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Sábado, 29 de julio de 2006

NOTA DE TAPA

En una casa racionalista

El hotel My BA está por abrir en una casona racionalista de peculiar elegancia en Belgrano, que fue tratada con buen ojo y decorada con el toque justo de artefactos de los sesenta.

 Por Sergio Kiernan

Pese a todas las pruebas al contrario, el movimiento moderno sí tuvo sus momentos de darse aires. Cuesta creerlo, tal vez por la machacona y mediocre insistencia en lo práctico y lo despojado, que terminó en vigas a la vista y ahorremos en todo. Pero hubo un estilo moderno, el racionalismo, que todavía sabía cómo crear ámbitos que te elevaran, que regalaran elegancia y un toque de trascendencia. Lo más notable es que este arte olvidado se ejerció en muchas casas particulares, obras a escala moderada donde se lograron espacios de gran riqueza, cómodos y funcionales sin ser fríos. Esto parece simple, hasta que uno tiene que cruzar un hall de... No hagamos nombres.

Un ejemplo particularmente feliz de este fenómeno está escondidito en la calle Zavala, en la parte elegante de Belgrano que supo ser verde y de grandes cielos hasta que la poblaron de torres impiadosas. La casa, de autor desconocido, es de 1941 y tiene una gemela inmediatamente al lado. La del 1925 será en cosa de días un peculiar hotel boutique con un toque temático muy sesentista y un par de ambientes que fueron rescatados, despejados y tratados con cariño y respeto hacia sus aires racionalistas. Valió la pena, porque lo que surgió, pintado de blanco y poblado de muebles de época, es una muestra de esa elegancia moderna ya perdida.

El hotel My BA es parte de la cadena N/A, que se especializa en escalas moderadas y edificios de rango patrimonial. Entre sus miembros está la formidable quinta decimonónica de San Isidro, una quinta en Tigre de inolvidables mayólicas y un caserón neohispanista en Salta, que esconde con pericia un módulo en altura que simplemente no se ve hasta que uno entró. Para nada fuera de estilo en esta cadena, el My BA Hotel tiene apenas seis habitaciones, un salón de eventos para reuniones profesionales, un bar y una vocación porque todo parezca realmente la casa de los pasajeros.

Una habitaciòn y su notable chimenea en mármol.

Quien llegue a Zavala se encontrará con uno de esos frentes racionalistas lisos, con alguna curva y sin el menor ornamento, que son pura proporción y que esconden con pudor el interior del hogar. La casa tiene un pequeñísimo jardín delantero, más canterón que terreno, un espacio que fue garage y ahora es bar, y su entrada medio que disimulada en un ángulo que mira al garage. Es pasando esa entrada que se encuentra un ámbito que refleja la mano segura y el sentido de elegancia de alguien que sabía dibujar y pensar en tres dimensiones: se entra a un hall de doble altura del que nace una escalera de suave curva, baranda de metal y pasamanos de madera tallada, con amplios ventanales y un gran vestíbulo que balconea. Hasta en esta semana de tormentas y granizos es un lugar que regala luz y sensación de espacio.

Basta subir la escalera para ver que la fiesta sigue. Uno se encuentra en un cómodo hall con lugar para sentarse y un más que original hogarestantería realizado en travertino oscuro y rústico, una suerte de homenaje al espíritu y las horizontales de la Bauhaus. Ahí es que arranca la segunda escalera, rumbo al segundo piso y totalmente en robles claros, y donde se accede a los ambientes principales.

El 1925 fue una de esas residencias confortables que todavía quedan en nuestra ciudad, de las que tienen ambientes generosos, alturas de cielorrasos, armarios y cocinas siempre demasiado chicas –a nadie se le ocurría usarlas de ambiente para estar, como hacemos hoy–. Como la casa pasó de residencia a colegio, fue severamente cambiada: surgieron ambientes nuevos, se perdieron elementos, se tapiaron aberturas y se abrieron otras, se construyó una escalera posterior externa y baños para los chicos, y volaron todos y cada uno de los pisos originales, parquets zigzagueantes de roble. Ileana Sannuto, del estudio Msarq, reporta que la casa estaba impecablemente sólida en lo estructural, sin descalzados, grietas o hundimientos, y todavía se asombra de la notable calidad y fortaleza de su construcción, totalmente en hormigón. Su reconversión, por tanto, se concentró en las instalaciones, en desarmar intervenciones escolares y en replantear lo necesario para crear las seis habitaciones de huéspedes y las áreas comunes.

Un hall del primer piso.

Ahora, todos los pavimentos de la casa son en un microcemento realmente notable –es un material relativamente nuevo y una superación cuántica del cemento alisado– y prácticamente no hay una superficie que no sea blanca. La arquitecta recuperó todo lo posible –escaleras, hogar, muchas puertas de maderas nobles, cerramientos metálicos– construyó baños modernísimos para cada habitación pero manteniendo un toque de época, y se divirtió a lo grande yendo de cacería de muebles y artefactos. Así, hay sillones sesentistas y algunos muy fifties, hay lámparas globo en aceros y vidrios blancos, hay mesitas de patas en ángulo, onda cola de Chevrolet, y hasta hay una inquietante araña Sputnik, de las que tienen como centro una bola de la que salen rayos metálicos rematados por lamparitas. Los picaportes son todos nuevos y únicos, creados por Lilia Torchio, una escultora utilitaria especialista en este tipo de piezas. El toque retro es exacto y funciona con humor en la casona racionalista.

En el primer piso hay un muy bien equipado salón de eventos y una suite principal con dormitorio, sala y acceso privado a un pequeño jardín trasero, que se viene con un ángulo que recuerda que las Barrancas de Belgrano son más grandes de lo que uno sabe. Arriba, en el segundo, hay tres apartamentos más, todos con baño privado y dos con vista hacia la calle, con terrazas. Abajo hay un sexto departamento, muy pero muy informal y con un baño con tina de patas de león.

Lo que fue el garage recibió la mayor atención. El garage apenas pasaba los dos metros de altura, por lo que hubo que cavar para dar una altura razonable al bar, que quedó a un nivel interesante, medio que abajo de una rampa. Por atrás se concentran los servicios, las cocinas, depósitos y salas de máquinas que necesita el emprendimiento.

La sala de eventos.

¿Cómo funciona un hotel así? El My BA será el primer hotel en la zona que es monotemáticamente residencial, pero en N/A recuerdan que también hay empresas cercanas, universidad y muchas embajadas. Curiosamente, ya empezaron las consultas por noches de bodas para las chicas casaderas de Belgrano. La escala mínima del hotel hace que sea uno de esos lugares donde no hay, por ejemplo, horarios para el desayuno: como en casa, uno desayuna cuando se le canta el despertador.

El hotel tiene un plan a futuro de expandirse apenitas en un pequeño tercer piso, lo cual no cambiará realmente su escala y no será perceptible desde la calle. Lo que será interesante es poder disfrutar de ese ejemplito de elegancia a escala doméstica que da el acceso a esta casa, recuperada y refuncionalizada con buena muñeca.

My BA Hotel abre este mes en Zavala 1925, www.mybahotel.com

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La escalera original de roble.
Imagen: Bernardino Avila
 
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