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Sábado, 2 de abril de 2011

Un desastre en Córdoba

El gobierno provincial quiere destruir el mejor conjunto patrimonial del país con una megatorre para su banco. Hasta la Unesco puede intervenir en lo que sería un papelón internacional.

 Por Sergio Kiernan

La provincia de Córdoba está por cometer un error de enorme gravedad, que va a arruinar lo que es simplemente el mejor conjunto patrimonial de nuestra nación. En las manzanas del Centro Viejo, donde se alzan la catedral y el Cabildo, entre los templos y edificios jesuíticos, planean una megatorre particularmente fea y grandota. Este pecado se vende como la Manzana del Bicentenario, se centra en un diseño particularmente mediocre –copiado de uno brasileño muy superior– y se justifica con teorías urbanísticas que se caen tan de viejas que da vergüenza ajena escucharlas todavía.

En tiempos coloniales, Buenos Aires era una aldeíta de barro, el fin de la línea, justificada apenas por su puerto. La gran ciudad de lo que luego fue la Argentina, la que estaba conectada con la metrópolis limeña, la que –envidia– tenía piedra para construir, era la Córdoba de la universidad y los grandes colegios. Los viajeros de la época la disfrutaban como última etapa antes de bajar a esta barbarie de adobes o se alegraban de verla después de tanta pampa y rancho rumbo al norte.

El patrimonio edificado de esa época se concentra hoy en un rectángulo de seis por siete manzanas en pleno centro de la ciudad, un casco histórico que recibió peatonales y restauraciones, funcionando como tesoro nacional y como atractor turístico. Por supuesto, no podían dejarlo en paz.

El gobierno cordobés explica su proyecto para arruinarlo en un video –para apreciarlo, basta buscar Manzana del Bicentenario en YouTube– que conceptualmente atrasa cuarenta años. El problema, parece, es que el centro cordobés se queda vacío de noche y su comercio tiene problemas, que el gobierno local adjudica “al éxito de los centros comerciales”, seguramente queriendo decir los shoppings.

Las imágenes que se ven dejan la sensación de que este fracaso puede ser causado por la muy poco atractiva oferta: el centro comercial que muestra el video es muy feo, abigarrado, desordenado. Córdoba fue pionera en materia de peatonales en los años setenta, cuando se construían hasta en pueblos pequeños y hasta cubiertas, aunque no lloviera nunca. El centro viejo tiene varias, taponadas de elementos urbanos superfluos, como unas torres de iluminación enormes y miles de carteles. Un shopping hasta sería un descanso visual...

Todo esto tiene soluciones inteligentes, graduales, de las que comprometen a varios sectores en trabajos de mejora urbana y generación de atractores. Es raro el político que entienda esto y no es el caso del gobernador Juan Schiaretti, que a fin de año presentó un proyecto de alto impacto. La Manzana del Bicentenario es el nombre de fantasía de la Manzana del Banco, una de las 42 del casco histórico, dominada por el hermoso edificio del Banco de Córdoba que diseñó Francesco Tamburini, el gran tano al que le debemos, entre otras cosas, la Casa Rosada. El edificio tiene una preciosa fachada con entrada entre columnas y una de esas bonitas mansardas que diseñaba Tamburini, que tiene un aire a la sede presidencial.

Esta belleza quedará reducida a maqueta-museo, porque Schiaretti quiere construir la inmensa torre cuyo basamento se ve en la imagen, un render del proyecto. El edificio es tan alto, tan masivo, que pasará a ser instantáneamente lo más grande del centro y va a dejar fuera de escala a todo lo que lo rodea. Catedral, Cabildo, banco, colegio jesuítico, todo será devaluado y enanizado por la torre.

El proyecto es de Alfredo Tapia y tiene escasos valores formales. El basamento es una caja corporativa de vidrio y hormigón que sostiene arriba una “ola” que recuerda instantáneamente al famoso edificio Italia, en San Pablo. El Italia, copiado hasta el cansancio en todo el continente, es una joya del modernismo, encantador y muy en escala con sus vecinos. Esta megaversión es una vergüenza fotocopiada en “agrandar”.

El video oficial muestra varios edificios de la manzana “puestos en valor” alrededor del gigante. Estos edificios, reducidos a bloquecitos Lego frente al titán, son supuestamente un caso de preservación. La torre, en cambio, es una sede “moderna y eficiente” para el banco, un “aporte excepcional” que incluirá por supuesto un shopping, más unas peatonales. Este horror es vendido como algo que “se integra armoniosamente con los edificios históricos” y con un slogan: “El Centro vuelve a ser el Centro”. Lindo, ¿no?

Además de la curiosidad de poner un shopping en un edificio que, se supone, busca salvar a los negocios de la competencia de los shoppings, la utilidad del proyecto está predicada en asunciones francamente truchas. Como al centro de noche no va nadie –al menos según el video, que muestra calles desiertas y asustadoras–, la Manzana del Bicentenario estará siempre iluminada y ofrecerá atracciones nocturnas. Es inmensamente dudoso que un edificio solito, por grande que sea, pueda revertir el proceso de un barrio entero. En general, supuestos atractores como éste terminan vencidos por sus entornos, con problemas de seguridad y visitantes que entran, hacen lo suyo y luego se van a toda velocidad, asustados o aburridos por el entorno. Un ejemplo es el inmenso Lincoln Center de Nueva York, cuyas varias manzanas dedicadas a la cultura y el espectáculo iban a salvar un barrio entero. El barrio sigue momificado y al Center se va y se viene en taxi, porque es riesgoso caminar de noche por allí.

Schiaretti se viene perfilando como un indiferente al patrimonio que tiene demasiados proyectos destructivos de edificios. Anda demoliendo la casa de gobierno y transformó en un shopping la escuela Carbó. Pero esta vez no va sólo a demoler o desvirtuar un edificio histórico, sino que va a hacer un desastre con un entorno valiosísimo. El escándalo es tal que hasta la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos salió de su habitual modorra y le advirtió, ya en diciembre, sobre la gravedad del plan.

Es que en la comisión saben algo que el gobernador cordobés no sabe o elige ignorar. Resulta que el centro cordobés es Patrimonio de la Humanidad, lo que lo pone bajo vigilancia de la Unesco. Existe algo llamado Comisión Nacional Argentina de Cooperación con la Unesco que tiene, entre otras cosas, que informar sobre este tipo de proyectos a la sede central. Una consecuencia muy posible de esta obra es que Córdoba pierda su condición de patrimonio humano, lo que sería un papelón increíble.

Y todo esto puede evitarse simplemente haciendo un nuevo edificio para el banco en otra parte y siendo mejor asesorados sobre políticas de revitalización urbana. El problema de los centros drenados no es nuevo y hay soluciones para todos los gustos. No hace falta arruinar el mejor conjunto de Argentina con un edificio derivativo y fuera de escala.

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