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Sábado, 23 de agosto de 2014

Diseño que da a la calle

Damián Giorgiutti se especializa en crear locales de gran personalidad para su uso como bares, panaderías, heladerías, boliches y restaurantes.

 Por Luján Cambariere

Estudió publicidad en la Universidad del Salvador, trabajó en televisión como productor por más de diez años (lo último fue La Biblia y el calefón, del querido Jorge Guinzburg), aunque lo suyo fue siempre el diseño (ambientar espacios, decorar fiestas y lugares), hasta que un día un amigo, dueño de la peluquería Estudio H le propuso seriamente que se ocupara del interiorismo. Desde entonces no paró. Ya son diez años de las más variopintas propuestas. Desde boliches y bares pasando por panaderías, heladerías y restaurantes. Diseño en pos de la experiencia del consumidor/usuario.

–Tu especialidad son los locales comerciales.

–Sí, la mayoría son gastronómicos. Y justamente por eso, como son todos muy distintos, no tengo una única manera de abordar el trabajo. Son todos muy diferentes y además trabajo en Paraguay, Uruguay y Chile para clientes de lo más diversos. En Paraguay tengo un cliente que tiene heladerías súper populares, 200 locales. En Chile una chocolatería y ahora una cadena de carnicerías premium. Algunos son con atención al público y otros con servicio. De todo. Por eso lo fundamental, para mí, es el diálogo con el cliente y conocer el negocio. Yo le doy mucha importancia a la practicidad operativa del negocio. Estoy diseñando lugares donde hay gente que trabaja y gente que consume. Lo más difícil es conjugar esas dos cosas. Porque si uno se basa solamente en la experiencia de consumo del cliente, hace un lugar muy lindo, pero cero operativo. Si, al revés, hacés todo lo que te pide el chef, por ejemplo, terminás haciendo una cocina. Y además, el producto te lleva. Para la chocolatería, por ejemplo, jugué con una gran caja ciega que simula de algún modo una caja de bombones gigante.

–¿Hay materiales prohibidos en esta especialidad?

–Todo vale. La funcionalidad te pide el material.

–¿Se tiene que ver tu sello?

–Para nada. Yo hago un Tequila Buenos Aires (que es un cabaret francés con capitoné en el techo, recargado a full, pero porque lo pide el lugar) y algo re tranquilo. Vos tenés que pensar qué experiencia de consumo se va a dar ahí. Cuando vas a un boliche, querés que sea a full todo. Querés que te agote los sentidos desde que entrás hasta que te vas, porque vas a estar tres o cuatro horas ahí. Vas a estar con la música a tope, tomando alcohol, bailando y eso te tiene que acompañar. Mucho bronce, cuero, brillo, charol, lámparas con caireles. En cambio, cuando vas a tomar el té, la carga visual no tiene que ser tan grande, porque estás buscando otra cosa. Yo hago una cadena de panaderías y la panadería te pide texturas naturales, una cosa muy artesanal, una iluminación tenue, azulejo blanco, mármol, piso de granito pulido, vidrio para tapar el producto y que la gente vea que no estuvo expuesto al cliente, que por ahí el cliente cuando entra no se da cuenta racionalmente de esas cosas, pero sí son importantes. Para mí está bien logrado el diseño de un lugar cuando un cliente entra, no nota ningún elemento en especial, pero se siente cómodo. En la heladería en Paraguay, que es de corte popular, lo que busco son elementos distintivos para que, a larga distancia, incluso desde un auto en movimiento, reconozcan que ese local pertenece a esa marca. Ahí hay logo, color, elementos que se repiten en los locales.

–¿Favoritos?

–Tequila Buenos Aires, porque lo hice de cero, diseñando cada elemento. Desde la lámpara que cuelga del techo a cada detalle. Y aparte me dieron mucha vía libre, no tuve ninguna limitación. Tuve muchas discusiones en el buen sentido para generar la circulación que exige un boliche que pasa porque la gente pueda dar vueltas por el lugar sin que se sienta observada. A través del diseño, son tips aprendidos y básicos al encarar estos encargos. Vos tenés que lograr que la gente no se sienta expuesta cuando entra y que enseguida tenga un circuito más o menos marcado para recorrer. Hay ciertos elementos que colaboran con eso. La iluminación es crucial.

–¿Qué tenés a favor y en contra por no ser diseñador de formación?

–Soy muy observador, eso a mí me ayuda a diseñar sin tener un back up académico y el estar más virgen, no estar contaminado. No tengo prejuicios. Siempre prefiero que no me manden referencias. Prefiero que me cuenten y no que me muestren.

–¿Y comercializás diseños propios?

–Mil veces pensé en vender ciertas luminarias u objetos que diseño y hago en función de los locales, pero siempre termino entregándolos al cliente y me gusta que queden ahí. Disfruto mucho lo que hago. Ahora, a pesar de la crisis, es un buen momento. Una cosa muy especial en este negocio, donde para muchos crisis es oportunidad. Los gastronómicos de toda la vida saben que los momentos de crisis son la oportunidad para quedarse con locaciones que no tendrían en otro momento. Y ahora se le da mucho valor al diseño a la hora de emprender un negocio nuevo.

–Comparado con el de la televisión, que es un trabajo tan vertiginoso, el diseño de locales es más tranquilo...

–A los dueños los corren los tiempos de alquiler y aperturas, pero podés sentar las bases, para que sin dudas sea más tranquilo que los tiempos de la tele. Una vez un cliente me dijo: “¿Por qué será que los arquitectos nunca cumplen con el plazo y los presupuestos?”. Y para mí tiene más que ver con que el cliente tiene siempre el deseo de que todo sea más rápido y barato y los profesionales tratan de adaptarse. Yo intento siempre sentar las bases sobre la realidad. Y pensar un diseño que colabore con el negocio. Que sea funcional en el más cabal sentido de la palabra.

www.estudiogiorgiutti.com

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