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Domingo, 15 de mayo de 2005

LA PELEA FIRPO-DEMPSEY Y AQUELLOS SEGUNDOS MEMORABLES PARA EL DEPORTE ARGENTINO CON DEMPSEY PATAS PARA ARRIBA AFUERA DEL RING, SON EL PUNTO DE PARTIDA PARA DISCUTIR EL ENFRENTAMIENTO ENTRE LO CULTO Y LO POPULAR EN LA NUEVA NOVELA DE MARTIN KOHAN.

Titanes en el ring

Segundos afuera
Martín Kohan
Sudamericana
231 páginas

 Por Patricio Lennard

En La pérdida de Laura, la primera novela que Martín Kohan publicó en 1993, el personaje de Raúl, un típico pibe de barrio al que le gusta el fútbol y jugar al truco con sus amigos, no puede lograr que su hermano, un estudiante de Letras que se ha negado toda su vida a mirar televisión, acepte ver con él el show de Alberto Olmedo. Allí, precisamente, está una de las puntas del problema que Kohan retoma en Segundos afuera: el de la tensión entre la cultura letrada y la cultura de masas, entre lo “alto” y lo “bajo”, entre lo culto y lo popular.

En 1973, un diario de Trelew cumple cincuenta años y les encarga a sus periodistas que tomen un hecho notable de 1923 y vuelvan a contarlo en su edición aniversario. Verani, el periodista de Deportes, elige la histórica pelea por el título mundial entre Jack Dempsey y Luis Angel Firpo, en la que un error del árbitro en el conteo –cuando el argentino había tirado fuera del ring a su oponente– hizo que la contienda continuase y que Firpo, al final, terminara noqueado. La decisión de Ledesma, el periodista de Cultura, de contar el estreno de la Primera Sinfonía de Gustav Mahler en la Argentina, a cargo de una orquesta que dirigió Richard Strauss ese año en el Teatro Colón, tampoco deja lugar a dudas. Con un molde análogo al de su primera novela, Kohan construye así dos personajes antagónicos: Verani es un “bruto” y Ledesma, un instruido que no logra que su compañero acepte escuchar la música de Mahler. Dos personajes en cuyas discusiones el autor desmonta la idea (posmoderna) de que no quedan fronteras que sean relevantes entre la alta cultura y la cultura de masas.

La pelea Firpo-Dempsey no sólo es el mito a partir del cual Kohan se inmiscuye en el imaginario del “campeón moral”, del “injusto perdedor” (tan caro al deporte argentino), sino también el hecho que marca –como el Mundial ‘78 en Dos veces junio, su anterior novela– la dificultad de escapar al poder totalitario de los medios masivos. La noticia de un supuesto crimen que ocurrió en Buenos Aires la noche de la contienda, y que desaparece en los diarios de los días siguientes, obsesiona a Verani y lo empuja a investigar, lo que abre una trama policial en la novela. Así, la hipótesis que teje el personaje con relación al crimen traerá aparejada una disputa con Ledesma: “Esa noche en Buenos Aires, mientras en Nueva York peleaban Firpo y Dempsey –conjetura Verani–, no había manera alguna de estar en otra cosa. No existía otra cosa. Cualquier hecho que ocurriese, por lejano que pudiese parecer, debía estar por fuerza vinculado a la pelea”.

La idea de que en el deporte (en su lógica de espectáculo) anida la prepotencia del fascismo y el modo en que el discurso de Verani –según su compañero– confunde en ocasiones “popular” con “populista”, avivan una discusión que es central en la novela, y que lleva a Ledesma a pensar si es posible alguna escapatoria al influjo de los medios. Escapatoria que en La pérdida de Laura es tan sólo una utopía, pues el personaje que se niega a ver televisión termina mirándola a la fuerza, una vez que su hermano –con la ayuda de un amigo– lo ata a una silla y sintoniza al Negro Olmedo. ¿Cómo sustraerse de la cultura de masas? He allí la pregunta que va de un texto a otro y no puede encontrar una respuesta.

Al incorporar el boxeo como una parte esencial de su novela (un deporte que en la Argentina fue, durante décadas, casi tan popular como lo es el fútbol), Kohan interviene en una tradición que comienza en Arlt, y que tiene entre sus continuadores a Cortázar, Soriano y Ricardo Piglia. La narración de la pelea –que sólo toma los diecisiete segundos que el campeón quedó fuera de combate– se extiende a lo largo de varios fragmentos en que los puntos de vista del árbitro, del propio Dempsey y del fotógrafo sobre el que éste se desploma, se alternan y completan admirablemente. Nada más lejos, pues, del modo en que Verani hubiese narrado la pelea: la destreza de Kohan hace que el match entre Firpo y Dempsey tenga, en Segundos afuera, una versión literaria de trazos indelebles, que evita ademanes costumbristas. De hecho, el punto de vista de Firpo es un auténtico agujero en el relato, lo que coloca a la novela casi en los antípodas de un texto como “Torito” de Cortázar.

“Todo está contado en La vuelta al día en ochenta mundos”, dice su autor en una entrevista. “Yo tenía en ese momento nueve años y aquello fue como una tragedia nacional, porque en la Argentina se consideró un robo al país aquella pelea. No faltaron los que pedían romper las relaciones diplomáticas con Estados Unidos”, recuerda Cortázar. Germen no sólo de la figura del campeón moral sino también del nacionalismo deportivo, la pelea Firpo-Dempsey le permite a Kohan (además de discutir la cultura de masas) seguir cierta línea de sus novelas anteriores: esa que marca su interés por las formas cristalizadas de la memoria y la identidad de los argentinos.

Alejada de las operaciones en torno a la novela histórica (sea en el tono paródico en que esto se daba en El informe y Los cautivos, o en la pesadillesca incursión en la dictadura militar que Dos veces junio llevaba a cabo), Segundos afuera no tiene en la Historia ni siquiera un telón de fondo. Tiene, sí, en varias de sus páginas, la violencia literaria de un cross a la mandíbula. Esa violencia que Arlt tanto alentaba, y que el lector de a ratos recibe agradecido.

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