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Sábado, 3 de febrero de 2007

NOTA DE TAPA

Un colectivo solidario

Identidades Productivas es un programa que une diseñadores y artesanos en un trabajo colectivo con reglas de Comercio Justo. Es inédito porque nació desde el Estado: la diseñadora Cintia Vietto coordinó desde Cultura de la Nación las primeras experiencias en San Juan, Chubut y Santa Cruz.

 Por Luján Cambariere

Proyecto inédito para el diseño por provenir del Estado, Identidades Productivas comienza a dar sus primeros frutos. La propuesta de la diseñadora Cintia Vietto fue convertida en programa de la Dirección Nacional de Acción Federal e Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura en 2005. Su trascendencia radica en poder utilizar el aparato del Estado, intervenir desde esa gran estructura, en pos de los tres pilares fundamentales en los que basa su acción: la creación de una identidad productiva que mejore la oferta creativa local, el trabajo colectivo y el establecimiento de los patrones del Comercio Justo.

Los números son contundentes: se trabaja en 41 municipios articulando a 6200 pequeños productores, artesanos y artistas visuales. Capacitaron 700 pequeños productores, se generaron 5 equipos emprendedores, se crearon 3 sistemas de productos de origen que integran 2000 nuevos prototipos en las tecnologías textil, cerámica, cuero, cestería, orfebrería, vidrio y madera. Además, está conformada la primera cooperativa y se inicia la producción en escala de los primeros 300 prototipos, sumando en esta fase 28 talleres y grupos de trabajo. Las primeras colecciones de prendas y objetos dan el presente en San Juan, Chubut y Santa Cruz. Mientras que este año el proyecto puso rumbo a Formosa, Tucumán y Santiago del Estero.

La cocina del proyecto

Vietto estudió arte en la Prilidiano Pueyrredón. Vivió varios años en Milán y Berlín trabajando como diseñadora para la empresa de neumáticos Pirelli. Como cuando regresa al país en 1995, no da con el tipo de empresa para la que había trabajado y se decide a generar un proyecto personal. Se había vuelto porque sentía que no tenía una identidad europea y eso la perjudicaba a la hora de crear y por otro lado ansiaba generar programas que involucraran algo más que un objeto. Nunca había trabajado en el ámbito público, así que desde 1995 al 2001 desanda caminos en distintas empresas como diseñadora y también como ilustradora y fotógrafa, hasta que se acerca a la Secretaría de Cultura de la Nación con un proyecto que tenía como fin observarla.

Logra que la contraten por unos meses, tiempo que le permitió observar cómo se implementaban los programas en el interior del país. Básicamente cómo se hacían los vínculos con las distintas provincias y qué pasaba en el interior con la creación de objetos. Así es como se topa con el gran sector de las artesanías, infinitamente potencial y tan olvidado y manipulado en nuestro país. Y comienza un análisis que deviene en la instrumentación del programa Identidades Productivas.

Artesanos & Cía

“El sector artesanal en nuestro país tiene una técnica impresionante, pero suele estar periférico al mercado, lo que genera un desfasaje entre la oferta y la demanda –explica Vietto–. Como además somos países más consumidores que productores, muchas veces estamos acostumbrados a producir a repetición sin hacer replanteos básicos. Es así como muchos objetos parecen anticuados o ensimismados. Una cuestión que parte por otro lado de una especie de imaginario, también muy arraigado, de que el artesano tiene que hacer las cosas individualmente, casi aisladamente, para el que el mercado, que es una especie de gran cuco, no lo contamine. Una fantasía como que lo global perjudica lo creativo, cosa que desde mi experiencia personal podía comprobar que no era cierto.”

Así decidió idear un proyecto que lograra una transformación de la producción de subsistencia a una práctica de producción real donde el diseño actuara como posibilitador sobre todo de la generación de empleo. Para Vietto lo fundamental era que el proyecto debía devenir en resultados concretos y visibles: “El artesano, como cualquier persona que trabaja con las manos, necesita ver para que su objeto se modifique. Y además lo tiene que vivenciar con otros. El camino hacia estas transformaciones, en principio, genera incertidumbre que se soporta en un trabajo en grupo”, señala. Así, con los criterios claros, se contactó con un equipo que ya venía trabajando una herramienta pedagógica para capacitar emprendedores, el departamento de extensión de la carrera de diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Y juntos elaboraron el programa “Diseño e innovación para la producción desde Tecnologías, Materiales y Simbologías locales”. En 2002 arrancan con una primera prueba piloto en Santa Rosa, La Pampa, que se va extendiendo y perfeccionando en otras regiones.

La mecánica

“Lo primero que se hace es convocar desde la secretaría a todo aquel relacionado con el arte, el diseño y la artesanía que quiera articular su individualidad con otros. Así, las primeras charlas con el grupo apuntan a tratar el tema de la identidad. Pero no una identidad rebuscada, sino la que tiene que ver en concreto con ese escenario provincial. Una identidad para producir, que tiene que ver con el tipo de signos que brinda el contexto para transferir a un objeto”, detalla Vietto.

“Comprobamos cómo un grupo heterogéneo puede trabajar a partir de pensar temas a partir de los cuales reconocerse y pensar una colección en común. Los que se repiten, quedan en las líneas: los vientos, las minas, el hielo, lo pétreo, los sismos”, explica. Después vendrán las cuestiones productivas intentando que cada tema esté representado por una tecnología del lugar. En la segunda etapa, la meta pasa por pensar cómo generar un negocio común y es crucial porque se funda a partir del momento en que el grupo se constituye como cooperativa con todas las reglas de economía social y el Comercio Justo.

