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Sábado, 4 de marzo de 2006

NOTA DE TAPA

La versión cartoon

Tres estudiantes del Central Saint Martins College of Arts and Design de Londres –el inglés Tom Gray, la francesa Lea Lagasse y el colombiano Diego Bello– realizaron un juego de “muebles” que ironizan clásicos del diseño. Las versiones cartoon de Eames, Le Corbusier, Mies, Rietveld, tienen una peculiar historia detrás y ya merecieron su exhibición.

 Por Luján Cambariere

Hasta en una Londres que se jacta de ser la nueva capital europea del diseño, desbarrancando a Milán, a la hora de pagar también retacean las libras. Esto es lo que se animaron a denunciar con una ironía muy británica en su trabajo de graduación tres estudiantes de posgrado de diseño del Central Saint Martins College of Arts and Design. Los tres habían sido convocados para equipar uno de los canales informativos de finanzas de Londres, y se tuvieron que arreglar con chaucha y palitos. Así, el Miscellaneous Design formado por el estudiante inglés Tom Gray, la francesa Lea Lagasse y el colombiano Diego Bello, decidió sentar al comitente (los financistas del canal Bloomberg) en cajas de MDF forradas con calcomanías de las imágenes de los clásicos del diseño Eames, Le Corbusier, Mies, Rietveld.

La idea obviamente no era ironizar sobre estos popes, sino justamente sobre cierta moda por lo design que, aun allí, es muchas veces más mediática o marketinera que convicción real o apuesta concreta. Tomando una decisión según ellos aún más “guerrillera”, se apropiaron de las imágenes dibujándolas ellos mismos y al estilo cartoon idearon sofás, sillas, poltronas, apoya-pies y mesitas varias, a los que bautizaron “Iconic Ironic”. La colección tuvo tanta repercusión que participó representando a la escuela en el último Salón Satélite de Milán (2005). Para la presentación, además, sumaron un modelo con el que el visitante al salón podía hacer su propia miniatura de los muebles y coleccionar los clásicos tal y como Vitra lo hace con los originales. Vía e-mail desde Londres, el representante latino del grupo, Diego Bello, cuenta para m2, parte de la génesis del proyecto y cómo es trabajar en las islas.

–¿Cómo llegás a Londres?

–Soy nacido en Bogotá, aunque criado en muchas partes. Viví diez años en Honduras y otros tantos en Cartagena, Colombia. Sólo volví a Bogotá para estudiar diseño industrial en la Universidad Nacional de Colombia. Allí trabajé haciendo diseño P.O.P. y gráfico. Mi plan era viajar a Europa, específicamente a Italia, a fin de conocer un poco más de este negocio y estudiar. Pero luego del trabajo arduo en Colombia quise darme un respiro perfeccionando en Gran Bretaña el inglés de colegial que tenía. Resultó diferente a lo que esperaba. Sabía que había sido la cuna de William Morris, Terence Conran y Jonathan Ive, sin embargo no estaba al tanto de cómo el diseño inglés me movía, cómo me sorprendía y cómo me gustaba. Estaba acostumbrado a escuchar que los británicos producían proyectos imposibles y elefantes blancos. En la Nacional en Colombia como universidad pública que se respete, nos martillaron la idea de que el diseño debería ser “humano y social”. Y yo estaba ahora en Inglaterra sentado en muebles, viajando en buses, leyendo gráficos y usando objetos pensados para la gente, para el minusválido, para el inmigrante refugiado, para el viejo, el homosexual y la madre soltera. Admiraba que el diseño británico no sólo fueran objetos de exhibición impagables. Este es el país del Rolls Royce pero también lo es del Routemaster y de la Raleigh Chopper. Asistí a galerías como Craft Council, Design Museum, Saatchi Gallery, Tate Modern, Jeffrey Museum, estuve en los openings de Roberto Feo, Tom Dixon, Ron Arad, Designers block, Hidden Art y 100% Design eincluso al London Fashion Week, y todo esto me hizo interesarme aún más por estudiar una maestría en diseño.

–¿Cómo elegiste la escuela?

–Fui a varias, como Goldsmiths, Royal College of Art y Central Saint Martins. Al final me decidí por Saint Martins, por ser la más cosmopolita y por su carácter interdisciplinario. Saint Martins es famosa por sus diseñadores de moda como Alexander McQueen y John Galliano, sin embargo Rodney Kinsman y Terence Conran también se graduaron de Central, que es la otra mitad de la escuela. Además la Central ha generado su propia dinámica de trabajo. Es como un laboratorio que observa con lupa los constantes cambios de estilos de vida del mundo, identificando nuevas tribus y nuevas tendencias. Creo que mucho de su filosofía de trabajo se debe al contacto con el mundo de la moda que cambia cada estación y somete al estudiante a una búsqueda de identidad propia. Eso me gustó porque quería saber de qué estaba hecho como diseñador colombiano. Entre al curso de MAID, Master en Diseño Industrial, que dura dos años, en el que la gran mayoría de los estudiantes viene de otras disciplinas como diseño gráfico, textiles, arquitectura, ingeniería y Bellas Artes. Es un grupo mixto de muchas nacionalidades. La escuela tiene primordialmente una alta población oriental y europea, en menor proporción hay gente de Europa del este, de Turquía, India y del Medio Oriente y los latinos somos minoría.

