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Lunes, 3 de junio de 2002

EN EL QUIOSCO › POéTICAS DEL VACíO
HUGO MUJICA
TROTTA
MADRID, 2002
133 PáGS.

Usos de la metafísica

Por Ariel Schettini

Si la poesía y el ensayo, como materiales expresivos, evaluadores, personales o íntimos de quien escribe, son dos géneros literarios apenas separados por una línea, el libro Poéticas del vacío de Hugo Mujica se escribió haciendo equilibrio sobre el infinito de esa misma línea imaginaria.
Se trata de una serie encadenada de reflexiones sobre la poesía, el lenguaje, el lugar de la poesía en el lenguaje en general y también las resonancias filosóficas, metafísicas, vitales y corpóreas del uso de la poesía. En ese sentido, uno podría decir que se trata de un manual de uso de la poesía, tal como se crea un diccionario del uso de la lengua.
Hugo Mujica, de todos modos, es famoso por llevar brutalmente a la práctica sus reflexiones, de modo que es más conocido por sus avatares vitales y sus reflexiones sobre el presente que como ensayista o poeta. Ambos géneros han sido frecuentados por él, y quien los leyera podría relevar en su serie de ensayos y poemas la persecución y el trazado de un camino. Sin dudas, el camino está poblado de amistades y encuentros: Heidegger, el existencialismo, el romanticismo y el expresionismo alemán, los poetas místicos, entre otros. Una serie de lecturas que Mujica no oculta pero que tampoco obedece.
Atravesado por esa serie metafísica de la reflexión sobre el lenguaje, el escritor opta por “su” propia lectura de los textos y los invita a dialogar, aun cuando se contradigan, debatan entre ellos, o no se convengan.
Es que Poéticas del vacío es un libro que trata de mirar el lenguaje más allá del argumento, de la reflexión o del pensamiento recto. Se trata de pensar el lenguaje en aquellos lugares en donde la voz abre la posibilidad del mundo o de los mundos. Pensar el lenguaje donde es solamente una presencia que se enfrenta al vacío. Por eso los lugares donde Mujica lee esa confrontación son los más limítrofes: el mito, el sueño, la poesía, la utopía. Espacios donde parece que es el mismo lenguaje el que inventa la posibilidad de existir. El mito domesticando la violencia de lo inexplicable del mundo; el sueño buscando una vida imposible al borde de la muerte; la poesía buscando el lugar donde el lenguaje parece no poder decir más, y la utopía, revelando un tiempo que no tiene tiempo, un futuro sin explicación, sin motivo, sin necesidad.
Pero aun cuando el camino de Mujica resulte poblado de fantasmas, voces y sentidos que se cruzan, su propia voz tiene el peso de un paso firme. Si alguna vez un filósofo alemán soñó con escribir un libro que fuera un mero compendio de citas, de modo tal que la cultura desarticulada pudiera mirarse en un espejo que devolviera su forma, Poéticas del vacío está cerca de esa utopía en donde las voces ajenas parecen disolverse para encontrar otra coherencia (profunda o evidente, pero definitivamente otra). Un escritor que sale, como en este caso, a buscar sus precursores, no hace sino salir a transformarlos.
De allí que el libro Poéticas del vacío pueda ser leído también como el último libro de poesía de Mujica (después de Sed adentro y de Noche abierta) en el que se conserva un tono: no importa si se habla de la mística de San Juan de la Cruz como el lugar donde el lenguaje se pulveriza, o de la palabra de Celan como la intención de crear un hábitat que es al mismo tiempo la intemperie, o de una experiencia personal (la muerte del padre). En todos los casos Mujica mira esos hechos con el asombro de un extranjero y la obsesión detallista de un entomólogo. Como quien viene de muy lejos, o quien logró una perspectiva global y focalizada simultáneamente, El poeta inclaudicablemente humanista le da lugar a la voz de los otros para explicarse a sí mismo, acaso para entenderse o para provocarse.
Y en todos los casos, el tono constante de esa mirada es también una forma de
la comprensión, de la incorporación y del acuerdo. Difícilmente se leerá un texto de Hugo Mujica donde no aparezca sino la unión con la palabra del otro; por lo menos la fuerza por tratar de hacerse cargo de esa palabra, de hacerla propia. Pero no por obsecuencia, sino todo lo contrario: porque sabe que detrás de una palabra dicha o escrita se esconde una obligación y una respuesta, una necesidad, una interioridad supuesta, un pedido, un sueño, una ilusión, en todo caso siempre un diálogo con otro, un semejante o un alien.
En ese diálogo entre los géneros de la literatura, entre las voces de la poesía, entre yo y otro, entre la realidad y la fantasía, entre esas cosas, está escrito este libro.

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