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Sábado, 30 de abril de 2011

La visita de Peter Hall

Ese viejo mito de que Argentina es el fin de la línea no resiste el análisis: no es el fin del mundo, es una escala a Chile. Por suerte, porque nos trajo nuevamente a Buenos Aires a sir Peter Hall, ilustre urbanista y profesor, visitante de vieja data a nuestro país y autor del mítico y monstruoso libro Las ciudades del mundo, publicado al mismo tiempo en cinco idiomas, inhallable y enorme. Sir Peter iba rumbo a Chile a dar una clase en la Universidad Católica y paró entre nosotros brevemente a dar una charla en el Instituto de la Ciudad en Movimiento, la Universidad Abierta de Cataluña y el CPAU. La embajada británica en Buenos Aires organizó una comida-charla-debate que permitió tener a este urbanista a mano por algunas horas.

El tema fue, por supuesto, esta ciudad y otras ciudades ante los desafíos que enfrentan ahora estas invenciones humanas. Se habló del cambio económico, de la muerte y la aparición de las industrias, y del nuevo standard ecológico y sustentable al que llegan apenas Friburgo y Estocolmo. Hall planteó que hay que concentrarse en los “best practices” y estudiar qué hacen bien para aprender. A la vez, sigue en pie la tarea de entender los mecanismos ocultos del espacio urbano. ¿Por qué en ciertos países entre más rica es la comunidad mejor es el ambiente, mientras que en China la prosperidad se llevó por delante la calidad urbana?

Sir Peter es perro viejo como para seguir pensando, si alguna vez lo hizo, que el urbanismo puede proveer solito respuestas llave en mano, recetas. “Es un animal mítico”, dice sobre esos dogmas. Lo que tiene en mente es acordarse que las ciudades son centros de innovación y que el título de habitable o atractiva no se gana pasivamente. Hay que tener ideas, energía, vitalidad y voluntad política. Sir Peter sigue respetando el planeamiento urbano de hace un siglo porque, un siglo después, las comunidades creadas por el movimiento Garden City siguen siendo ejemplos de habitabilidad y calidad de vida. De hecho, este movimiento fue cooperativista e implicaba un cierto compromiso comunitario que resulta hoy una utopía en sí mismo. Sir Peter destaca que, desde 1970, todos los países del mundo son menos equitativos social y económicamente. Todos, sin excepción. Con lo que retomar ciertas “utopías” urbanas no será tan despistado.

Sir Peter tiene algunos cánones que no regala: densidad media –no más de treinta unidades de vivienda por manzana–, transporte público, alturas bajas en general y muy bajas en las zonas residenciales. También subraya cosas que se suelen olvidar, como que ninguna ciudad puede o debe ser completamente homogénea. Por ejemplo, a los jóvenes les gusta la densidad, la oferta, el gentío, el movimiento. Al crecer, buscarán criar sus hijos en lugares algo más tranquilos y menos densos. Y al madurar, de nuevo solos, tal vez hasta volverán a los centros de ruido y movimiento.

Hablando del movimiento interurbano, sir Peter dijo que una regla indica que hasta un radio de 100 kilómetros de un centro urbano importante, el 80 por ciento de la población trabaja localmente y sólo un quinto viaja al trabajo. Pero se confesó vencido conceptualmente por algunas mañas porteñas, como que cada día laboral la población y el parque automotor prácticamente se dupliquen. “Para mí la Panamericana debería estar en el Libro Guinness...” dice, y agrega que solucionar esto es realmente endiablado.

Una charla que fue un descanso intelectual y un momento de cordura.

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