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Domingo, 20 de agosto de 2006

GONZALO AGUILAR: OTROS MUNDOS

Va de nuevo

Qué hay de nuevo, y cómo es: el cine argentino desde los años ’90.

 Por Mariano Kairuz

Otros mundos
Un ensayo sobre el nuevo cine argentino
Gonzalo Aguilar
Santiago Arcos Editor
252 páginas

Uno de los puntos de partida, casi una premisa de este –a partir de ahora– ineludible ensayo de Gonzalo Aguilar, es la comprobación de que cada vez que se habla –en especial cada vez que se escribe– sobre el nuevo cine argentino, son muchos los que sienten la necesidad de anteponer la aclaración “el llamado”. Es decir, de atajarse y distanciarse hablando de el llamado Nuevo Cine Argentino, como si todavía hubiera fuertes dudas de que semejante cosa efectivamente exista; como si, incluso, pudiera no tratarse de otra cosa que de un invento más o menos pasajero de la crítica especializada. Aguilar sabe y plantea de entrada que, se llame como se llame lo que ha ocurrido con el cine nacional de los ‘90 en adelante, es una construcción en la que el periodismo viene cumpliendo un papel importante, junto a directores, guionistas, productores y escuelas de cine. Y plantea también la posibilidad de diseccionar al heterogéneo conjunto de películas argentinas estrenadas desde 1997 (año en que arranca el listado alfabético y año a año que se incluye como anexo al final del libro) para encontrar en ellos signos inequívocos de una ruptura y una renovación, así como los de ciertas continuidades.

En plena conciencia de que “Lucrecia Martel, Pablo Trapero, Martín Rejtman o Adrián Caetano pertenecen a universos tan diferentes que sólo alguien muy despistado puede creer que representan algo semejante”, Aguilar rastrea puntos de contacto que muchas veces remiten antes que a nada a cómo cada una de estas películas tan diversas producen un corte con las que se producían en la Argentina durante los años de la dictadura y la primera década del retorno democrático. Por ejemplo, cuáles son los nuevos modos de producción y distribución, cuáles son las alternativas de financiación; cómo se formó la nueva generación de productores (y qué nuevo tipo de relación fueron estableciendo con el Incaa) y cómo se conforman los repartos de las películas de los nuevos productores y directores y qué papeles juegan los festivales de cine. También las formas en que las películas replantearon sus lazos con la realidad, tanto desde el documental como desde la ficción y la categoría híbrida que se fue afianzando entre lo uno y lo otro. Aguilar postula que “pese a las apariencias, el cine argentino de los ‘90 es el más genuinamente político de todos”, y lo sostiene desde una idea de apertura e “indeterminación” de una generación que ha abandonado las actitudes pedagógicas y “denuncialistas” del cine de sus predecesores.

Pero tal vez lo más valioso e inusual de Otros mundos sea su estudio sobre la revalorización de la puesta en escena, de las posibilidades del plano cinematográfico y del uso del sonido, que vuelven a ser importantes por primera vez en mucho tiempo en la obra de varios de los directores de las nuevas generaciones. Otros mundos aparece justo en un momento algo crítico y tal vez definitorio para el cine argentino –ahora que muchos de los nuevos directores ya tienen más de dos o tres películas y han consolidado la situación de sus propias productoras–, aportando análisis y argumentos, en busca de alguna certeza frente a mucha condena y mucha celebración acrítica.

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