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Sábado, 26 de septiembre de 2015

¡Todo el poder a los amigos!

El macrismo pide que, por ley, el muy amigo y blando COPUA quede por encima del Código de Planeamiento. Un caso en Floresta muestra lo que puede llegar a pasarle a la ciudad con este golpecito de Estado.

 Por Sergio Kiernan

Hay veces que el macrismo en funciones se pone francamente angurriento. No le alcanza con mantener el permanente estado de ilegalidad y descontrol en la ciudad, tan conveniente al cobro de peajes y a los negocios amigos. No le alcanza con la frialdad hacia la legalidad más básica y la abierta protección a la especulación inmobiliaria. El PRO está como entrando en una etapa superior, de su fundador al heredero, y va por todo. La nueva idea es simplemente cancelar el Código de Planeamiento Urbano y reemplazarlo por las decisiones de ese ente que nadie votó, que nadie entiende y que cada vez que opina lo hace por la especulación y la alta densidad, contra el patrimonio y la habitabilidad. Por ley, el macrismo quiere la “Supremacía” del Consejo del Plan Urbano Ambiental.

Ya en 2008, con el PRO apenas cumpliendo un año de gestión, m2 le dedicaba una nota al COPUA como “La central del lobby” por su constante opinionismo contra proyectos de catalogación. ¿Qué tenía que ver el Plan Urbano Ambiental con el patrimonio? Nada, pero el COPUA disparaba cartas a los legisladores porteños diciendo que nones y nones, cartas reforzadas por apariciones en las reuniones de asesores de arquitectos como David Kullok, vocero oficioso u oficial, y el destacado rol de la entonces funcionaria Bárbara Rossen, que pasó del COPUA a la Legislatura como de la cama al living. El lobby era tan claro, que la comisión de Planeamiento se transformó en una trinchera de resistencia a la protección patrimonial.

Con el tiempo, el COPUA fue bajando el perfil y le dejó la defensa pública de la especulación a grupos más hábiles como el CAAP. En parte esto fue por pedido interno, porque la incapacidad del Consejo de inventar argumentos que al menos parecieran coherentes era notoria. Por ejemplo, llegaron a decir que crear el APH de Flores iba en contra del Plan Urbano Ambiental y tendría un efecto negativo sobre la ciudad...

Con lo que es preocupante de verdad el proyecto 1456-D-2015 presentado por el Ejecutivo porteño que arranca diciendo “ratifíquese la Supremacia de la ley 2930 (la del Plan Urbano Ambiental) sobre el Código de Planeamiento Urbano”. El segundo artículo pide que se cree una autoridad de aplicación del Plan que “en aquellos casos que estudie disrupciones morfológicas” (el castellano agramático es del original) se guíe por la 2930. Y los considerando afirman vaguedades, como que hay “disrupciones en la Ciudad”, y cosas muy cuestionables como que exista de verdad un Modelo Territorial que sea “un instrumento de diagnóstico, análisis y planeamiento”.

Lo que debe estar ocurriendo es que al macrismo ya le molesta tener que seguir el Código y el Plan Urbano Ambiental, con un COPUA amigo o con una autoridad de aplicación futura, le resuelve el problema. Se acaban los cuestionamientos, se pueden saltar regulaciones, cambiar alturas y usos, zonificaciones y límites, con la excusa de lo ambiental.

Brillante ¿no?

En Floresta

Pero mientras el gobierno porteño busca legitimizar al COPUA por ley, ya le dio “supremacía” de facto y lo usa para complicar todavía más el berenjenal tan conveniente que es cualquier trámite en la ciudad. Los vecinos de Floresta detectaron el caso del local de la foto. La obra está en Joaquín V. González 320, plena Area de Protección Histórica Floresta, instrumento que pone límites muy claros de alturas y usos. La obra nueva no puede tener más de nueve metros de altura mas tres en retiro y no pueden usarse más que para escuelas, museos, vivienda o kioscos. Las únicas excepciones, que permiten otros usos, son para locales ya existentes que cambien de mano o locales sobre avenidas. De hecho, el Código que los macristas quieren dar de baja, prohíben taxativamente usos como el de la fabricación o venta de textiles, prendas, pieles, marroquinería, calzados o cueros en general. Todo esto viene muy a cuento porque Floresta está siendo asediada por los outlets y segunda selección. En 2013, Interpretación Urbanística autoriza la obra nueva en el lugar, para construir una vivienda con un local con uso permitido. Pero para 2015, la misma dirección general detecta (en una de sus raras inspecciones) que el local tiene un uso no permitido, el de vender ropa. Pero el área operativa de Interpretación Urbana duda, ya que según ellos hubo “sucesivos cambios de zonificación” sobre esa parcela, aunque en rigor hubo sólo uno, en 2010. ¿Qué hacen? Consultan al COPUA.

Y pese a varias denuncias de los vecinos, a una intervención de la Policía Federal, a dos intervenciones de la Defensoría del Pueblo, a que la obra llegó a tener dos carteles de obra al mismo tiempo, con números diferentes, la dirección general de Interpretación Urbana termina autorizando, el 18 de junio de este año, que se venda ropa en ese local. Y lo que termina de convencerla es la opinión del COPUA. ¿Qué dice el Consejo que nadie votó? Que como el local queda cerquita de la avenida Avellaneda, “la actividad solicitada resulta completamente compatible con el entorno”.

El resto es una sanata de la DGIUR sobre la vitalidad económica y un úkase con una frase nueva, la que dice que “desde el punto de vista urbanístico” se puede vener ropa. Y pensar que al COPUA lo vendían como un regulador del medio ambiente y del uso racional de la tierra.

También en Floresta

El barrio tiene una nueva ONG, la XYZ Acción, que se forjó en el caso de la recuperación del Cine Gran Rivadavia, que reabrió en abril. El grupo tiene mucho de cinéfilos y busca difundir nuestra producción, apoyar las actividades relacionadas con el tema, realizar producciones barriales, cuidar la memoria de nuestro cine y ayudar a preservar ese patrimonio. También tiene un fuerte interés en la preservación patrimonial del barrio y de la ciudad. La preside el arquitecto, defensor del patrimonio y también cineasta Gabriel de Bella, con Alberto Sánchez como vicepresidente, el actor Roberto Caute como secretario y la gestora cultural Marian Rossi como tesorera.

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