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Jueves, 12 de mayo de 2005

EL TERCER EPISODIO DE “STAR WARS”

Luz y fuerza

Pasaron 28 años del primer “Star Wars”. El tercer capítulo –de seis films en total– será el último en estrenarse. Todo puede esperarse de una saga que empezó por el número cuatro, llegó al seis, volvió al uno y termina en el tres, como el Juego de la Oca. Pero no hay ocas: hay buenos, malos, luces y fuerza’s que transcurren en un tiempo y en una galaxia muy lejana. Aunque George Lucas facturó millones en la Tierra, aquí y ahora.

 Por Eduardo Fabregat

Para el mundo de los no-fanáticos del universo de la Fuerza –que los hay, y son unos cuantos–, la andanada de asuntos relacionados con el estreno de la última Star Wars se parece más a un dolor de marketing que a una cita de honor. ¿Cuáles son los piolines que mueve la historia pensada por Lucas en 1971, cuando era un ignoto director aficionado, y que finalmente filmó en 1977, contra los pronósticos de todos sus conocidos? En la época del estreno de Star Wars Episode IV - A New Hope, el cine de ciencia ficción recordaba las mieles del éxito de 2001: A Space Odyssey, de 1968, pero no recibía demasiada atención de los estudios. Pero Lucas no pensaba en un producto tan “científico” como el de Stanley Kubrick: quería rescatar el espíritu lúdico de los seriales de Flash Gordon, y volver al escenario de las viejas películas de los ‘50 y ‘60, en un diseño menos camp y una batería de efectos especiales que las hiciera más convincentes. En el guiso final terminó mezclando las epopeyas de guerra, el cine de espadachines, las sagas nórdicas, algo de Tolkien y un toque de conflicto psicologista (El “Yo soy tu padre” de Darth Vader a Luke Skywalker en The Empire Strikes Back sigue apareciendo cíclicamente en películas, series, dibujos animados y un largo etcétera), sin olvidar la cuestión base de todo film de aventuras: la eterna lucha del bien contra el mal. Star Wars se estrenó, con escasísimo ruido y poca promoción, en un puñado de salas de Estados Unidos. Poco después, ya era un hito del cine contemporáneo.

El logro no es nada menor. Salvo Sir Alec Guinness (Obi Wan Kenobi) y Peter Cushing (Grand Moff Tarkin), los actores eran perfectos desconocidos, la línea argumental no convencía a nadie y los diálogos no resistían mucho análisis. La filmación fue una auténtica pesadilla, con máquinas que producían innumerables problemas (Lucas y su equipo diseñaron una cámara especial para filmar las batallas), una tormenta inesperada que destruyó toda la escenografía en Túnez –donde se filmaban las secuencias del desierto de Tatooine– y una fase de filmación en Inglaterra con los técnicos locales cuchicheando entre sí sobre la pavada que estaban filmando, y haciendo pausas reglamentadas para tomar el té que retrasaban todo aún más.

Y, sin embargo, el mundo deliró. El asunto era simple y estaba bien adornado: estaban los malos, el Imperio; y los buenos, los Rebeldes. Con la Princesa Leia (Carrie Fisher) a la cabeza, los Rebeldes habían conseguido los planos de la Estrella de la Muerte, una estación espacial con mortífero poder de fuego. Pero Leia caía en poder de un villano de esos que dejan marca, Lord Darth Vader (David Prowse, con la profunda voz de James Earl Jones), y allí tenían que ir al rescate Luke Skywalker (Mark Hammill), un granjero que descubría habilidades desconocidas con el sable de luz gracias a la enseñanza de algo llamado la Fuerza, a cargo del viejo Caballero Jedi Obi Wan Kenobi (Guinness); el pirata espacial Han Solo (Harrison Ford) y su peludo acompañante, Chewbacca the Wookie (Peter Mayhew). En el medio, una colección de bichos galácticos de toda clase y dos robots que se robaban la película: el cargoso C3PO (Anthony Daniels) y el encantador R2-D2 (Kenny Baker). Al final el bien triunfaba, Tarkin moría en la explosión de la Estrella de la Muerte y Vader zafaba por poquito.

