libros

Domingo, 28 de octubre de 2007

DUGHETTI

Chicos de la vida

Pobreza y violencia en unos relatos de infancia a la deriva.

 Por Verónica Bondorevsky

La bicicleta roja
Marcelo Dughetti
Ediciones Recovecos
68 páginas

Podríamos hacer un catálogo de los modos de recorrer una ciudad por parte de sus habitantes. En el siglo XIX, por ejemplo, Baudelaire planteó que el artista debía ser en parte un flâneur, es decir, alguien que deambulaba por las calles sin rumbo, una suerte de bohemio y vagabundo. En un costado opuesto como forma de atravesar el espacio urbano, hay un devenir producto de la exclusión, de la pobreza –no propio pero típico de las grandes ciudades latinoamericanas– que depara a quien lo lleva adelante una trayectoria con estaciones que son una y otra vez el reverso de ese proyecto burgués inacabado. La calle, el arroyo contaminado por las industrias, la villa miseria y la cárcel son las coordenadas espaciales –de un solo tiempo muerto– de los protagonistas de los cuentos de La bicicleta roja de Marcelo Dughetti, quien construyó una serie de relatos cortos sobre una patota de niños marginados que sobrevive en la provincia de Córdoba.

Ese devenir del grupo tiene resonancias legendarias e insoslayables en la literatura y en el arte en general, por ejemplo, en la figura de Oliver Twist, combinado a nivel local con Polín, el protagonista de Crónica de un niño solo de Favio y Juanito Laguna, de Berni. Y ellos para comenzar; la lista obviamente sigue y es extensa.

Foto: Adrián Perez

El propietario de la bicicleta roja –elemento disparador de la acción y concatenador de los distintos relatos que conforman el libro– era el maestro de grado afectuoso al que los niños terminan robando y asesinando. De esto se trata el primer cuento. De ahí en más, la droga, la violencia, la delación, los abusos y la muerte; las estaciones habituales –y ciertas– de la pobreza tienen lugar.

Quizá más que en el retrato de situación o en las voces que utiliza para dar vida a los personajes, en donde el libro, y por extensión el autor, encuentra su singularidad es en el hecho de combinar distintos géneros: el cuento por la autonomía de cada episodio, la escritura con visos poéticos para describir los sucesos y, dado que sus protagonistas y escenarios se repiten y continúan en cada uno de los relatos, la pequeña novela como resultado final que trasciende a cada historia.

El devenir, en tanto movimiento por la ciudad, no tiene una trayectoria, es una fuerza que depende de la deriva, y aquí, en La bicicleta roja, a través del retrato de la marginalidad de la patota de chicos, adquiere una dimensión adicional: es un itinerario prefijado y estigmatizado con final funesto, sin heroísmos y con humillaciones. Una deriva de desolado lirismo.

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