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Domingo, 12 de mayo de 2013

La mejor poesía del mundo

Cuando el escritor brasileño Alberto Mussa entró en contacto con la poesía árabe, se fascinó a punto tal de aprender árabe clásico y profundizar en leyendas y personajes tradicionales como Sherezade. El resultado final es El enigma de Qaf, novela tan arábiga como borgeana, que detrás de su aparente complejidad encierra una simple profundidad y una límpida belleza.

 Por Luciana De Mello

“Ni el libro ni la arena tienen principio ni fin.” En esa frase, el anciano condensaba el misterio de todas las narraciones posibles al Borges narrador de El libro de arena. Sin embargo, aún sin principio existe el origen, ya que la historia de ese relato infinito –al igual que el de la biblioteca fatalmente destruida– nace en las tierras arenosas de la cultura árabe antigua. De esas tierras y de esos pueblos manan todos los enigmas que le dieron vida a la literatura universal. En El enigma de Qaf, Alberto Mussa construye una novela ambiciosa sobre la base de la pérdida donde el viaje del narrador, al igual que el del poeta Al-Gatash, se concentrará en la revelación de un misterio cifrado en veintiocho capítulos titulados según las veintiocho letras del alfabeto árabe.

Dentro de la cultura árabe, La Edad de la Ignorancia es el nombre de la era que finaliza con la llegada del Islam y de la cual se conservan siete poemas como testimonio de un tiempo anterior al de la sabiduría. En esa época de oro de la poesía árabe, los versos se memorizaban de maestro a aprendiz y los mejores eran bordados y colgados en el panteón de La Meca. Alberto, el narrador, propone que no son siete sino ocho los poemas que sobrevivieron de esa era, y los versos de ese último poema perdido le fueron recitados una y otra vez por su abuelo árabe emigrado al Brasil, heredero casual del paño bordado, así como El libro de arena fue a parar a las manos del viejo escocés en el cuento de Borges. El narrador, entonces, se propone un viaje de investigación por Medio Oriente para completar las lagunas del poema perdido, pero sin embargo, cuando presenta el resultado de sus estudios a la academia, los expertos los desconocen considerándolo un fraude. Desde ese punto de partida se larga la novela, apelando a la audacia del lector en el camino que proponen estos veintiocho capítulos y sus epígrafes –cada uno de ellos encabezado por dos palabras que comienzan con la letra del alfabeto que los designa– para llegar hasta el desciframiento del enigma de Qaf, la letra vigésimo primera, cuyas palabras que dan comienzo al epígrafe son: Destino y Dirección.

Hasta acá suena complejo, y sin embargo la novela va por más: entrelazados con los capítulos que siguen, la saga de Alberto y de las estrofas recobradas, donde se cuenta la odisea del supuesto autor de la octava pieza, el poeta y héroe Al-Gatash, se encuentran los parámetros y excursos: allí se narran las aventuras y leyendas de algunos héroes de la antigüedad, que le aportan al relato un encuadre más profundo de la cultura preislámica, al mismo tiempo que proveen a la novela del universo mítico donde se desarrolla la narración. Así aparece en la novela una relectura de la figura de Sherezade y su narración infinita, revisando por ejemplo la dimensión simbólica de Aladino, la investidura del genio, la del ojo que todo lo ve en un solo punto del universo, como también se resignifica al personaje de Alí Babá en el cuento de los cuarenta ladrones.

El enigma de Qaf. Alberto Mussa Edhasa 145 páginas

El enigma de Qaf fue publicada por primera vez en Brasil en 2004, y fue ganadora del Premio Casa de las Américas, traducida luego a varios idiomas. Mussa estudió Letras y ha traducido a cuentistas africanos y árabes, además de tener otros libros publicados como: Elegbara (cuentos, de 1997), O trono da rainha Jinga (novela, 1999), O movimento pendular (novela, 2006), la traducción de Os Poemas Suspensos: “Al-Muallaqat” (2006) y Meu destino é ser onça (novela, 2008). Su primer contacto con el universo de la literatura árabe tuvo lugar en 1996, cuando leyó por primera vez los siete poemas que se conocen con el nombre de Mu’allaqat: “Simplemente, me pareció la mejor poesía del mundo. Nunca había leído nada tan fuerte, tan diferente en literatura antigua. Cuando conocí las leyendas de los poetas, y las leyendas árabes en general que se ligan a esos poemas, me fascinaron todavía más. En 1996 comencé a aprender árabe clásico para poder leerlo en original y luego me pareció que podría traducir la colección de los poemas que los propios beduinos consideran como los más hermosos, los llamados Poemas suspensos”.

En uno de los excursos, casi llegando al final de la novela, es cuando aparece la historia de la “verdadera” Sherezade, un genio femenino que seducía a hombres y mujeres para que le revelaran sus deseos. De ahí el conocido proverbio que clama “cuidado con lo que deseas”, ya que cada deseo concedido por la genia tenía el fin de transformarse en una temible condena. Hasta que Allahdim pide conocer todos los relatos posibles y es entonces que envejece hasta su muerte escuchando las narraciones de Sherezade, quien en principio parecía ser la vencedora. Sin embargo el joven beduino le había tendido una trampa. Allahdim sabía que toda narración desemboca en otra y es por eso que junto a sus huesos, la bella genio permanece esclavizada sin poder jamás llegar al fin. Un gajo de ese espejo multiplicador será quizás esta novela, ya que de ese ejercicio de traducción comenzado ocho años antes de su publicación es que surge El enigma de Qaf, un relato que no sólo abarca la ficcionalidad del tiempo, sino que es una constante reflexión sobre el lenguaje, como una hermosa y malévola máquina de reproducir historias que serán contadas hasta la eternidad, ya sea en palabras, en números o en cuerpos.

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