A medida que fueron pasando los años, Lucas acomodó el discurso de acuerdo a lo que iba sucediendo, y así es que hoy asegura que todo lo que vino después estaba en los planes previos. Pero lo cierto es que esa decisión de empezar por el número cuatro y dar una síntesis explicativa al comienzo era su homenaje a la cultura de los seriales: la recaudación de A New Hope fue lo que decidió la realización de la trilogía. En 1980, Irvin Kershner dirigió la que es considerada (al menos hasta ahora) como la mejor del paquete: El Imperio contraataca. Más oscura y con un Hammill algo estragado por los excesos que el éxito le había permitido cometer, la segunda peli introdujo la paternidad de Vader, al anciano Maestro Yoda, el pirata redimido Lando Calrissian y varias líneas a cerrar en la siguientepeli, como el congelamiento de Han Solo en un bloque de carbonita. En 1983, El regreso del Jedi fue la más naïf del trío, con un cierre de telenovela (Luke y Leia son hermanos, papá Vader se redime y todos contentos), personajes más de merchandising que con valor dramático (como los Ewoks), pero aún así con escenas de colección, como el duelo entre Luke y Vader y la siniestra presencia del Emperador (Ian McDiarmid).

McDiarmid, además de los androides tipo Laurel & Hardy, es uno de los pocos que reaparece en la nueva trilogía, que Lucas arrancó en 1999 con La amenaza fantasma y siguió en el 2002 con El ataque de los clones. Decidido a contar la historia de Vader desde su infancia como Anakin Skywalker, Lucas dio un primer film algo decepcionante y un segundo que levantó la puntería, sobre todo porque se veían venir todas las amenazas que estallan en la película que se estrena el próximo jueves. De a poco, aprovechando los hilos sueltos de la trilogía original e inventando sobre la marcha para llenar los agujeros, explicar detalles de la historia, hacer guiños al espectador avezado y cerrar todo con un moñito, George Lucas se dio el gusto de completar a lo grande aquella línea inicial de “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...”. En sólo siete días, millones de personas conseguirán el milagro de no pestañear por un par de horas, para llegar al final y descubrir, con algo de melancolía, que acaban de clausurar una parte de su infancia.


Información sobre La venganza de los Sith que quizá no quieras saber

¡Cuidado!

El Episodio III se concentra en el pase del año de Anakin a la Liga Oscura, pero también cierra unas cuantas cuestiones esbozadas a lo largo de las cinco anteriores. A saber:

- El decrépito estado del Emperador en el Episodio VI no se debe al paso del tiempo ni a un problema con una crema rejuvenecedora: en ROTS hay una pelea con Yoda a puro sablazo y brotes de Fuerza, lo que deja a Palpatine con esa carucha y esos dientes, y a Yoda con el aspecto aún más frágil y que se le conocería en The Empire Strikes Back.

- Al mismo tiempo que Yoda y Palpatine, Obi Wan Kenobi y Anakin Skywalker le ponen el cuerpo al momento más esperado. El duelo tiene el fondo volcánico de Mustafar, e incluye algunas escenas por las que el film fue recomendado “Para mayores de 13”. Kenobi le corta a Vader las piernas a la altura de la rodilla, luego un brazo, y se aleja mientras su antiguo discípulo se cocina en la lava, prometiendo venganza a los gritos.

- Palpatine tiene un papel central: sus manejos políticos en la primera mitad le permiten tomar control total del Senado, minar la confianza de senadores corruptos en los Caballeros Jedi y preparar el escenario para proclamar el Imperio. Cuando Skywalker finalmente se pasa al Lado Oscuro, Palpatine envía a todos los escuadrones de clones la “Orden 66”, por la cual se vuelven en contra de sus generales Jedi y los asesinan.

- También queda explicado por qué algunos Jedi se desvanecen en el aire y otros simplemente mueren: en plena debacle Jedi, Yoda rescata del templo un libro donde se explica el modo de comunicarse con los Jedi a través de la Fuerza. Yoda le revela a Kenobi que está en contacto con Qui-Gon Jinn, y que él deberá aprender el mismo recurso en su exilio en Tatooine. De allí la desmaterialización de Obi Wan en su nuevo duelo con Vader en la Estrella de la Muerte, y sus posteriores apariciones fantasmales.