–¿Cómo es estudiar diseño allí? ¿Cuáles son los referentes?

–Tenemos tutores de planta como Ralph Ball, Ben Hughes y Stephen Hayward y muchos visitantes, entre los que se encuentran los diseñadores más destacados de Gran Bretaña y Europa. Ellos dan conferencias o se involucran en nuestros proyectos. Profesionales de Tangerine, IDEO, LG, Forward Thinking, Tony Dunne, Roberto Feo del Ultimo Grito, Innovision, LMB, Design Against Crime, RNID, quienes participan en las evoluciones de nuestros diseños. El diseño inglés se destaca por su originalidad y su factura artesanal. Frecuentemente te encuentras con gente que hace pequeñas ediciones, one-offs e instalaciones. Los diseñadores en Inglaterra no se limitan a un solo campo. Constantemente se pasan de muebles a joyería, a modas, a packaging y de vuelta a muebles y así. El consumidor de diseño en el Reino Unido valora el humor que el producto trae consigo, su mensaje y su factura y también les gusta trivializar a los diseñadores famosos.

–¿Había muchos latinos en tu clase? ¿Creés que aportan una visión diferente?

–En mi grupo yo era el único latinoamericano. Los tutores y alumnos se muestran muy interesados en nuestra visión latina del diseño y, en general, les gustan los contrastes y las ambigüedades de nuestras ideas. Ellos te empujan a que seas más radical, a que crees un discurso propio. Personalmente he visto aportes de parte de latinos en varios cursos. A mí me gusta la narrativa que los objetos traen consigo, lo crítico, lo irónico y el humor, en eso creo que les simpatiza bastante a los ingleses, que son bastante irreverentes. En el master de textiles he visto a dos colombianas proponiendo diseños poco ortodoxos, con proyectos relacionados con hábitos alimentarios modernos y mezclando religión con high tech y Santería. Eso ha creado impacto y he sido testigo de que sus ideas seducen a otros diseñadores de otras nacionalidades que las siguen y exploran.

–¿Cómo se gesta el mobiliario que presentaron en el Satélite?

