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Domingo, 14 de agosto de 2005

LACAN

La pesada herencia

Para reforzar la idea de ser un paraíso psi, Argentina es la cuna de un encarnizado análisis de las cartas de Jacques-Alain Miller, el hombre condenado a ser para siempre el yerno de Lacan.

Por Cecilia Sosa


¡Ese yerno de Lacan!
Historia de un insulto
Carlos Parra y Eva Tabakian
Biblos

Había una vez un yerno elegido por su suegro, un gran maestro del pensamiento y refundador del psicoanálisis, como único heredero y transmisor de su obra, acaso una de las más complejas, brillantes y creativas de las surgidas en el siglo XX. ¿Una herencia maravillosa o la piedra fatal que llevará al sacrificio del propio nombre? En el papel del suegro: Jacques Lacan. En el del yerno: Jacques-Alain Miller. He aquí la apasionante polémica planteada en ¡Ese yerno de Lacan! Historia de un insulto, el recién salidito libro del médico psicoanalista marplatense Carlos Parra y la psicoanalista y licenciada en Letras Eva Tabakian. Tras la muerte de Lacan, el yerno-heredero fue festejado pero también acusado de todo. Se le enrostró felonía, administración autoritaria y hasta fraudulenta y una voraz voluntad de reconocimiento personal. Parra y Tabakian, dos lacanianos “sin escuela” (léase acérrimos detractores milleristas), se zambullen en la aciaga polémica de intrigas y celos pero sumándole un condimento analítico inédito: “Con Miller y sólo con él surge en el psicoanálisis la cuestión del ser-yerno-de”, dicen.

Sin embargo, el método elegido no deja de ser un tanto extraño: el análisis (lacaniano, obvio) minucioso y puntilloso de la letra escrita del yerno a partir de las cartas por Miller publicadas (Cartas a la opinión ilustrada, 2001), en ocasión del centenario del nacimiento y de los veinte años de la muerte del maestro Lacan. Y todo sin consentimiento del paciente y sin siquiera necesidad de diván. Sólo dos autores puestos a asociar libremente sueños, fallidos, contradicciones, omisiones y tensiones que se dejan entrever en el cuerpo de seis cartas escritas por un yerno furioso ante la negación de un derecho a réplica en una prestigiosa revista francesa.

Con sorprendente afán detectivesco los autores se detienen ante una pregunta milleriana radical: “¿Qué soy yo en la historia del psicoanálisis, seré el yerno de Lacan para toda la eternidad?”. La respuesta no se hace rogar. “Haga lo que haga, diga lo que diga, funde lo que funde, siempre es el yerno de Lacan y cada vez que así lo nombran le escamotean su nombre propio, cuya reivindicación busca afanosa e inútilmente.”

Ahora bien: el mar infinito de pruebas ofrecido por los autores posiblemente produzca una escisión radical entre los lectores: habrá quienes sigan con el alma en la boca cada uno de los sutiles vericuetos del diagnóstico, pero también habrá quienes sientan desvanecerse el entusiasmo y busquen en la conclusión el final de la telenovela familiar. Sin ánimo de aguar intrigas, más que sorpresas se encontrará con una insistencia: “Miller no hace otra cosa que huir de un insulto que lo persigue en todas las direcciones”.

Cada una de las seis cartas escritas por Miller merece un capítulo entero donde cada uno de sus argumentos es contrastado, por lo general en oposición a los modos siempre más grandiosos y loables del maestro Lacan. Toda su furia de yerno doblegado ante el peso de su herencia y su drama ante un nombre propio perdido se ventilan sin consideración alguna por el secreto profesional. Al punto que más que a yerno megalómano el pobre Jam (como los autores llaman burlonamente a Miller) queda reducido a la condición del pariente más indeseable digno de permanecer por siempre en el altillo, aunque sacrificado por las flagrantes deudas y cotos infringidos al campo psi.

A favor de los autores hay que decir que aún desde estas lejanas tierras no han vacilado en cargar contra un verdadero peso pesado (además de escribir cartas indignadas, Miller fundó la Asociación Mundial de Psicoanálisis, dirige el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII, fue discípulo de Althusser y Canguilhem, y es autor de El banquete de los analistas y El sobrino de Lacan). Y que lejos de evadir el debate, han hecho suya la siempre estimulante tarea de revitalizar el debate analítico por fuera de sus corsés institucionalistas.

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