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Lunes, 21 de abril de 2003

OPINION

Una noche, Rocky revivio

Por Daniel Guiñazu

Lo daban por terminado a Diego “Rocky” Giménez. Después de su derrota por nocaut en el 7º round ante el colombiano Jorge Noriega, el año pasado en el estadio Orfeo de Córdoba, su carrera, a los 23 años, parecía cosa del pasado. Estaba acusado de ser un boxeador de cabotaje y daba la impresión de que a nadie le importaba demasiado lo que pudiera hacer de allí en más.
Sin embargo, quien alguna vez fuera calificado como el proyecto más sólido del boxeo argentino en el nuevo milenio, resurgió. En la medianoche del domingo y en el estadio de la FAB, Giménez (64,650 kg, el peso más alto de su campaña) reapareció en la Capital Federal venciendo por puntos y en fallo unánime al marplatense César Leiva (63,400 kg). No se esperaba demasiado de Rocky. Pero Rocky, ahora entrenado por su suegro Jorge Bracamonte, se burló de todas las expectativas con una actuación muy por encima de lo último que se le había visto por aquí.
Ganó con comodidad Giménez (99,5 a 93 en la tarjeta de Líbero). Pero no con facilidad. Leiva fue un examinador inmejorable. Lo obligó a exigirse en el primer asalto y también en el décimo. Y Giménez respondió trabajando con orden, velocidad y continuidad. No tiró manos sin sentido. No le pegó a las sogas ni apantalló el aire como tantas otras veces. Miró primero y lanzó después y no por eso, perdió efectividad. Puso buenos ganchos abajo, conectó buenas manos voleadas arriba (sobre todo su izquierda) y así construyó una actuación de menor a mayor que se tornó francamente interesante en la última mitad de la pelea.
La única duda que dejó Rocky fue la de siempre: su defensa. Recibió contragolpes innecesarios de Leiva por su tendencia inveterada a no cerrar su guardia y a bajar más de la cuenta, su puño derecho. Sigue Giménez sin saber como barrer o cabecear los golpes. Y eso preocupa: en cualquier momento se le puede cruzar en el camino, alguien parecido a un kamikaze como Noriega.
Pero no fue todo esto lo mejor que mostró Giménez. Lo bueno es que parece decidido a no volver sobre sus pasos equivocados. Después de la pelea, admitió que su futuro está como liviano y de ninguna manera como welter junior, que evalúa seriamente radicarse en Buenos Aires con su familia para entrenarse con más seriedad y profesionalismo y que la derrota ante Noriega y la muerte de su hermano en un episodio turbio, le cambiaron la cabeza para bien. Pasado mañana, miércoles, podría anunciarse su pelea ante Pablo Chacón, el 10 de mayo en el Luna Park. Es lo que necesita Rocky, grandes desafíos. Ya es tiempo de saber si aquella promesa puede recibirse de realidad.

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