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Jueves, 18 de marzo de 2004

DOS BABASONICOS CON ENTUSIASMO, IDEAS Y SOBERBIA

“No nos excusamos por ganar plata”

Mariano Rodríguez y Diego Tuñón ocupan una segunda línea de exposición masiva, detrás del magnético Adrián Dargelos. Antes de su show más grande, los dos tienen cosas para decir: de ellos, de los otros (¿los oficialistas?), el éxito y el rock políticamente correcto.

 Por Roque Casciero

Escucharla por la radio –a cada rato–, puede llevarte a pasar por alto su esencia y mensaje, pero Putita es una de las claves de Infame, séptimo y consagratorio disco de Babasónicos. El camino a la fama no significa nada si no hay una misión. Más claro, imposible: basta de ser carne de reality, paren de buscar las luces sin saber por qué. A punto de tocar en Obras (al aire libre), Mariano Rodríguez y Diego Tuñón aseguran que ellos nunca supieron del todo cuál era la misión de Babasónicos. Porque eso implicaría “demasiada racionalización”. “Adherimos más a lo irracional”, se excusa Diego. Sin embargo, entre las respuestas de ambos se puede hacer encajar las piezas. “A lo largo de nuestra carrera aparecieron nuevas misiones, que cumplimos... ¿o no?”, duda Mariano. “Es muy difícil plantearse algo y persistir durante doce años. Fuimos planteándonos nuevas misiones en cada momento nuestro, en cada disco.”
–Pero, cuando comenzaron, ¿tenían claro un objetivo?
Mariano Rodríguez: –Al principio, cada uno se plantea diferentes misiones que, en general, no son las que termina cumpliendo. En aquel momento teníamos una cantidad de entusiasmo, ideas, soberbia... Un montón de cosas que nos pasaban, y pensábamos que eso tenía que darse inmediatamente, pero nos llevó un montón de años concretarlas.
Diego Tuñón: –Estaban empezando los ‘90, queríamos cerrar lo que era la música anterior e introducir lo que nosotros considerábamos contracultura, lo que entendíamos que podía ser nuestra forma de comunicarnos con la juventud de ese momento. Queríamos componer canciones que, de alguna manera, guiaran hacia el caos que nos gusta. Sentíamos que ninguna banda ofrecía una nueva vuelta de página hacia el rock.
M.R.: –En el momento en que aparecimos, la situación era muy adversa, aunque no lo supiéramos. Nuestro primer disco era un choque frontal contra la realidad. A mediados de los ‘90, esa situación se volvió casi oficial, pero nosotros no. En el ‘97, algunas bandas como Molotov tomaron ese conjunto de ideas y lo llevaron a un lugar de oficialismo en el mundo latino.
D.T.: –Cuando nos enfrentamos a hacer un disco después de Trance Zomba, si seguíamos dentro de la línea que estábamos marcando, íbamos a hacer casi lo mismo que estaba sucediendo en el mundo. Y siempre quisimos tener una particularidad. Además tomamos los discos casi como manifiestos. Intentamos decir algo, más allá de que conocemos el límite de lo que significa ser un rockero. No es que nos creemos que el rock es algo muy útil. Quizás pueda ayudar a confundir, pero no es el lugar para hacer política...
M.R.: –En todo caso, el rock no debería clarificar. Mucha gente tiene la concepción de que los rockeros son una especie de preclaros que le van a explicar cómo es el mundo y la vida. Y, en realidad, el rock debería ser todo lo contrario.
D.T.: –Lo mejor del rock es cuando abstrae, cuando te saca de la realidad. Pero hay muchos rockeros que asumen la posición de contadores de la realidad o de representantes de alguna clase.
M.R.: –No los juzgo, cada uno hace lo que le sale.
D.T.: –Igual, yo detesto el rock políticamente correcto, el que asume y le dice al público lo que éste quiere escuchar. Me parece asqueroso.
M.R.: –Todo lo políticamente correcto es choto.
–Si todo lo que hacían se convirtió en oficialismo, ¿ustedes se corrieron a propósito de ese lugar?
M.R.: –No... Igual, cuando hablaba de eso, me daba cuenta de que eso no pasó en la Argentina. Acá, lo oficial era ser políticamente correcto, “auténtico”, igual al público...
D.T.: –Nosotros tratamos que los discos circulen por caminos que no hayamos tomado. Incluso, en nuestra soberbia, creemos que el rock nunca ha caminado por esos pasos. Siempre intentamos voltear las barreras de lo que parece que el rock no puede ser. Lo que sucede ahora es que se concreta deotra manera, porque ya somos una banda con más de 700 shows encima y nos hemos convertido en una especie de orquesta. Quizás nunca supimos tocar perfectamente como saben hacerlo las orquestas... (se ríen), pero aprendimos de nuestros propios silencios, nos desarrollamos en lo que cada uno puede hacer mejor, y entonces quizás las cosas nos salen un poco más claras. Eso, más allá de la oscuridad y la psicodelia que tenemos adentro.
–¿Esa claridad no conspira contra la búsqueda del caos que se proponen?
M.R.: –La claridad de Infame conspira contra lo que éramos antes, entonces genera caos. Si agarrás Dopádromo y lo ponés al lado de Jessico, te preguntás cuáles somos, cuál es la verdad. Eso genera un caos dentro del catálogo de la banda.
–Entonces, ¿la verdad es que no hay verdad?
D.T.: –Claro.
–¿Sienten obligatorio tener nuevas verdades, reinventarse?
D.T.: –Es una obligación tener una justificación de existencia. Trabajamos para diferenciarnos y para aprovechar muchos caminos de la psicodelia. Ahora todo tiende a no ser psicodélico, porque casi nadie puede penetrar en un medio y existir si tiene la confusión que siempre propuso la psicodelia.
–¿Ahora ustedes son el “oficialismo rockero”?
M.R.: –No. Nunca me sentí oficialista, siempre sentí que hay alguien siendo más oficial. Hasta el día de hoy. Cuando seamos oficialistas, tal vez sea el momento de retirarse. No sé si me banco ser oficialismo. Tampoco somos oposición, porque somos una parte de la realidad.
D.T.: –Ser oficialista es estar de acuerdo y nosotros no lo estamos. Igual, el éxito nos encanta. Yo siento que nací para esto. Me encanta tocar todos los fines de semana, la vida que estamos haciendo. Pero no por eso siento que esté representando a nadie ni le voy a dar un consejo a la gente.
M.R.: –No somos como los que se excusan porque ganan plata. Hay tipos a los que la realidad los pasa por arriba, porque no pueden sostener la postura que adoptaron en un momento cuando viven la realidad de un tipo que gana fortunas. Pero, bueno, cada uno carga con lo que tiene que cargar.
D.T.: –Aparte, nosotros siempre fuimos muy irreales. Estamos en el boicot. Y ahora, más allá de que los medios nos hayan aceptado, el boicot sigue en pie. Ahora tenemos la suerte de llegar a los niños, algo que para el rock es perfecto...
M.R.: –Es lo más peligroso de todo (risas).
D.T.: –Cuando vi a Freddie Mercury en pantaloncitos, me dije: “Acá pasa algo, esto está buenísimo, ¿mi viejo es un pelotudo?”. Y si ahora tenemos acceso a los chicos, el boicot continúa.

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