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Domingo, 15 de enero de 2012

No soy de aquí ni soy de allá

Nunca J. M. G. Le Clézio había escrito un libro tan personal a pesar de que siempre haya negado la posibilidad de escribir sus memorias. Revoluciones, escrito en 2003, cinco años antes de recibir el Premio Nobel, abarca los distintos planos de su vida de escritor, de la infancia y los lazos familiares, hasta sus viajes y libros, la guerra y las revoluciones, constituyéndose sin lugar a dudas en el corazón de su obra.

 Por Juan Pablo Bertazza

De los últimos premios Nobel, Le Clézio fue el único cuyas publicaciones en nuestro país trascendieron los meses posteriores a ganar el máximo galardón literario, lo cual sucedió, en su caso, en 2008. Es decir, sus obras siguen apareciendo aun cuando en el palmarés se acumulan nombres de escritores, algunos bastante desconocidos como el del poeta sueco Tomas Tranströmer. Las dimensiones avasallantes de su obra, la visita que realizó a la Argentina poco antes de ganar el Nobel son algunas de las causas capaces de explicar este fenómeno que, sobre todas las cosas, tiene que ver con que Le Clézio es un escritor sorpresa, que siempre guarda un as en la manga. Al respecto, parece mentira que Revoluciones –novela monumental y autobiográfica que permanecía inédita, hasta ahora, en español– haya sido escrita en 2003, mismo año en que Le Clézio compone Peuple de ciel. Así como Infancia (1998), obra que iniciaba en la carrera de J. M. Coetzee un tríptico autiobiográfico, marcaba un punto de inflexión en la madurez del viaje hacia la infancia, en Revoluciones Le Clézio logra sedimentar el suelo fértil de una obra singular y compleja que se cuenta entre las más acabadas de las últimas décadas.

Revoluciones. J. M. G. Le Clézio Adriana Hidalgo 604 páginas

Revoluciones es el cuadragésimo libro de Le Clézio, comienza en la década del ’50 anclado, si bien no se explicita, en Niza, la azarosa ciudad natal del escritor y con el gran protagonismo de quien tal vez sea su más claro alter ego, Jean Marro, algo no tan obvio si tenemos en cuenta que Le Clézio es un claro escritor de alter egos, un escritor que en una entrevista concedida a Le Nouvel Observateur declaró que “nunca escribiría memorias, no porque me falten ganas, sino porque me siento incapaz de hacerlo ya que la novela es la única forma que encuentro de explorar mi pasado y el único subterfugio para referirme a un tiempo que no viví”.

Revoluciones es de esas novelas capitales, en la cual se incluyen todos los tópicos que caracterizan su obra: la infancia, la guerra, la soledad, el exilio y el amor en un ciclo histórico de 360 grados que repasa, por ejemplo, las dos Guerras Mundiales, la guerra de Argelia, los bombardeos de Estados Unidos en Vietnam, la independencia de la Isla Mauricio, lugar de donde proviene la rama bretona de su familia, y toda la era de la descolonización, pero también es el primer libro en el cual Le Clézio habla de las mujeres de su vida, mujeres que tienen en común cierta modestia, humildad. Ya en la primera parte del libro, aparece uno de los personajes fundamentales, la tía ciega Catherine, figura directamente extraída de la biografía de Le Clézio, quien le relata a Jean absolutamente todo acerca de su infancia, una especie de cuento interminable que se suspende en cada viaje de su adolescencia y que prosigue cuando él vuelve de esas aventuras como un simple punto seguido; un capítulo en el cual se muestra la infancia como esa etapa en que cada acontecimiento, cada vivencia, cada descripción se vive, irremediablemente, como “la más importante del mundo”. La tía Catherine fue una escritora de novelas y nouvelles que nunca publicó, y que le enviaba una carta por día al padre de Le Clézio, una necesidad de expresarse que impresionó de muy chico al futuro Premio Nobel, ya que su padre era una persona absolutamente silenciosa. “La colonia es la mayor vergüenza de nuestra época” es prácticamente la única frase que Le Clézio le hace pronunciar en este libro a su padre, quien también tiene un lugar fundamental en El africano.

“Las clases en la escuela de Medicina eran la realidad. Hacía tiempo que Jean buscaba eso, la realidad. No juegos de estudiantes, o discusiones sobre la política, la guerra, el racismo” se lee en Revoluciones, idea que se repite casi hacia el final de la novela: “Los ruidos y los olores son los que más faltan en la memoria, como si fueran los elementos más reales, la sustancia del tiempo perdido”.

Revoluciones constituye un despliegue obsesivo y exhaustivo de las revoluciones históricas, pero también de esas revoluciones interiores de las que tan bien da cuenta la biografía de Le Clézio. Mientras escuchaba las leyendas de su tía, se convertía en escritor; mientras sucedía el Mayo Francés, algo que desde lejos le parecía “insignificante”, él descubría con sus 28 años la ciudad y la cultura de México, al que considera “el país de la verdadera revolución”. De hecho, Lupita dice en este libro: “México no es París, lo que en su país es una revuelta de estudiantes, aquí se puede convertir en una revolución con muertos, heridos y saqueo”. Antes, a los veinte años, viajó de Francia a Inglaterra, tal como cuenta también esta novela, teniendo la chance de contar con un doble pasaporte, francés e inglés, gracias a lo cual evitó ser enviado a la Guerra de Argelia.

“Sufro de falta de pertenencia, envidio a los indios, aferrados a su tierra como un mineral o un vegetal. Yo no soy de ninguna parte, mi única solución al respecto es escribir libros, que son mi única patria”, expresó Le Clézio en otra entrevista.

Si su obra es su patria, este libro es, sin lugar a dudas, su ciudad natal.

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