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Domingo, 20 de noviembre de 2011

En el estrépito de las redacciones

No es frecuente que se aborde la obra periodística de un escritor que ha dado una contundente producción literaria. En el caso de Antonio Di Benedetto, reconstruir su vida en las redacciones es un modo de enfocar con una nueva luz su biografía, y también replantear el rol del periodismo en la actualidad.

 Por Damián Huergo

La figura de Antonio Di Benedetto, al igual que la de otros talentosos escritores, fue tomando diferentes formas y variando la piel con el correr del tiempo. Como si fuese un caleidoscopio, su imagen fue cambiando, resistiendo y adaptándose a cada ojo que se atreviera con su obra y su persona. En los años posteriores a su muerte, viejas y nuevas generaciones lo conocieron como el escritor de exquisita prosa que se lució tanto en Zama como en Los suicidas –por sólo nombrar un vértice de su obra–. Además fue catalogado como un hombre envejecido y demacrado a fuerza de picana en los años del terror; pasando por el papel del exiliado que padeció económica y sentimentalmente en España, y, por último, como un intelectual todoterreno que se marchitó en la primavera alfonsinista. Sin embargo, poco se escribió –y se sabe– de su trabajo de periodista, como si –paradójicamente– hubiésemos preferido quedarnos con el recuerdo del súper héroe de nuestras letras ignorando al Peter Parker que lo sostuvo detrás. La escritora y periodista Natalia Gelós en Antonio Di Benedetto Periodista se encarga de rastrear la bolilla vacante. Y en un arduo y exhaustivo trabajo de investigación, traza una biografía de Di Benedetto como periodista sin descuidar la relación con sus otras facetas.

El hilo que tira Gelós en el libro es una incógnita que develó al propio Di Benedetto en vida: los motivos por los cuales lo detuvieron la madrugada del 24 de marzo de 1976 en la ciudad de Mendoza, en el edificio propiedad de la familia Calle, desde donde dirigía –pese a ser sólo nombrado subdirector– los diarios Los Andes y El Andino. Esa fecha significó un quiebre en su vida, un antes y un después. Con el hueso en la mano, Gelós realiza una labor arqueológica para explicar el suceso, reconstruyendo los años previos y las consecuencias del cautiverio. Para ello utiliza testimonios de amigos, entrevistas personales, trabajos académicos, cartas a amantes y familiares, y –como si fuese un mapa que guía en un territorio inhóspito– la novela semiautobiográfica Sombras, nada más..., donde el protagonista es un símil Di Benedetto con “barba postiza”.

Antonio Di Benedetto. Periodista Natalia Gelós Capital Intelectual 184 páginas

La primera capa a la que accede Gelós se apoya en una anécdota infantil (la visita al zoológico y el posterior relato a sus compañeros). Al leerla con lucidez, la autora logra rastrear allí “la curiosidad del periodista, el goce por la inventiva, el juego con la realidad y la manipulación” de los hechos. Es decir, los fundamentos sobre los cuales van a erigirse su obra de ficción y su trabajo como periodista, alimentados en simultáneo por una misma caldera: su pasión por la palabra escrita. Como muestra de esto, el libro incluye un apéndice con notas y crónicas periodísticas que exponen que en algunas plumas la diferencia entre literatura y periodismo sólo corresponde a los anaqueles de las librerías.

El libro, además de los hechos fácticos, hace visible una ética profesional –como periodista– que deviene compromiso político por las circunstancias históricas. En otras palabras, Di Benedetto no era un intelectual sartreano –como podían llegar a serlo David Viñas o Nicolás Casullo–, tampoco un intelectual militante –como Rodolfo Walsh o Paco Urondo, guiados por una convicción, una labor, una búsqueda–. En Di Benedetto, en cambio, el compromiso político se descubre –o aparece– por instinto, como si –pese a él– hubiera publicado varias tapas que salvaron a militantes o denunciado atropellos que practicaba y auguraba la Triple A. Es un compromiso ingenuo, esencial, humano que percibe la amenaza a sus ideas republicanas y demócratas. Ingenuo porque va a “pedir explicaciones” en la cueva que era el Ministerio del Interior, gobernado por el padre de la actual princesa de Holanda. Ingenuo porque no entiende las causas de su cautiverio. Ingenuo, sí, pero no por ello menos valiente.

Antonio Di Benedetto Periodista lleva un subtítulo sugestivo: “Una historia que pone en tela de juicio el rol de la profesión”. Como toda buena biografía, la historia que se cuenta excede la vida de la persona y nos habla de los avatares de toda una época. Y, en cierto sentido, leído a la luz del estallido del periodismo argentino en la actualidad, también ayuda como brújula para seguir pensando a la profesión más allá de lo superfluo del día a día.

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