- La peli ofrece un giro menor en cuanto a la historia general, pero inesperado: Yoda comanda un ejército de clones en Kashyyyk, un planeta asediado por los Separatistas del General Grievous y habitado por wookies. Tras la ejecución de la “Orden 66”, los únicos sobrevivientes de la masacre son Yoda y... Chewbacca. Cómo ese compañero de batallas de Yoda llega a la nave de Han Solo, es un tema que quedará para la serie de TV que ya se prepara.

- En ese sentido, hay un guiño inconfundible: Bail Organa, senador de Alderaan, se va con Leia bebé en la misma nave que aparece al comienzo del Episodio IV. Kenobi lleva a Luke al hogar de sus tíos en Tatooine y se pierde en el desierto, mientras Owen se queda con el bebé en brazos mirando el atardecer, igual que Luke en el primer film.


Sólo para fanáticos

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana...

STAR WARS EPISODIO III - LA VENGANZA DE LOS SITH

¡GUERRA! La República se desmorona bajo el ataque del despiadado Señor del Sith, el Conde Dooku.

Hay héroes en los dos lados.

El mal está por todas partes.

En una movida sorpresa, el malvado líder de los androides, el General Grievous, se ha infiltrado en la capital de la República para secuestrar al Canciller Palpatine, líder del Senado galáctico.

Mientras el ejército de androides separatistas intenta salir de la sitiada capital con su valioso rehén, dos Caballeros Jedi lideran una misión desesperada para rescatar al Canciller cautivo...

POR HAN PUESTO

No lo soportás más, ¿no? Sólo una semana para, al fin, sentarse en la butaca y aprestarse a disfrutar lo que apunta como el mejor capítulo de esta serie. La amenaza fantasma tuvo demasiado Jar Jar Binks y nada de Han Solo. La guerra de los clones levantó la puntería, con sólo insinuar que todo estaba a punto de pudrirse y mostrar a Yoda dándole masa al sable de luz. En La venganza... está la papa, el momento más esperado, la verdadera razón para entusiasmarse con el caprichito de George Lucas: el pase al Lado Oscuro de Anakin, su conversión en Darth Vader y el duelo con Obi Wan Kenobi que lo condenará a vestir el traje de villano más grosso de la galaxia. Por fin, George. Basta de diálogos tontos con Padme Amidala, basta de exhibición gratuita de alienígenas sin mayor influencia, basta de cháchara entre Maestro y Padawan, basta de midiclorianos e intrigas políticas, a los bifes: queremos ver al grandote de capa negra respirando fuerte.

Las buenas noticias siguen: el Episodio III fue calificado “no apto para menores de 13 años”, lo cual es un índice de ciertas oscuridades y momentos sanguinarios inevitables, si se tiene en cuenta que estamos hablando de un Jedi al que se le suelta la cadena y empieza a liquidar colegas a diestra y siniestra. Primero será el Conde Dooku, a quien Skywalker le devolverá la gentileza de la manito cortada en su último encuentro, antes de cortarle algo más. Pero también habrá sablazos para Mace Windu (¿El gran Samuel Jackson liquidado por ese tontito de Hayden Christiansen? ¡Lo que puede el Lado Oscuro!), y hasta una clase completa de niños en entrenamiento Jedi. E incluso se volverá contra Padme, atacándola y precipitando el parto de los gemelos Luke y Leia.

¿Cómo es que el pequeño “Ani”, el que iba a traer el balance a la Fuerza, se convierte en semejante salvaje? La respuesta la tiene Palpatine, quien termina de sacarse la careta, confiesa ser Darth Sidious y le ofrece a Anakin todo el poder posible dominando el Lado Oscuro. Palpatine irá destruyendo la confianza de Skywalker en los Jedi, que siguen sin nombrarlo Maestro y lo dejan fuera de la misión de destruir al General Grievous, a cargo de Kenobi. Por otra parte, Anakin tiene una pesadilla recurrente en la que Padme muere al dar a luz, y el Canciller finalmente lo convence de que la única manera de salvarla es utilizando habilidades oscuras.

