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Jueves, 22 de enero de 2004

“COUPLING” Y “COUPLING US”, EL REBOTE DE “FRIENDS”

Con amigos así...

Luego de diez temporadas, se acerca el final de la sitcom paradigmática de la amistad entre jóvenes. Paralelamente, ya surgió su descendencia temática, repartida a ambos lado del Atlántico. Allí campean las delaciones, el chusmerío, los chistes verdes y bastante frustración generacional.

 Por Julián Gorodischer


Esta gente demuestra la importancia de quedarse solo. Friends tuvo descendencia: después de nueve temporadas, guionistas de Inglaterra y los Estados Unidos reinventaron el bar de la esquina con sillas metálicas o cómodos puffs (según la idiosincrasia nacional) y echaron a rodar la pasión de toda sitcom: el diálogo con remates. Algo sale mal en la era post Central Perk, allí donde los Coupling US (versión EE.UU.) o los Coupling a secas del original británico se adjudican la impunidad del copión: es la misma cita de seis de Monica, Chandler & Co. para entregarse al chusmerío. Pues bien, al menos los Friends tenían eso que, se supone, hay que tener: una vida. Estos maduritos se dedican a embarrar la cancha para que nadie quede bien parado, a boicotear un romance o a hacer chistes de solteros con el mismo y único eje temático: la calentura.
Los Coupling US despliegan la pasión del erotómano: obsesionados por el “Junior”, esa cosa gigante que Patrick (el rubio tarado) lleva entre las piernas. Pasan los capítulos y los obsesos siguen en el bar hablando de que la tiene gigante, de que es enorme pero no la usa, de que la usó con Sally (una de las chicas). Se supo, recientemente, que también se le enganchó en el pantalón. Donde Friends hacía lo posible para reflejar la vida neoyorquina, e impusieron una moda y una forma de hablar propia del uptown de Manhattan, Coupling US ejercita una mala versión de Poné a Francella.
No tengas amigos o quedarás enredado. Hasta los neoyorquinos más famosos abandonaron la dinámica del sexteto para componer parejas. Hace tiempo que Monica y Chandler hacen gags de cónyuges y convirtieron a Friends en algo más parecido a una comedia de alcoba. Ahora se agregan Reachel y Joey en incipiente convivencia y, por si fuera poco, llega un bebé para introducir los tópicos de la maternidad. Allí donde una soltera se hizo madre (recordar Mad about you) todo empezó a decaer, pero estos tipos no aleccionan ni en su último año (sí: éste es el final). Lo que queda es comprobar que, llegados los treinta, se acaba la joda, la salida, la cita a ciegas y la vida citadina. Eso sucede en Friends esta temporada: repartirse en duplas y cambiar de chiste. Prefieren, ahora, el enredo doméstico: “¡Dejaste las ojotas en la heladera!”.
Todos contra todos. Steven Moffat es un tipo que no quiere agregar absolutamente nada nuevo al panorama de sitcoms. Primero lo hizo mal en Londres, con su versión de Coupling de tiempos largos, montaje enrevesado, historias que van y vuelven en el tiempo para contar lo mínimo (un engaño sentimental, por ejemplo). Después aceleró los tiempos y la reversionó al modo americano, con más gags por minuto y con igual propensión a hacer jueguitos lingüísticos. Los dos Coupling retoman la confusión léxica cuando una de las chicas finge ser francesa o uno de los tipos quiere levantarse a una israelí. Alguien entiende mal y actúa en consecuencia; alguien se lamenta por el error. ¿Son incansables? Como fondo de estas entradas y salidas de vodevil, los sillones son el fondo perpetuo para el cotorreo: “¿Se enteraron lo de Sally?”, dice una de las chicas y saca la anécdota de su fracaso sexual. Se cuentan cada romance con el patetismo del que sólo vive para eso, no acreditan profesiones regulares o cuentas corrientes, no hacen alusiones contextuales y mucho menos se involucran en la vida pública. Pero a cambio tienen esa lengua filosa que abochorna al elenco estable de a uno por vez bajo el lema: “Siempre sea el último en retirarse”.
Apocalipsis. La vida entre amigos tiene una lógica prerracional, en la cual no existen argumentos, ni crítica, ni intercambio de ideas. Los amigos hacen gestos raros todo el tiempo para llamar la atención, quieren coger y expresan ese deseo en cuanto pueden. “Hablale con lenguaje corporal”, se aconsejan los protagonistas de Coupling US, y uno emprendeel numerito que se repite: acercarse a la presa (en otra mesa) y volver rebotado. Lo que sigue es la catarsis: “Fracaso siempre”, dirá Jack, entre tantos, y el resto sólo asiente con la cabeza. En el mundo de Coupling, la vida entera se dedica al levante, concebido como descarga erótica, nunca como principio de una relación estable. Si en Friends alternaron parejas en estos nueve años, y hasta hicieron célebres a algunos de ellos, en Coupling apenas se llega al rango de la relación ocasional. Más allá de la cama, está el vacío, y los treinta los encuentran solos y deshechos pero no menos calientes. Si los veinteañeros Friends de los años ‘90 tuvieron sueños de madurez (crecimiento laboral y matrimonio), los treintañeros vivencian el ocaso: ese sueño fracasó. Lo que queda es esta rutina de tragos y cafés en el mismo bar de siempre, más gordas y más pelados, en Nueva York o en Londres (¡el problema es global!) y con la maníaca sonrisa que genera el chiste verde. Una más y van: “Mirala –dice Jack, o Jeff, o Patrick–, ¡qué par de tetas!”.

Friends novena temporada se emite por Warner Channel los martes a las 20 (repite los domingos a las 18). Coupling se puede ver por I-Sat los viernes a las 21 (repite domingos a las 19). Coupling US va por Sony los martes a las 21.30 (repite domingos a las 18.30).

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