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Jueves, 26 de agosto de 2004

LOS CAMINOS NO TAN DISTINTOS DE SANCAMALEON Y EPPURSE MUOVE

Bailá, pero no te calles

Dos bandas que eligen distintas formas de expresión confluyen, sin embargo, en una búsqueda de conexión con ritmos y sentires de la tierra. Desde el rock, parten hacia todas las direcciones posibles para movilizar oídos, corazones y cabezas. En eso están. POR CRISTIAN VITALE

Sarcasmo y movilización
Una serie de salmos apócrifos previenen sobre las intenciones de Sancamaleón: “Y Sanca vio a una mujer embarazada y le dijo: ‘Te llenaron la casilla de hotmail’. Y Sanca dijo: ‘El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’. Y Santo Biasati se la clavó en el ojo”. (S.6.34). En la tapa de Canción para niños sin fe, miles de fieles marchan bajo un santo con anteojos de sol y una paloma encrespada que se le escapa de las manos. Es el santo que los nombra, y que aparece acariciando a un chico cuya boca se posa peligrosamente cerca del miembro masculino. “La idea es reírnos un poco con este pastor perverso, cínico, gracioso y corrupto. De ahí el librito interno con esos salmos”, explica al No Federico Cabral, cantante. Sancamaleón –Cabral más Diego Fares, Patricio Pérez, Diego Fernández y Nicolás Moauro– editó su disco luego de cinco años de militancia indie y por eso es una síntesis de lo que hacen desde el origen, con el plus paramusical de los salmos y un cierto sarcasmo místico. “Es como jugar con nuestra infancia católica, pero ojo... No nos reímos de la fe de la gente, de hecho tenemos inquietudes espirituales. Lo que no podemos tomarnos en serio son ciertas estructuras que el hombre creó”, redondea Fede. Muy lejos ya de Zeta Bosio (“Nos sirvió que alguien reconocido se fijara en nosotros, pero realmente nunca tuvimos mucha relación con él”), Sancamaleón evade definirse. Una breve escucha los revela como una máquina mezcladora de ska (Si te vas), samba en Sambódromo –”No quiero más rock and roll / quiero aprender a sambar”– o rock latino-combativo (Abrí tu boca, Un día de estos, La venganza de la Pachamama), pero ellos se resisten al estereotipo. “Somos una banda que no sabe en qué puede terminar... Quizás viejos y gordos, tocando polcas en La Boca. No tomarnos muy en serio para no ser obvios.”
–¿Dejaron de ser latinos y combativos?
–Los temas de la primera época pueden remitir a ese rótulo (otra cita es El camino, tema que los introdujo en una polémica fabricada por Daniel Hadad, por reivindicar “a lo Robin Hood” a pibes que roban y reparten el botín), pero nos parece que hoy la banda es algo más. Uno no es siempre el mismo, somos humanos y contamos las cosas que nos pasan mediante una protesta, una canción de amor o una comida que nos cayó pesada.
–Entonces, ¿comprometidos o hedonistas?
–Somos conscientes de que lo que decimos es importante para algunas personas y nos hacemos cargo de ese lugar... Pensamos que una canción introducida en tu cerebro en el momento justo, puede hacer que algo en vos cambie para mejor. Pero también la pasamos muy bien y nos gusta divertirnos. ¿Qué es el rock si no todo eso?
Pensamiento y acción
–¿Qué es el rock para Eppurse Muove?
–Algo que aún está redefiniéndose... y nosotros con él –el que contesta es el Zorro, cantante.
–Yo no sé si seguimos siendo una banda de rock –interviene Diego, guitarrista–. Tal vez, por una cuestión de sonoridad, sí, pero creo que la búsqueda espiritual de la banda pasa por identificarnos con la historia del lugar en que vivimos. Es una personalidad que no está estipulada, que no es rockera, folklórica ni tanguera, sino una identidad completa de todo eso. Hay caminos infinitos y vírgenes por recorrer.
–¿Están en esa búsqueda, incluso por afuera del rock?
Diego: –Musicalmente, el rock tiene mucho campo agotado. Además, hay una cosa de personalidad... Por ahí vas a ver a Peteco Carabajal y es rock, por más que el chabón toque una chacarera tras otra. Hay una actitud en él que te lleva a revolucionar, celebrar y combatir. Para Eppurse, entonces, el rock es otra cosa. La portada de Tierra de fábulas –flamante tercer disco de la banda– también revela buena parte de su contenido, aunque el tono sea distinto. Un cartón que se despliega en cruz muestra hacia el exterior un cielo tormentoso, árboles caídos, vagones de tren abandonados y la sombra de los músicos en medio de un panorama que parece desolador. “Sin predeterminarlo, el disco tiene una cosa conceptual. Siempre el hombre en el medio, en la búsqueda y en nuestro dolor como personas”, extiende Diego. Tierra de fábulas da con la idea de un lugar geográfico, y al mismo tiempo otro lugar ubicado en nuestra alma, en nuestro cerebro... De los viajes internos”, explica el Zorro.
Eppurse Muove –Zorro, Diego, Raúl, Andrés, Gustavo, Facu, Guille y Martín– nació como una banda intencionada en recuperar una cierta conexión del “rock nacional” con los ritmos de la madre tierra (de ahí, la cruza de éste con sonidos autóctonos) y redefinirla hacia el futuro. En ese sentido, Tierra de fábulas es la confirmación de aquel objetivo, el cauce definido en una forma de sentir la música ligada al suelo natal. Así suenan, entre zambas, chacareras y candombes, Al sol, Guerrero, Cuento, Fuego y Seis puntos de vista de un sauce. “Me lo dijo un pibe en un recital: ‘Eppurse no se parece a nada: Eppurse suena a Eppurse’. Nuestra búsqueda es encontrar una identidad propia, sin tener que encasillarnos en fronteras que nos limiten. Componemos desde la angustia, la alegría, la soledad, la comunión y la esperanza”, avisa el Zorro.
–¿Hay cierto tono existencialista en el disco?
Diego: –El disco suena introspectivo a diferencia de Villa Febris, que era más para arriba. Pero creemos que no es un drama compartir los vacíos existenciales que tenemos los seres humanos... Las preguntas sin responder, los dolores de cada uno: está bueno explotar ese lugar y compartirlo. Siempre hay eslabones que faltan de la cadena que uno arma, y esto merece ser festejado. Es como celebrar el espíritu, la identidad humana.
–¿Es una forma de resistencia?
Diego: –Es que todo el mundo le escapa al bulto, al dolor, y trata de hacer lo que más divierte. A mí me suena mucho a cultura vacía, porque vivir así aleja de los cuestionamientos básicos del ser humano: por qué estamos acá, para qué. Salís a la calle y es un pum para arriba de gente que en verdad está hecha mierda. Todo el mundo tiende a hacerse el boludo y a hacer cosas que diviertan o convoquen, dejando de lado un sector vacío, sin espejos, sin identificación. No es un bajón compartir lo que nos duele.

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