“Esta etapa finaliza cuando aparece un primer ingreso importante y los socios pueden repartirse las ganancias. Lo interesante es que no ganan sólo por lo que ellos mismos producen sino que al haberse organizado pueden producir en volumen convocando a otros talleres y artesanos, con los que establecen tratos igualitarios al tratarse de pares, en muchos casos vecinos o amigos”, suma Vietto. Por otra parte, otro punto interesante, aclara, es que quienes se sintieron más convocados por este programa fueron los pueblos originarios. “Y esto es muy importante porque nadie mejor que ellos para saber cómo trabajar en colectivos de trabajo. Así el rol que ocupan es protagónico. Lejos de usarlos como mano de obra, como suele suceder en otros emprendimientos, ellos son las voces del grupo. Han mantenido valores muy concretos e indispensables de replicar por todos nosotros”, aclara.

Por último, en la tercera etapa comienzan a trabajar estrategias de diferenciación y los distintos sistemas posibles de comercialización. “La colección de Chubut se presenta en unos pocos días. Son 150 personas que presentan 1500 piezas en Comodoro Rivadavia con una ceremonia mapuche. Por otra parte Santa Cruz inaugura su local en marzo siendo el referente de diseño de la provincias con encargos para hoteles, restaurantes y hasta baldosas”, cuenta Vietto.

El colectivo

El problema de la creación, sostiene Vietto, es político porque cuando uno crea, además de ganar dinero, quiere que se produzca un cambio. “El trabajo individual tiene un techo y desde el colectivo se busca un objeto que relate más. Además estas manifestaciones producen cambios en toda la provincia al tener un equipo de gente que genera una creatividad nueva desde un trato justo e igualitario”, relata. Por otra parte, el consumir también es un acto político que demanda de nosotros una actitud más responsable. Un consumo ético que se interese por saber de dónde viene eso que compra, cómo se obtuvo, las condiciones de producción y básicamente quién se beneficia con eso que consume. El modelo del Comercio Justo permite al consumidor final trazar el recorrido que hace su dinero por la cadena de valor. Y estos emprendimientos se gestan en ese sentido. Para que exista justicia e igualdad en el trato, Vietto sugiere que se debe formar a ese sujeto colectivo, que neutralice los hábitos arraigados del sistema capitalista donde se busca la acumulación y la propia conveniencia. “Las comunidades originarias tienen clarísimo el hábito de lo colectivo con pequeñas conductas como ponerse a evaluación del otro en pos del bien de la comunidad o valorar los diferentes roles de cada cual”, remata.

Los resultados

“Amén de las colecciones que son maravillosas y con una nueva identidad desde una bajada contemporánea, las comunidades logran mejorar sus ingresos, autoestima y calidad de vida. Se desarma la intermediación que muchas veces los aisla y engaña. Y mitos varios que atentan contra el sumar para tener más fuerza”, remata Vietto. A lo que Guillermo Moranchel, director nacional de Industrias Culturales y Acción Federal de la Secretaría y quien le abrió las puertas del Estado a esta diseñadora, agrega: “Modernidad, organización y coherencia. Eso es lo que tiene este programa, donde uno puede observar cómo, en vez de individualidades, son grupos de personas los que deciden participar de esta discusión de la identidad. Porque proyectos de redimensionamiento de la identidad local hay muchos, pero no colectivos, y esto propone un salto de calidad convirtiéndose en un factor muy dinamizador de la discusión cultural”. Sobre todo de la cultura cotidiana, que según él, los ayuda a tener los pies más en la tierra y comprobar que “la cultura puede ayudar a organizarse”. El tiempo dirá si, además, estos programas ayudan a dimensionar y revalorizar a un sector que tanto lo merece y de tan fuerte potencial para un país como el nuestro.

Este artículo es parte del proyecto de la autora que ganó las Becas Avina de Investigación Periodística. La Fundación Avina no asume responsabilidad por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido.

Las colecciones

  • Santa Cruz: En la Rupestre combinan un repertorio de huellas, texturas y signos hallados en la piedra; en el Paisaje natural son protagonistas el cielo, la estepa y los hielos; Paisaje animal es elaborada con la arcilla propia de la región, mientras que con Tehuelche la propuesta se concentra en el espíritu de este pueblo nómada (el rescate conceptual del quillango, tejidos en telar con lanas hiladas manualmente y teñidos naturales) y en la Minera, las prendas derivan su forma de las tipologías básicas de la ropa de los trabajadores de las minas, entre otras.

  • San Juan:El argumento es el contrapunto entre el desierto y el oasis. Ambas condicionadas por la particularidad sísmica de la región. La posibilidad de destrucción y reconstrucción es algo con lo que los sanjuaninos conviven diariamente, manifestándose en el lenguaje formal que utilizan para configurar objetos. A estas líneas, se suman Fuego y Huarpe, esta última dedicada a las raíces de la comunidad originaria.

  • Chubut:El argumento representa el paisaje natural de la provincia: mar, meseta y montaña y otras tres líneas que representan el paisaje histórico: Mapuche, Pétrea, Cosmopolita.

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