–El master dura dos años. En el primero, el curso se compone de trabajos en grupo que se hacen a manera de competencia con socios externos a la escuela, los cuales acuden en busca de ideas frescas para sus negocios. La escuela se preocupa por balancear el tipo de briefs que se les dan a los students y se aseguran que sean en diferentes ramas del diseño. Así terminás haciendo desde un proyecto electrónico, a otros sostenibles, de diseño inclusivo, ambientales, espacios públicos, branding e imagen y otrosobre un programa en el que CSM es pionero, que es diseño contra el crimen. En el segundo año decides en qué quieres investigar e innovar y así haces tu proyecto de graduación. Los muebles de Milán fueron la segunda reencarnación de un proyecto hecho durante el primer año académico. Fue un proyecto de curación de espacios comunales en ambiente de trabajo. La comisión del trabajo la hizo Bloomberg, el canal informativo financiero más grande del mundo. Bloomberg tiene su cuartel general para Europa en Liverpool Street en el sector de The City en Londres. Ellos invitaron a los estudiantes a su edificio inteligente dotado de toda clase de pantallas electrónicas y espacios interactivos, en los que se escucha música y noticias de todas partes del mundo. El sitio parece un set para una película de ciencia-ficción, y no se reserva un detalle para mostrar su opulencia y ha sido tema principal de varias revistas de diseño y arquitectura de Europa. En la visita nos dieron un tour por la estructura de cristal y nos mostraron el sitio a curar: un lobby contiguo a la recepción. Nos hicieron sentar en clásicas Coconut de George Nelson y nos leyeron el brief: “Colección de muebles con 12 puestos y 3 mesitas para 15 semanas de exhibición, en la semana 8 la colección de muebles así como el espacio debe ser renovada totalmente y el presupuesto incluyendo transporte de entrega y acopio de los muebles es de 5000 libras esterlinas”. ¡¡¡5000 libras!!! En otras partes del mundo es mucho dinero, pero en Londres no. Por lo que aquí pagas y construyes (£5K) puedes pagar en Colombia U$S 1000, lo que significaba compra los materiales más baratos, hazlo tú mismo, y diséñalos para que no desentonen con el espacio tan exigente que nos dieron. Mi grupo de trabajo se llama Miscellaneous Design porque somos tres personas con tres muy diferentes bagajes. Tom Gray es un ingeniero mecánico de tuerca y tornillo, Lea Lagasse es francesa y lo suyo son las instalaciones en video y yo, bueno, soy el diseñador colombiano. Nuestro grupo había desarrollado un concepto llamado “The Evil Twin” o “el gemelo diabólico”, que consiste en que siempre uno de los hermanos gemelos es “perfecto o mejor” que el otro que es el imperfecto y al que se lo compara con el bueno, pero este es independiente y más feliz y honesto. Tomamos prestada esa idea de algún libro de psicología para la renovación de la imagen de dos radios, estaciones inglesas Virgin Radio y Classic FM. En ambas desmenuzamos sus valores corporativos y diseñamos una respuesta irónica y contestataria a los valores corporativos, identificando sus falsos valores y la esencia real de cada una de las marcas. Con Bloomberg fue fácil aplicar la fórmula: una empresa poderosa llena de financistas que siempre quieren más, con un edificio que es impresionante como una catedral y que te da 5000 libras para hacerlos lucir bien. Por eso, con Lea y Tom decidimos sentarlos en cajas de MDF forradas con calcomanías de las imágenes de los clásicos del diseño. La idea inicial incluía aplicar fotografías de los muebles clásicos originales en las caras de nuestros muebles, sin embargo por problemas de derechos de autor y el uso de imágenes mucha gente se opuso, así que tomamos una decisión aún más guerrillera y las hicimos nosotros. Al fin de cuentas los muebles eran una caricatura el estilo cartoon y creaban un balance entre las rígidas formas del mobiliario y las líneas despreocupadas y orgánicas de los gráficos. Los dibujos estuvieron a cargo de Lea, quien dibujo todas y cada una de las múltiples vistas de la colección que originalmente era de 18 diferentes clásicos (sofás, sillas, poltronas, mesas). A Bloomberg le encantó la idea y nos escogieron. Estaban planeados para tres meses y nos pidieron dejarlos por seis. Así que Ben Hughes, director en jefe del curso de MAID, nos propuso llevarlos al Salón Satélite de Milán en 2005 para promocionar el curso. Exhibir en Milán como estudiante fue una experiencia fantástica, que espero repetir en mi vida profesional.

–Ahora, ¿en qué estás trabajando?

–Uno de los aspectos que más me llamó la atención de Central Saint Martins es que ellos tienen un centro de innovación donde se encuentra el Design Against Crime Research Centre, donde se investiga la forma en se cometen crímenes a fin de generar soluciones de diseño y productos a prueba de vandalismo y robo. El centro tiene el apoyo del gobierno y la policía metropolitana. Viniendo de Colombia, donde desgraciadamente el crimen es más común que lo que nos gusta admitir, vi una oportunidad para mi desarrollo profesional. En noviembre de 2004 inicié mi proyecto en diseño a prueba de robo de bicicletas. El alcalde, Ken Livingstone, había ya establecido un impuesto de 8 libras para viajar en automóvil particular para el centro de Londres. Esto habría impulsado a los londinenses a montar en bicicleta para ir al trabajo o la escuela, así como la candidatura de Londres para ser el anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2012. El 6 de julio del 2005 Londres se ganó ser la sede de las Olimpíadas, y al día siguiente y en medio de la celebración las tres bombas explotan en el metro. Un mes después, la población de ciclistas en Londres se duplicó, así como el robo de bicicletas y el mercado negro. Mi proyecto de graduación me ha llevado a investigar el ciclo de este crimen, las técnicas de robo y las diferentes tecnologías tanto de seguridad como las usadas por los ladrones, los tipos de ciclistas, la infraestructura. Mi investigación y mis prototipos me llevaron a ser contratado como investigador en diseño para el Design Against Crime Research Centre. Allí he estado aprendiendo más acerca de cómo se hacen, se producen, se evalúan y se venden proyectos de este estilo. Ellos tienen experiencia en producción de accesorios antirrobo como carteras, maletines, laptops, muebles para evitar el robo de efectos personales en restaurantes y cafés, y otros tantos. Mi trabajo con DAC ha sido seguir investigando en robo de bicis e identificar las áreas en que el diseño puede intervenir. Estoy preparando una serie de experimentos para evaluar su efectividad. Por lo pronto, quiero seguir aprendiendo y espero algún día poder desarrollarla por mi cuenta y en mi tierra, pues pienso que por la complejidad del crimen en Latinoamérica es allá donde está el potencial de desarrollo y la madera fina de esta rama del diseño.

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