Así las cosas, Anakin y Obi Wan terminan enfrentándose en el planeta volcánico Mustafar, en un largo duelo en el que Kenobi derrota a sudiscípulo: tras caer en un río de lava, Skywalker será rescatado por Darth Sidious y sometido a una operación que incluye el célebre trajecito negro y la máscara respiratoria. Yoda y Obi Wan, los únicos Jedi sobrevivientes de la masacre, envían a Leia con el senador Bail Organa y a Luke con sus tíos Owen y Beru, en Tatooine, un lugar donde difícilmente Anakin quiera volver. Uno de los últimos planos del film es una reunión de viejos conocidos: en el puente de un destructor, el flamante Emperador, Darth Vader y un oficial llamado Moff Tarkin observan el comienzo de la construcción de la Estrella de la Muerte. Y todo listo para un fin de semana forzoso, encerrados en casa viendo los seis devedés.


Episodio a episodio

Episodio IV: Una nueva esperanza (1977)

En la Tierra: Jorge Rafael Videla conduce el terrorismo de Estado desde la Casa Rosada; La Máquina de Hacer Pájaros, de Charly García, toca en el Luna Park; un Maradona teen deslumbra en Argentinos Juniors; y la televisión todavía se ve en blanco y negro.

Personaje fetiche: R2-D2, rebautizado como “Arturito” por los mismos canallas traductores que llamaron “Crespo” a C3-PO y “mercadeo” al merchandising.

Bonus track: ¿El beso de Leia a Luke no es apología del incesto?Episodio V: El Imperio contraataca (1980)

En la Tierra: El argentino Adolfo Pérez Esquivel recibe el Premio Nobel de la Paz; Guillermo Vilas y José Luis Clerc integran el equipo argentino de Copa Davis; John Lennon muere asesinado en Nueva York; y León Gieco, Seru Giran y Vox Dei participan de la primera versión del festival La Falda Rock.

Personaje fetiche: Boba Fett. Nunca un asesino a sueldo-entregador-grupo de tareas fue amado por tantos niños.

Bonus track: ¿Han Solo congelado en carbonita es un homenaje de George Lucas a Walt Disney?

Episodio VI: El regreso del Jedi (1983)

En la Tierra: Raúl Alfonsín gana las elecciones y concluye la sangrienta dictadura militar; Michael Jackson estrena el video de Thriller; y aparecen los discos Bajo Belgrano (Spinetta Jade), Agujero interior (Virus), Vasos y besos (Los Abuelos de la Nada) y Los Violadores (Los Violadores).

Personaje fetiche: Los ositos Ewok. Metieron en Star Wars el linaje de otros plantígrados como Yogui, los Ositos Cariñosos, el Oso Arturo y el Oso Hormiguero (de la Pantera Rosa). La escena del ewok bebé estimuló el instinto maternal de varias generaciones de cinéfilas.

Bonus track: ¿Seguro que al gordo Jabba lo mató Leia? ¿No será que le dio un bobazo por culpa del colesterol?

Episodio I: La amenaza fantasma (1999)

En la Tierra: El presidente Fernando de la Rúa asegura que “se terminó la fiesta para pocos” en alusión al menemismo; Diego Maradona sube al escenario de Obras durante un show de Los Piojos; Todo x dos pesos se convierte en programa de culto de la TV; y aparecen los discos Bocanada (Gustavo Cerati) y El auto rojo (Pappo).

Personaje fetiche: Jar Jar Binks, aunque su andar desgarbado y hippón recuerda a Poochie, aquel perro “surfer y copado” que introducían en Tomy & Daly para ganar audiencia joven, en un memorable capítulo de Los Simpson.

Bonus track: ¿Qué personaje le va mejor a Ewan McGregor: el de caballero Jedi o el de heroinómano, en Trainspotting?

Episodio II: El ataque de los clones (2002)

En la Tierra: Eduardo Duhalde asume la Presidencia, devalúa la moneda y concluye la paridad peso-dólar; la Selección Argentina de Marcelo Bielsa es eliminada en primera vuelta del Mundial de Corea y Japón; La Renga toca en River y aparecen los discos De la cabeza (Bersuit Vergarabat) y A través del Mar de los Sargazos (Skay Beilinson).

