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Domingo, 9 de marzo de 2014

VARIACIONES DE TERROR

En Nocturnos, su primer libro de cuentos, John Connolly tiene sus mejores logros cuando se aleja del homenaje a los clásicos y explora los tópicos más inquietantes de su propio imaginario.

 Por Mariana Enriquez

En 1999, el irlandés John Connolly debutó en la literatura con Todo lo que muere, un policial negrísimo que presentaba a su detective Charlie Parker, un hombre quebrado, desesperado, tras el rastro del asesino de su esposa y su hija. La saga de Parker, que ya suma doce novelas, se fue oscureciendo cada vez más, al punto que se puede decir que Connolly escribe thrillers sobrenaturales situados en el norte de los Estados Unidos, esa región que incluye a Maine y Nueva Inglaterra, que ya supo poblar de espectros y crímenes horrendos Stephen King.

Cuando Connolly es bueno en su mestizaje de horror y policial, es realmente muy bueno (en Los atormentados de 2007 o Los amantes, de 2009, por ejemplo); cuando la mezcla no funciona, como en El ángel negro –inspirada por el macabro osario de Sedlec, en República Checa– sus tramas y su escritura suelen ser tediosas y excesivas, una acumulación de horrores que terminan causando indiferencia.

Connolly ha escrito mucho por fuera de la saga de Parker, desde novelas cortas hasta textos infantiles. Y ahora acaba de editarse su primera y hasta el momento única colección de cuentos, Nocturnos, diecinueve relatos de terror que lo ponen a lidiar, y a medirse, con el formato clásico del género. Y el resultado es dispar. Para ser justos con Connolly, hay que tener en cuenta una cuestión al enfrentarse con estos relatos: la mayoría fueron escritos en 2000 a pedido de la BBC de Irlanda del Norte, para ser leídos en radio (y editados originalmente hace diez años). La decisión del escritor para los oyentes fue ofrecerles relatos clásicos, de temas y formatos reconocibles. Así, en “Arenas movedizas” homenajea a Lovecraft con un cuento sobre dioses antiguos que viven y matan cerca del oceáno, en “El rey de los elfos” y “La nueva hija” –que fue llevada al cine por Luiso Berdejo– se inspira en los relatos de niños cambiados y robados por las hadas de la mitología de su país; en “Algunos niños se extravían por error” toma el clima y los temas del primer Ray Bradbury y algo de Stephen King (los payasos, las ferias ambulantes) y en muchos cuentos revisita los pactos fáusticos, el vampirismo, los fantasmas vengativos. Son cuentos que al estar tan conscientes de su intención de homenaje, pueden volverse redundantes: en fantasía oscura y horror, especialmente en cuentística y en lengua inglesa, se está escribiendo una de las literaturas más arriesgadas y excitantes, desde Kelly Link hasta Laird Barron, pasando por Neil Gaiman, Joe Hill, China Miéville o Joe R. Lansdale. De modo que muchos de los relatos de Nocturnos, sobre todo en comparación con el resto del campo en que se escriben, resultan esquemáticos, anticuados –incluso anacrónicos, si bien la ejecución es la de un conocedor y un fan quizá demasiado devoto–.

Nocturnos. John Connolly Tusquets 362 páginas

Es, justamente, cuando se aleja de la tradición que Connolly demuestra que puede ser no sólo un notable escritor de policiales sino un escritor de horror inquietante. Eso ocurre en el relato de fantasmas con aires de Charlie Parker como “Nocturno” y en “El rey de los elfos”, donde la impotencia ante la muerte violenta de niños –gran tema de Connolly– es el disparador del horror. Y también sucede cuando, en un sorprendente arranque de incorrección política, escribe cuentos donde las monstruosas peligrosas, en diferentes encarnaciones, son las mujeres: “El ciclo” o “Las brujas de Underbury” son relatos sobre el “misterio femenino” que podrían ser clisés si no vinieran de un lugar que resuena perturbadoramente sincero. De la misma manera, “El vaquero del cáncer cabalga”, un cuento que homenajea a Stephen King y que transcurre en Estados Unidos (como las novelas policiales), entra en terrenos bestiales, con un hombre que contagia el cáncer por gusto y porque no puede evitarlo, en un despliegue de fobia y sadismo. Nocturnos es un libro de cuentos desparejo, que por momentos parece de un principiante pero que, cuando afila las uñas, muestra a Connolly como un escritor de horror capaz de salir del homenaje a M. R. James y con la potencia necesaria para adentrarse en esos terrenos del Mal que suele explorar con mejores resultados en sus novelas negras.

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