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Domingo, 26 de agosto de 2012

Tiempos de mar y guerra

Tras los pasos de Hilario Ascasubi, Juan Bautista Duizeide pudo fusionar varias pasiones en un solo libro: cómo se construye un país al mismo tiempo que una literatura es la inquietud que recorre Lejos del mar, la historia ficcional de cuando el poeta gauchesco fue grumete de un barco pirata que luchó por la Revolución de Mayo.

 Por Angel Berlanga

Le brillan los ojos a Juan Bautista Duizeide cuando habla del Inquieto, un viejo velero de madera que consiguió comprar hace unos meses junto a un par de socios, ex alumnos de sus clases de kayak y ahora tripulantes de esta nave de diez metros de eslora que aguarda, amarrada en el puerto de La Plata, a que este piloto, ex marino mercante y escritor, se haga del próximo rato libre para desplegar velas. Acaso un brillo similar aparece cuando refiere a los entresijos de Lejos del mar, la novela que acaba de publicar, que tiene a Hilario Ascasubi como narrador que evoca solitario, mientras escribe, su formación a bordo de barcos corsarios y piratas. “Conocía varias de sus obras, leí biografías sobre él –dice Duizeide–. Además de resultarme un personaje tan complejo y fascinante como Mansilla, el Manco Paz o Sarmiento, me encontré con datos que me lo hicieron muy cercano. Era melómano –yo lo soy– y fue uno de los principales impulsores de la construcción del primer Teatro Colón. Pero sobre todo me impactó que se hubiera escapado muy chico de su casa, y terminara embarcado en una fragata armada para la guerra de corso a favor de la Revolución de Mayo.”

¿Por qué Ascasubi, qué lo impresionó o sedujo de él?

–Me gusta mucho la narrativa del siglo XIX, y el Santos Vega de Ascasubi me parece una gran novela en verso, con pasajes muy graciosos, o fantásticos, o líricos. También me gusta lo que podríamos llamar su poesía de combate. Es hijo cabal de una época de gigantes que fundaban al mismo tiempo una literatura y un país.

Este libro sigue con la navegación como tema: ¿con cuál de los anteriores suyos lo emparenta más? ¿Con Kanaka, acaso por cercanía entre las épocas?

–Me parece que la navegación es sobre todo un ámbito. Creo que los temas en Kanaka eran la orfandad, el destierro, la soledad, la deriva. Temas que quizá también están en Lejos del mar aunque junto a otros: la vida como viaje, la memoria, la traducción, la escritura, la relación entre maestro y discípulo, la violencia, la nostalgia. Lo que más las acerca a mi juicio es el intento de construcción de un lenguaje absolutamente anacrónico –de ningún tiempo y lugar precisos– aunque con matices que permitirían identificarlo como argentino y actual. Admiro lo que hicieron en ese sentido, para mí de manera genial, inalcanzable, Antonio Di Benedetto en Zama, Juan José Saer en El entenado y Jorge Goyeneche en Semblantes de bestias. Novelas que leo y releo, porque tampoco es que soy un fundamentalista del siglo XIX.

¿Y cuáles son los núcleos o los matices de la figura de Ascasubi que lo motivaron a ponerle una voz?

–Narré en los intersticios de su biografía. El apenas contó su experiencia de a bordo, lo hizo en Prosa entre el imprentero y yo, pero sin dar detalles. Lo que narro de su periplo como corsario es pura invención. Y además hago que Ascasubi recuerde sus años de mar y guerra desde una noche de duelo que sí existió: con una función de La Traviata se inauguró el primer Teatro Colón, pero él no fue, su palco permaneció vacío y de luto, ya que el día anterior había muerto su hija

Cristina.

¿Qué postula Borges sobre Ascasubi, cómo se posiciona su libro en torno de eso?

–En una historia del tango incluida en Evaristo Carriego, Borges plantea que dentro de la gauchesca, Ascasubi es a Hernández lo que el primer tango es al tango canción. Y desliza que él prefiere en ambos casos, por una especie de horror moral hacia el tono quejoso, los primeros términos de esas comparaciones. Los epítetos que le aplica Borges a Ascasubi son “inocente y valeroso”. Muy curiosamente, algo parecidísimo al concepto que de Ascasubi tenían algunos de sus contemporáneos –Mitre, Florencio Varela–, que lo miraban un poco de arriba, como si no fuera más que un mero payador ingenioso. Bueno, este Ascasubi ficcional cuestiona esa supuesta inocencia.

¿Por qué cree que Ascasubi es un personaje tan olvidado?

–El olvido o el recuerdo de un escritor depende de muchos factores, en buena parte de luchas estéticas que en última instancia son ideológicas y políticas. Que se recuerde más a José Hernández –sin querer con esto quitarle mérito al Martín Fierro– tiene que ver con el modo en que se dieron concretamente esas luchas. Para comenzar, con la postulación por parte de Lugones del Martín Fierro como nuestra epopeya. Pero también, por otro andarivel ideológico, con que la insurgencia peronista pudiera pensarse hija de Fierro. Ascasubi es ciertamente difícil de cooptar tanto por la literatura institucionalizada como por los rebeldes. Suele ser de lo más incorrecto –esto me lo hace muy interesante–, por ejemplo en La refalosa los mazorqueros destripan a un unitario y lo hacen bailar sobre su sangre, por eso se “refala”.

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