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Sábado, 23 de julio de 2011

Para todos

Antes de que llegue para dar un seminario y presentar su último libro, charlamos con uno de los referentes y máximos estudiosos del diseño gráfico mundial: Jorge Frascara.

 Por Luján Cambariere

Uno de los más destacados diseñadores gráficos, pero sobre todo pensadores sobre el diseño visual en el mundo, es un argentino. En la década del ‘70 se fue a vivir a Canadá para enseñar en la universidad de Alberta donde es profesor emérito y ahora, desde hace unos meses (y después de 31 años) se mudó a Milán.

Se trata de Jorge Frascara. Un trabajo ininterrumpido de 48 años, diez libros editados, la fundación y dirección de Iconograda por varios años (Consejo Internacional de Asociaciones de Diseño Gráfico) y hasta experiencia en la Comisión Técnica de Símbolos de ISO (International Standards Organisation), pero sobre todo la preocupación por temas centrales como el que da título a uno de sus libros más renombrados Diseño gráfico para la gente.

En septiembre y octubre estará dando su seminario Nuevas fronteras del diseño: centrado en el usuario, basado en evidencia y orientado al resultado, sobre la base de su experiencia de trabajo en Argentina, Canadá e Italia en nuestro país (el 16 de septiembre en el Centro Parque España de Rosario, el 30 en el Teatro Argentino de La Plata y el 7 de octubre en el Centro Cultural Borges en Buenos Aires).

En plus, presentará su nuevo libro: ¿Qué es el diseño de información? escrito con la colaboración de diez autores internacionalmente reconocidos por sus reflexiones y su práctica del diseño de comunicación. Antes, una charla con m2:

–A grandes rasgos: ¿qué cosas fueron mudando en el diseño desde que comenzara su carrera hasta hoy?

–Mi desarrollo personal está muy relacionado, creo, con el desarrollo del diseño de comunicación en los últimos 50 años. Empecé mi carrera en diseño gráfico por la puerta de la ilustración para publicidad y tapas de libros. Creía que mi misión era el embellecimiento de los mensajes visuales. Había estudiado en Bellas Artes (Escuelas Nacionales Manuel Belgrano y P. Pueyrredón, más un posgrado en educación artística en la Pueyrredón, con la memorable profesora Alicia [Quena] Romaña) y el tema formal me era muy querido. Luego me di cuenta de que, aparte de embellecer los mensajes, yo tenía que hacerlos claros. Mi foco se mudó de la estética a la claridad en la comunicación, a la relación entre el mensaje y el contenido. Más tarde me di cuenta de que no hay una sola claridad, sino que la claridad depende en gran parte del interlocutor: aquí empezó el diseño como tensión entre dos componentes ineludibles, el contenido a comunicar y el público a quien me dirigía. Pero luego aún, más tarde, cuando ya estaba en Canadá, me di cuenta de que la claridad no es el fin del diseño de comunicación, sino que el objetivo esencial de un mensaje es el impacto que ese mensaje tiene en el público, en términos de conocimientos, actitudes, sentimientos o conductas. Aquí se me enriqueció enormemente el panorama, porque desde la reflexión inicial sobre la estética me extendí a todas las ciencias humanas.

–¿Por qué tuvo la necesidad de escribir Diseño para la gente?

–Tuve necesidad de escribirlo porque vi que la mayoría de las 640 escuelas de diseño gráfico de Norteamérica se dedicaban a dos cosas: la publicidad para el consumo, y la estética y originalidad de los mensajes, incluyendo “el diseño de autor”. En estas escuelas se enseñaba un diseño dirigido sólo a un 30 por ciento de la población: los que son ricos, sanos y jóvenes. Quedaban fuera todas las necesidades de la vida cotidiana, un diseño dirigido a mejorar la vida de la gente: diseño para ayudar a entender cómo funcionan las cosas, diseño para la salud, para la educación, para evitar accidentes. No puedo olvidar la influencia de mi padre, Félix Daniel, que era periodista deportivo. A él le interesaba la función social del deporte, el deporte como demostración de destreza y la elegancia en el juego de las estrellas del momento, no el deporte como competencia despiadada ni como negocio. Cuando yo estaba escribiendo un ensayo sobre la enseñanza de arte para ser admitido en los estudios de posgrado, él preparaba una conferencia sobre la función social del deporte. Yo tenía 21 años, él 54. Por primera vez en nuestra vida nos intercambiamos los textos y descubrimos que estábamos escribiendo sobre lo mismo: el bienestar de la gente, yo a través del arte, él a través del deporte. En mi vida profesional me ha golpeado la poca calidad de los documentos que se usan para informar a la gente, la poca calidad de las campañas de interés social, que están en general producidas por agencias de publicidad habituadas a la promoción de productos para el consumo. Me parece que no sólo es necesario, sino que es urgente utilizar los recursos de un diseño inteligente al servicio del bienestar de todos. Pero el diseño inteligente no abunda. En general se tiende a imitar, y si en el entorno no hay buenos modelos de marketing social para imitar, se imitan los modelos del consumismo, que no sirven. Diseño gráfico para la gente trató de llamar la atención sobre un enfoque social del diseño y propuso un modelo a seguir para el caso de la seguridad vial.

