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Domingo, 2 de agosto de 2015

FLORENCIA ABBATE

TIEMPO ES LO QUE DURA

En la propuesta crítica de Florencia Abbate, la obra de Juan José Saer dialoga con una particular concepción del tiempo que había sido desarrollada por el filósofo francés Henri Bergson, una fuerte influencia de Marcel Proust. Y es esa indagación la que la guía, en El espesor del presente, por las obras “históricas” y las contemporáneas del gran escritor santafesino.

 Por Fernando Bogado

La experiencia del tiempo que tenemos está, de movida, mal planteada. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, Henri Bergson, uno de los filósofos franceses más interesantes de nuestra contemporaneidad (quien llegó, incluso, a ganar un premio Nobel de Literatura y que, luego, fue absolutamente olvidado), tuvo el tino de señalar lo evidente: pensamos el tiempo a través de unidades espaciales. Así, contamos los minutos, segmentamos el día u organizamos nuestras actividades laborales en función de cantidades que responden, ante todo, a una lógica propia del espacio. Bergson propuso que la verdadera forma de pensar el tiempo o “La Duración” era a través de ciertas metáforas, evidenciando que si hay un arte que específicamente trate con el tiempo es la novelística. En nuestro país, la repercusión literaria de esas afirmaciones se vio en la obra de un escritor que usó al Litoral como lienzo y que sobre él desplegó un enfoque que subvierte las nociones tradicionales del tiempo y la ajustan a una verdadera experiencia subjetiva del transcurrir.

La obra de Juan José Saer es abordada a partir de este nudo teórico en el notable trabajo de Florencia Abbate, El espesor del presente: tiempo e historia en las novelas de Juan José Saer, haciendo del ensayo una seria propuesta interpretativa de uno de los novelistas más importantes de nuestras costas.

El trabajo se inicia con una división de la obra de Saer que le servirá a la autora para revisar cada articulación temporal de las novelas e ir acercándose al libro central que no sólo cierra una producción, sino que también concentra en mayor medida todos los intereses del autor desplegados en su producción: hablamos de La grande, la novela inconclusa que ya desde el título presenta estas aspiraciones de cierre y (tímida) totalización. Así, siguiendo la división planteada, tenemos las novelas que abordan temas históricos propiamente dichos como El entenado (1983), Las nubes (1997) y La ocasión (1987). Las tres novelas abordan, cada una, un momento clave dentro de la construcción del imaginario del siglo XIX para transformarlo en una excusa narrativa donde el tiempo se sucede de una manera para nada cotidiana: en Las nubes, por ejemplo, la prometida narración del periplo de Santa Fe a Buenos Aires del Doctor Real comienza muy avanzada la novela y se detiene, estrictamente, en la descripción de un paisaje estático, de una pampa en donde todo se suspende. La propia novela se entrega así a un complejo juego de tiempos muertos que densifican la experiencia del presente por hacerlo insondable.

Mientras que las novelas de tono histórico transcurren en el siglo XIX, aquellas en donde la experimentación con el tiempo se vuelve más urgente y palpable no sólo acontecen en el siglo XX, sino que transcurren en una época muy determinada, recuperan a los mismos personajes y hasta versionan una y otra vez los mismos hechos puntuales con el objetivo, precisamente, de hacerlos más tangibles (significativamente, por haber querido ser borrados de la “Historia”, con mayúsculas). En ese ciclo tenemos a textos como Cicatrices (1969), Nadie nada nunca (1980) y Glosa (1985). Desde la primera, ambientada en 1963, hasta la última, que transcurre en una caminata ocurrida en octubre de 1961, la pregunta central recae, para Abbate, en la ruptura del orden temporal y en la puesta por delante de desviaciones que van acrecentando el presente, máximo punto de concentración del pasado, si seguimos a Bergson. La ejemplar Nadie nada nunca, con su relato fragmentado en la perspectiva de diferentes personajes, pone en evidencia esta necesidad de buscar alternativas a nuestra experiencia del tiempo para poder abordar lo inabordable, algo que en todo este ciclo novelístico volverá insistentemente como trauma y que, narrativamente, debe ser elaborado una y otra vez: el secuestro y desaparición del Gato y Elisa, dos personajes del entorno saeriano.

El espesor del presente: tiempo e historia en las novelas de Juan José Saer. Florencia Abbate Eduvim 136 páginas

Florencia Abbate, autora de libros como El grito y de varios trabajos poéticos como Los transparentes o La niña bonita, pasea a la obra de Saer por el citado Bergson, Adorno, Bajtin, Bachelard, Genet y abre las comparaciones del trabajo del santafesino con Ezra Pound, James Joyce, Virginia Woolf o Marcel Proust, haciendo de El espesor del presente un ensayo clave que aúna las perspectivas críticas ya conocidas para ordenarlas según un aporte original y un enfoque que insiste sobre la relación entre historia (y su relato), tiempo y experiencia subjetiva. Este libro, además, funciona como un homenaje desarrollado, la extensión a nivel teórico de una entrevista aparecida en 2005, realizada por Abbate a Saer, en donde el último declaraba con respecto a Juan L. Ortiz (y a Borges, Arlt y Platón) que lo que encontrábamos en su obra, más que una explicación del mundo, era una visión del cosmos. Con una propuesta crítica, con un tono minucioso y paciente que no agobia, con un orden propuesto en una simetría personalísima, podemos decir que Abbate presenta, ante todo, eso: una visión de su Saer.

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