Personaje fetiche: El joven Yoda: astuto, bueno, noble, sabio, poderoso, inteligente, carismático, veloz, buen espadachín... Sólo le faltó facha.

Bonus track: ¡Piquete y cacerola contra Palpatine! ¡Los políticos son todos iguales! ¡Que se vayan todos!

Episodio III: La revancha de los Sith (2005)

En la Tierra: El presidente Néstor Kirchner viaja al Vaticano para presenciar la asunción del nuevo Papa; el ex militar Adolfo Scilingo es condenado en España a 640 años de cárcel; Marcelo Tinelli deja Telefé y se asocia con Daniel H.; Andrés Calamaro vuelve a tocar en vivo después de seis años.

Personaje fetiche: Chewbacca. En Internet se asegura desde hace meses que el wookie más famoso reaparecerá en el Episodio III. Buena ocasión para protestar ante el Inadi. ¿Por qué al final del Episodio IV condecoraron alos héroes humanos (Luke, Leia y Han) pero no al noble Chewie? ¡Discriminación!

Bonus track: ¿Se viene una versión argentina de Star Wars, protagonizada por Florencia Peña y con guión de Axel Kuschevatzky?


Investigación de la Subcomisión de Grandes Temas del No

Los descendientes vivos

POR J.A.

Los hechos vinculados a la Rebelión, el Imperio, los Jedis y los Sith ocurrieron hace tanto, tanto tiempo, y en una galaxia tan, pero tan lejana, que rastrear a los descendientes vivos de aquellos héroes de Star Wars no es sencillo. Pero la Subcomisión de Grandes Temas del No se lo propuso. La “línea jedi” de la investigación no dio frutos: no hay en la Argentina nadie de apellido Kenobi ni Skywalker (aunque algunos aseguran que ése sería el apellido materno del ex Redondo, Skay). En cambio, sí existe un vecino del barrio de Caballito llamado Juan Solo, quien se negó a conversar con el No sobre su supuesto parentesco con el heroico pirata Han Solo, y respondió: “¿Lo qué?”, cuando se le consultó sobre los rumores de que él había heredado el Halcón Milenario.

La búsqueda contempló el margen de error ortográfico; es decir, las típicas deficiencias de los empleados de Migraciones del Sistema Solar, del planeta Tierra y –en particular– de la Argentina, que alteraron el modo de escribir los ilustres apellidos de los herederos de aquellos personajes. Así es difícil confirmar que el maestro Yoda haya sido ancestro de los numerosos argentinos de apellido Gioda, quienes acusan origen italiano, tienen estatura promedio, su tez no es verde, carecen de orejas alargadas y niegan cualquier conexión con el planeta Dagobah.

Pero el gran hallazgo tuvo lugar en la “línea Anakin”, ya que el No pudo dialogar con Roberto Anaquin, de 20 años, estudiante de Ingeniería. “Siempre me hacen chistes cuando toman lista en la facultad”, reconoce Anaquin; “una vez, mientras hacía un trámite, me dijeron ‘que la Fuerza te acompañe’. “Y los más fanáticos de Star Wars hasta me dicen ‘¡qué copado llamarte así!’”, agrega. Roberto vive en Buenos Aires, aunque su familia es de origen salteño. Los Anaquin afirman que su apellido proviene de una cultura aborigen del norte argentino (“creo que se llamaban indios anaquen”, afirma el muchacho).

La posibilidad de estar hablando con un descendiente directo del legendario Anakin Skywalker/Darth Vader obliga al enviado del No a formular una pregunta propia de la señal Infinito: “Anaquin, ¿vos manejás la Fuerza, tenés poderes?”. Roberto responde en serio: “No, poderes no tengo... pero sé curar el Mal de Ojo”. El dato curioso llega de la mano de la enciclopedia Encarta/Microsoft 2003, que asegura que la palabra “anaquen” es utilizada por “muchas culturas como conjuro para alejar la maldición del Mal de Ojo”. Creer o reventar.

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