–¿A qué se debe la letra incomprensible de los remedios, los carteles de la ruta o los de los aeropuertos, entre tantos otros, que conducen al camino errado?

–En el caso de los remedios para la tercera edad, se debe a que la ley en general no requiere que los textos cumplan su función, requiere solamente que se presenten junto a los remedios. Estos textos dicen todo lo que la ley requiere, aunque la prosa y el vocabulario sean difíciles de comprender y la composición tipográfica sea ilegible. Esto, en parte, es culpa de los diseñadores que piensan sólo en la parte formal del diseño, ignorando las necesidades y limitaciones de la gente que debe usarlo. En la Unión Europea existe otro problema, y es que la legislación indica cómo evaluar con usuarios esta información, se centra sólo en asegurar que los textos sean comprensibles, pero descuida evaluar si esta comprensión ayuda a tomar los remedios en forma adecuada (dosis, horarios, etcétera). En el caso de la señalización es porque los que obtienen los contratos no saben cómo hacer el trabajo, aunque piensen que saben. A veces hay limitaciones presupuestarias ridículas que eliminan toda posibilidad de generar la información que se requiere para hacer un trabajo bien. Otras veces el mantenimiento no entra en los presupuestos de señalización y éstas se degradan por debajo de un nivel de utilidad. En último análisis, estas aberraciones resultan de respetar las exigencias de la burocracia en detrimento de las necesidades de los usuarios.

–Con tantos años en la docencia, ¿en dónde radica (adn, educación, intereses personales) el gen, la pasta, para ser un buen diseñador?

–Como dicen los sabios, radica en general en dos componentes: una predisposición natural y una reflexión sostenida. Hacen falta: a) curiosidad: para tratar de entender cómo funcionan las cosas; b) tenacidad: para buscar y encontrar información útil que ayude a hacer el trabajo bien; c) empatía y respeto: para poder entender al otro, que es diferente y respetable en su diferencia; y d) hace falta, por supuesto, un conocimiento profundo del lenguaje visual; pero también (y en general se olvida) del lenguaje verbal y de la complejidad de su procesamiento. Requisito final: también hace falta el cliente iluminado.

–¿De qué se ocupa el diseño de la información?

–El diseño de la información se ocupa, primero, de organizar los contenidos de un mensaje y, segundo, de diseñar su presentación visual. Estos dos aspectos los desarrolla con el objetivo de facilitar el mejor uso de la información. Es decir, la información no sólo debe ser claramente comprendida, sino también eficientemente usada. En mi nuevo libro digo que “sobre la base de la ergonomía, la lingüística, la psicología, la sociología, la antropología, el diseño gráfico y las ciencias de la computación –entre otros campos–, el diseño de información responde a las necesidades diarias de la gente de entender y usar productos, servicios, instalaciones y ambientes. El buen diseño de información hace que la información sea accesible (disponible en forma fácil), apropiada (al contenido y al público usuario), atractiva (que invite a ser leída y/o comprendida), confiable (que ni la sustancia ni la fuente generen dudas), completa (nunca insuficiente), concisa (clara y sin adornos inútiles), relevante (ligada al objetivo del usuario), oportuna (que esté presente cuando y donde el usuario la necesite), comprensible (que no cree ambigüedades o dudas) y apreciada (por su utilidad)”.

–¿Algún buen ejemplo?

