libros

Domingo, 22 de junio de 2003

RESEñA

Señales del paraíso

LOS OFICIOS
María Martoccia

Sudamericana
Buenos Aires, 2003
186 págs.

Por Martín Pérez

Una novela dividida en escenas, narrada a partir de diálogos de gente que habla pero dice poco y nada. Así se podría describir Los oficios, la primera novela de María Martoccia, una escritora nacida en Buenos Aires, pero que luego de recorrer el mundo –experiencia que reflejó en el libro de relatos Caravana (1996)– se instaló en San Marcos Sierra, muy cerca del escenario de la vida de los protagonistas de Los oficios. Pero semejante descripción no le haría honor a la calidez de una novela abierta y llena de puntos suspensivos, cuyos diálogos son austeros pero nunca filosos, y la información se retacea pero no se esconde. Es más, su incesante desfile de personajes no deja de abrir una y otra vez los márgenes de una historia que viaja de una comunidad británica instalada en La Cumbre a los habitantes medio hippies y new age de San Esteban, con una tal Susie y su familia en medio de todos ellos.
Hija adoptiva de una pareja inglesa que formó parte de esa comunidad británico-argentina que la considera parte de ella sin dejar de recordarle su verdadero origen, el personaje de Susie es el hilo conductor de una historia que simplemente acompaña el devenir de esta enfermera del Hospital Británico trasplantada a los pueblos de las sierras cordobesas. Una recorrido que comienza y termina en la británica cordialidad de La Cumbre, pero que discurre entre escenas que permiten asomarse a diversos personajes pintorescos que parecen rescatados del natural. Hábil observadora de su entorno, Martoccia ha hecho en Los oficios lo mismo que en los cuentos de Caravana: ha buscado cuidadosamente en la realidad hasta dar con la materia prima a partir de la cual cincelar sus personajes. Pero si en los mejores cuentos de su libro de relatos –como, por ejemplo, en “La carta de Rusia”– el lento develar de los acontecimientos y los perfiles de sus protagonistas terminan construyendo un perfecto mundo cerrado, el mecanismo aquí es hacia afuera. Y con esa misma austeridad narrativa, lo que hace Martoccia es abrir más y más puertas al mundo y a nuevos personajes.
Plagada de diálogos sin terminar, con puntos suspensivos al final de las frases o repetitivas interrogaciones (“¿no?”), Los oficios es una novela que no parece serlo. Sus diversas escenas toman forma ante Susie sin explicarse demasiado cómo se llegó allí, en un montaje a veces brutal e imprevisto, pero van pintando el mundo que la rodea a través de un mecanismo que permite que la narración se distraiga pero no que se esconda en lo banal. Encargada de un dispensario de primeros auxilios, Susie tiene un marido desganado y dos hijas, una de las cuales demostrará un talento especial que la acercará a los hippies de San Esteban, donde circunstancialmente irá a parar Susie por cuestiones laborales.
Suerte de sutil desfile de freaks cotidianos, Los oficios es un sainete con sordina, disfrazado de naturalismo. Su morosa curiosidad tiene método, sorpresa y un humor muy cáustico y particular, que subyace en cada comentario, pero que nunca es demasiado evidente. Obra armónica y cómplice, pero nunca demasiado complaciente, la historia de Susie jamás presume de importante. Y ni siquiera es demasiado “historia”. Más gozosa que experimental, la novela de Martoccia es un largo desfile de personajes vivos y detalles esparcidos aquí y allá, que no buscan revelaciones sino que andan revelándose todo el tiempo, llenando de vida a una novelaabierta y con muchos puntos suspensivos que, lejos de dejar en suspenso las cosas, las ponen en marcha.

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