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Sábado, 6 de agosto de 2005

CON NOMBRE PROPIO › ESTO NO ES UNA SILLA

Blanco en cartel

Esta semana inauguró la muestra Esto no es una silla y hoy presenta el libro de los veinte años de su cátedra. Una semana para el arquitecto y diseñador Ricardo Blanco.

 Por Luján Cambariere

Siempre que se habla de diseño argentino, el arquitecto Ricardo Blanco es cita obligada. No sólo por ser el creador y director de la carrera de diseño industrial en Buenos Aires (FADU, UBA), sino por toda la pasión y obsesión puesta en una disciplina a la que dedicó su vida. El año pasado, su objeto de culto, la silla, se convirtió en libro (recopiló sus trabajos en Sillopatía e hizo otro más metodológico). Este semana fue el turno de la muestra Esto no es una silla en la Fundación Federico Klemm Academia Nacional de Bellas Artes, donde de las más de doscientas cincuenta que ostenta eligió catorce por su relación con el arte. Además, hoy a las cinco presenta el libro 20 años Cátedra Blanco de la Editorial Commtools en El Dorrego. Antes del estreno, habló con m2.

–¿Ahora resulta que no son sillas?

–No son sillas. Son un poco más que sillas. La silla, yo creo, nunca fue solamente una silla y mucho más desde que el diseño moderno se fijó en ella. Esta es una operación donde se trata de vincular un tema, un elemento clásico del diseño, con ciertas situaciones operacionales del arte. En algunos casos son parecidos formales, en otros son más conceptuales y hay algunas reflexiones específicas. Por ejemplo hay un grupo de diseños que tienen que ver con el piso, como lugar primigenio donde sentarse, una recuperación simbólica que traduzco en la silla de adoquines (Ad-hoc) y la de pasto (Ecochair) como urbano y rural y el felpudo de alambre (Silla Country) y la de coco (Silla Coco). Por otra parte, presento la Tumbona que surge de la referencia que hace René Magritte con su obra Esto no es una pipa. Su cuadro se llama El uso ideomático o la traición de las imágenes y acá es El uso ideomático o la ayuda de las imágenes. La banqueta Kafka que viene a cuento de la introducción de La Metamorfosis donde en vez de un escarabajo puse una banqueta. En 1 y 3-Silla Aluminium jugué con la operación conceptual de Kosuth que trabaja con la imagen, el objeto y su descripción. Y después, hay otras asociaciones directas como la de Man Ray con mi Silla de Ingreso a Duchamp a través de la Silla de Mutt. Y una de las que más me gusta, mi Silla de Uecker. Siempre me fascinó el uso del clavo que hace y esta silla acompaña a su mesa Tisch y además quiebra la obviedad de poner clavos en los asientos como se ha hecho mil veces.

–¿La elección de las piezas es por su cercanía al arte?

–Claro, porque tenían una entrada de otra índole: la reflexión. Ni lo funcional ni lo tecnológico, aunque eso está por sobreentendido, porque yo no soy artista. Yo uso los argumentos del diseño.

–¿Qué opina de la espiritualidad de los objetos?

–Qué pregunta, yo creo que más bien los objetos se vengan conmigo. Saben que no puedo hacer algo y los tornillos se salen o no encajan, ésa es la parte espiritual que les encuentro. Yo opero con sillas que son casi un material para mí, no una pieza.

–¿Puede un industrial jugar con eso o sólo en estos casos?

–No, para mí en el trabajo cotidiano es peligroso jugar con eso porque uno trabaja para un usuario concreto y un cliente. Lo que pasa es que en el fondo yo considero que ya nadie necesita más una silla nueva, no hay una necesidad. A lo sumo hay deseo. Entonces me siento liberado para hacer lo que quiero y me divierto.

–¿La duda viene a cuento de esto de “Diseñar diseñadores” de lo que habla en su nuevo libro?

–Todo el trabajo pedagógico que hago siempre está pensado para tratar de que los diseñadores puedan explotarse a sí mismos. Porque si bien con el tiempo pueden cambiar los estilos, también es cierto que desde la docencia siempre fuimos tratando de que cada diseñador encuentre su propio perfil. Aunque, a pesar de eso, algunos han creído que hay una mirada “Blanco” determinada.

–¿La exposición pesa?

–No, yo siempre hice todo naturalmente. Y en general, debo decirlo, siempre he recibido más afecto que críticas. Y eso me emociona y me hace seguir trabajando porque hay que seguir sumando. Acá el diseño no está todavía asentado como debiera.

–¿Qué le han devuelto sus estudiantes?

–Mucho afecto, que es lo que más me importa, y su éxito que me enorgullece.

–¿Está pasando un buen momento?

–Sí, porque estoy escribiendo. Tratando de cerrar ciertas reflexiones teóricas. Lamentablemente no hay tantas facilidades de publicación y falta debate. Eso es lo que más siento. Sería más rico que se generen más polémicas sobre todo de esta cercanía con arte. Por eso me gusta ver cómo la gente reacciona frente a la silla felpudo o a los adoquines que en principio rechazan hasta que descubren que son blandos. Hoy ofrezco esto y busco saber si a alguno le interesa.

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* Esto no es una silla, Fundación Federico Jorge Klemm. Marcelo T. de Alvear 626, 4312-4443.
 
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