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Sábado, 11 de marzo de 2006

ISAAC “COCO” RASDOLSKY

Entre el croquis y la mancha

Ya hay cincuenta kioscos en el centro de Buenos Aires que, junto con las clásicas tarjetas postales para consumo de los turistas, mechan sus ventas con la serie de imágenes relacionadas con temas urbanos que Isaac “Coco” Rasdolsky pintó en estos años.

 Por Matías Gigli

Coco, de este modo superó además de los cincuenta años el difícil prejuicio de exponer sólo en galerías o en las habituales exposiciones colectivas, que lo convocan junto a una decena de “arquitectos-pintores” de firma reconocida como Clorindo Testa, Roberto Frangella, Jujo Solsona, y dentro de los más jóvenes Juan Fontana y Horacio Sardín. Sin ser un grupo –explica Rasdolsky– sostienen un interés especial por expresarse más allá de los planos y las perspectivas.

Coco es hoy un arquitecto volcado de lleno a la plástica y reúne el mérito de estar siempre presente en cuanta convocatoria se genere con sus trabajos de paisajes urbanos ubicado en la vereda de la arquitectura.

Esta serie de pequeñas reproducciones tiene un aire informal propio de su pintura. Así hoy el Obelisco, la plaza Dorrego, muchos bares y escenas de tango se entrecruzan con otros puntos de Buenos Aires consolidando una presencia renovada retratadas al acrílico en grande y después minimizadas para su venta.

Además, entre las muchas tareas que le tocó cubrir a Rasdolsky en su carrera de plástico pasó por escenógrafo y telonero: Coco recuerda con entusiasmo el trabajo de pintura que en una sola noche concretó para la obra de teatro Transpotting en el Maipo y su participación con el grupo teatral Fura des Baus en la Rural.

Otro punto de contacto con la gente y su obra se desarrolla todos los sábados en la plaza Julio Cortázar del barrio de Palermo Viejo, donde tiene un espacio de exhibición y venta de sus trabajos. Además, sus dibujos ilustran habitualmente libros y publicaciones vinculadas con la arquitectura.

La producción de Coco tiene un correlato con su forma natural de expresarse en la vida. La presencia del color saturado y una pincelada decidida convocan a organizar imágenes de una fuerza notable. Cada tema es tomado con entusiasmo y vivido como único al momento de pintarlo. Ese entusiasmo es típico de cualquier charla con Rasdolsky, manchas y más manchas. Los grandes formatos de las obras no parecen ser motivo de estudios minuciosos ni trabajos más calificados, simplemente un gesto de mayor poder abarcativo. Lo importante para este artista es vivir el tiempo de la pintura como un momento singular y proyectado a sentir su ciudad. La producción refleja esta alegría que lo sostiene a diario, que lo convoca a seguir adelante con nuevos proyectos siempre en el límite de la arquitectura con la pintura. Ese es el lugar en el que Coco se encuentra cómodo jugando.

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