseguran que el verdadero problema fueron el entrenador y el jugador, al generar demasiada presión a los jóvenes con críticas constantes y públicas en lugar de darles minutos de juego y confianza. Pero lo más grave de todo es que, con la vuelta de Jordan, el juego giró en torno de su presencia e incluso el fichaje más importante de la temporada, Jerry Stackhouse, logrado con el traspaso de Richard Hamilton a los Pistons –que fueron los grandes beneficiados con el cambio–, tampoco rindió como se esperaba.
El número uno del draft de hace dos temporadas, el alero Kwame Brown, que Jordan apadrinó con todos los honores, se convirtió en la víctima principal del binomio formado por la superestrella y Collins. Brown sólo recibió críticas durísimas por ambas partes y nunca el margen de confianza que necesitan los jóvenes que llegan a la NBA, y más cuando lo proyectan como la gran figura. Kevin Garnett, Jason Kidd, Tracy McGrady, Kobe Bryant y otros valores juveniles nunca fueron tratados como Brown cuando llegaron a sus respectivos equipos para comenzar la carrera de profesionales y les exigieron resultados inmediatos.
Los Wizards no cambiaron para nada su proyección de equipo mediocre y perdedor, y lo único diferente con la llegada de Jordan fue que se convirtieron en el medio para que la superestrella volviese a ser el centro de atención y lograse esta temporada beneficios de unos 35 millones de dólares en publicidad. Mientras, el equipo tampoco pudo clasificarse para las series por el título y jugadores como Brown –de 21 años–, Jared Jeffries y Larry Hughes, entre otros, podrían no seguir la próxima temporada. Jordan pudo demostrar a sus 40 años que sigue siendo un jugador especial y único, el más grande de todos los tiempos a su edad, pero también perdió la imagen del “Air Jordan” que nunca fallaba en los momentos decisivos y siempre terminaba como vencedor. Sus últimas imágenes vistiendo el uniforme antiguo de los Washington Bullets tampoco lo ayudaron demasiado para superar dos temporadas perdedoras, que sólo beneficiaron a los Wizards en el aspecto de venta de entradas, ya que se llenó el campo en los 82 partidos que jugaron de locales. El resto de la NBA también se benefició al recuperar los aficionados el interés para ver por última vez a “Air Jordan”. De ahí que se justifique su presencia en los dos últimos Juegos de las Estrellas, sin que tuviese ni los votos ni los números para ser seleccionado. Allan Houston, alero de New York Knicks, fue el que mejor definió todo lo que sucedió en torno de la presencia de Jordan cuando el pasado lunes en el último partido disputado en el MCI Center dijo que “el circo” había llegado “a la máxima expresión”.
Jordan, que como jugador pudo volver con otros equipos aspirantes al título de liga, no aceptó pasar durante dos años con los Wizards por demasiadas humillaciones y marcas deportivas negativas sólo por “amor al básquetbol”. Fuentes cercanas a la NBA confirmaron que, por los servicios prestados, Jordan podrá ver cumplida la promesa de los Wizards de recibir una parte mayoritaria de las acciones, al margen de volver a ocupar el puesto de presidente de operaciones. Si Pollin y Jordan no llegan a un acuerdo sobre la promesa de las acciones, el mejor jugador de todos los tiempos estará listo para irse a la nueva franquicia de Charlotte y seguir siendo el gran centro de atención, pero esta vez sólo como ejecutivo.

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