libros

Domingo, 20 de marzo de 2011

Sin el rigor de la historia

Un libro que revela una faceta poco conocida y, por cierto, no menor, del historiador Fermín Chávez: la poesía.

 Por Sergio Kisielewsky

Epigramas del gato amarillo echado junto al fuego y otros poemas
Fermín Chávez

Archivo Núñez Acuña
104 páginas

El historiador y ensayista que publicó más de cuarenta libros, el biógrafo de José Hernández y Evita. El profesor de Humanidades y Teología. El revisionista. El investigador de la poesía gauchesca que previó que su corpus era un antecedente del rock nacional. El hombre de los anteojos gruesos y grandes y bigotes como estacas, Fermín Chávez, también fue un poeta a tomar en serio. Es imposible no ver en esta obra la sombra de su contraria: la gran María Elena Walsh. Como si los antípodas de otro imaginario fueran juntas para jugar con lo que no se puede jugar, como inventar con los tiempos imperecederos de María Castaña (evocando la resistencia de los vecinos del antiguo Río de la Plata con agua y aceite hirviendo a las Invasiones Inglesas), pero también con Sandino y su sombrero ladeado para el lado de las montañas. Epigramas del gato amarillo echado junto al fuego... es un libro que surge del habla, del sentido del humor, de la observación como territorio libre frente a los rigores de la historia.

Los poemas entonces son una gran canción que no termina nunca, que evoca los malvones de otro Buenos Aires perdido para siempre y el amor como una extraña flor nocturna, perfumada, poemas donde el odio se amortigua sin fisuras detrás de la ventana. Aquí nos enteramos de que publicó ocho libros de poemas (uno de ellos titulado 45 poemas paleoperonistas en colaboración con Aurora Venturini). Y si los epigramas remiten a la marca de fábrica de Ernesto Cardenal (“Al perderte yo a ti / tú y yo hemos perdido”), aquí el horizonte por cierto es otro; el imaginario que trabaja, muy diferente. Es un aire de canción que deambula por las derrotas, las proscripciones y el destierro. Si en 1956 alteró el mundo intelectual con su libro de ensayos Civilización y barbarie, los Epigramas... pueden ser leídos como un descubrimiento tardío. “De mi abuela sandecera / aprendí a cortar el hipo / y las tormentas, / y de otros viejos rústicos/ el poder de la palabra / especialmente / la que no se dice”. Imágenes de Toledo en España, últimas imágenes de Gardel mientras los versos de adolescencia, que se incluyen en el final del volumen, marcan un tono abismal con su poesía de tiempos maduros. A esos primeros versos les faltaba aún la maravilla de la síntesis, que siempre es conceptual y sabia. Como si el tiempo hubiera decantando el matorral que se debe limpiar una y otra vez. Entonces queda una apuesta más libre, un aire de broma con sonido y furia. Es un gran tango hecho de seres humanos que, de tanto que se fueron, están entre nosotros.

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