–Hace poco rediseñé un documento informativo para médicos. Lo que a mí siempre me interesa es el desempeño de los documentos; el aspecto visual debe responder a esta exigencia. El rediseño resultó en un incremento al doble de la posibilidad de memorización por parte de los usuarios, mientras que el tiempo necesario para las tareas de búsqueda de información fue reducido a la mitad. Trabajando con mi esposa y socia (Guillermina Noël) hemos apenas terminado un proyecto para el CeVEAS, Centro para la Evaluación de la Eficacia de la Asistencia Sanitaria de la Emilia-Romagna en Italia. Se trata de una campaña contra el abuso de antibióticos. Nuestro objetivo fundamental y trabajo mayor fue organizar el contenido, asegurarnos de que cada frase presentara información relevante a todos los lectores, segregar el contenido en unidades de sentido asimilables y simplificar los textos para hacerlos accesibles a todos (hay que recordar que en los países industrializados el 50% de la gente tiene un nivel de lectura de 5to grado y la mitad de ellos son analfabetos funcionales). El contenido debe ser informativo para gente de alta educación, pero la forma verbal de presentarlo debe ser accesible al polo opuesto. Esto involucró varias reuniones con los clientes, y tres o cuatro redacciones de los textos. La solución visual fue desa-rrollada a partir de los contenidos, considerando las situaciones de uso y los usuarios, siempre teniendo en mente, por supuesto, el objetivo final de la campaña: reducir el uso innecesario de antibióticos. Los elementos gráficos son importantes, pero también es importante la manera de usarlos.

–¿En que áreas o problemáticas el diseño puede y debe aportar más hoy en día?

–Lo primero que me viene en mente es la administración y la salud, tanto mantenerse en salud como gestionar la falta de ella. Los hospitales se han transformado en organizaciones hipercomplejas donde los flujos de información son intensos, frecuentemente cargados de urgencia, y donde tanto los pacientes como el personal sanitario pueden estar estresados. Todo punto de comunicación en el hospital puede generar un error. Los errores en el hospital pueden ser graves (hay 100.000 muertos en EE.UU. todos los años a causa de error médico). El diseño para la salud incluye también la seguridad vial, en el trabajo, en el deporte y en la casa. A la gente en general le falta educación para mantenerse en salud. Eso no sólo es triste: tiene un impacto económico extraordinario que inutiliza los servicios sanitarios. Pero no sólo ahí puede el diseño desempeñar un rol importante, diría, imprescindible: también en la organización interna de cualquier institución, desde un Estado hasta una empresa privada; en la educación del público acerca de problemas humanos, como el deterioro del ambiente, y en cosas aparentemente más banales pero que no lo son, tales como los formularios de los impuestos, los manuales de uso o la cuenta de la luz.

–¿Por qué y para qué es importante el diseño?

–Sin diseño tenemos caos y abuso despiadado de las personas menos privilegiadas. Una persona con una buena educación tiene más chances de interpretar ambientes complejos y encontrar formas de organizar su vida. Una sociedad que informa a sus habitantes con claridad crea más homogeneidad en el acceso a los beneficios que ofrece, en lugar de abandonar a los menos aventajados. Desempleo, enfermedades infectocontagiosas, malnutrición y accidentes son cargas sociales importantes, que se podrían reducir notablemente con educación pública.

–Está por publicar su décimo libro, ¿por qué hay tan poca teoría de diseño?

–En realidad, no hay poca teoría del diseño, en parte porque la teoría para el diseño está en toda la psicología (de la percepción, del conocimiento, de la conducta no en el psicoanálisis), está mucho en la sociología y también en la antropología, de donde vienen muchos métodos de investigación útiles para el diseño. Para el diseño de material didáctico es imprescindible una formación pedagógica. Pero una formación pedagógica sin formación en diseño tampoco basta. ¿Hay tan poca teoría de diseño?... Es de hacer notar que hay mucho escrito en inglés que no ha sido traducido al castellano. El diseño es una profesión interdisciplinaria, en consecuencia uno no puede leer sólo libros y artículos sobre diseño. Cada proyecto es una invitación a interiorizarse del contenido: no se puede diseñar bien una información que no se conoce. El problema no es diagramar: es organizar el contenido en unidades conceptuales coherentes, y organizar secuencias y jerarquías de manera que el texto se pueda usar con eficacia. Dietmar Winkler explica este tema muy convincentemente en mi nuevo libro: muchos científicos del pasado (Galileo, Vesalio, Leonardo) fueron fantásticos diseñadores de información, porque entendían perfectamente la información que querían comunicar. La falta de publicaciones sobre el diseño en castellano es lo que me ha motivado a dar muchas conferencias en Latinoamérica desde que me fui a Canadá. Estando en una posición privilegiada en cuanto al acceso a la información se refiere, sentí la necesidad, el deber y el placer de compartirla con la gente de mi tierra. Esto es también lo que ahora me empujó a ofrecer los próximos seminarios en septiembre y octubre en Rosario, La Plata y Buenos Aires (www.seminariofrascara.net) y a producir mi nuevo libro ¿Qué es el diseño de información?, de Ediciones Infinito.

Más información en www.seminariofrascara.net y www.frascara-noel.net

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Frente de una hoja de documentación farmacéutica dirigida a médicos, que resultó en un uso mucho más eficaz con respecto al diseño original.
 
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