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Jueves, 8 de enero de 2009

ENCUESTA 2008 > DISCO NACIONAL: UN MAñANA, DE LUIS ALBERTO SPINETTA

El más grande entre los grandes

 Por Cristian Vitale

”Spinetta aburre.” Alguna vez la frase se oyó así, irrespetuosa y desmadrada, en esos megafestivales inclusivos –y cada vez más aburridos– en los que al más grande entre los grandes le tocó estar (siempre de tarde, en un escenario reducido y con el sol poniéndose detrás). Injusticia y ganas de putear, como contra aquel que se atrevió con un naranjazo cuando Luis Alberto debió telonear a Rod Stewart; y algún episodio salteado que ni siquiera es necesario recordar. ¿A Spinetta? A ver: no son demasiadas las fórmulas utilizables para mensurar qué es eso de la buena música. Tal vez ninguna, en rigor, pero algunas andan cerca. De ese enorme gris que existe entre lo objetivo y lo subjetivo emerge una clave: la (buena) música no es como el yogur, porque no tiene fecha de vencimiento: Bach, Piazzolla, Jaime Torres, Beatles o Bob Dylan, donde y cuando sea, siempre caen parados. Y el Flaco pertenece a esa raza. No es la masividad lo que define, tampoco el factor mediático, ni una tendencia determinada: lo que define es un alma, una creatividad, una predisposición innata del compositor a catalizar, procesar y transmitir emociones colectivas.

Y Spinetta tiene todo eso, más un plus: su poesía insuperable. Esa simbiosis entre pluma y sonidos que dio durante 40 años y más de 400 canciones. Siempre habrá jóvenes émulos, inquietos en formación o simples admiradores que estén mirando lo que hace Spinetta, una especie de papá y gurú que siempre conjuga en presente y futuro. Un mañana, su disco más reciente, podrá ser mejor o no que A 18 minutos del sol, Artaud, el doble de los Socios del Desierto o Durazno sangrando –eso lo definen las subjetividades–, pero el conteo de votos lo marca como el mejor del año en la encuesta del NO. Y cuando se vota un disco de Spinetta como el mejor del año, entonces quiere decir que el pulso rocker marcha bien; porque no se vota la fórmula del éxito, ni una moda, ni un look, ni una manija mediática: se vota arte y libertad.

“El disco tiene lo impredecible del futuro, más una dosis de certeza inherente a un momento preciso del futuro (...). Si dijera ‘el mañana’, sería una fanfarronada... Pero uno intenta ver en el futuro y siempre hay un hilo de esperanza que une nuestra fuerza hacia adelante con el sentimiento de un cambio que se necesita inexorablemente, para que la vida sea mejor”, le dijo el artista a Página/12 apenas salió el álbum. Una impecable introducción a un disco que, escuchado una y otra vez, extiende su vida a base de canciones pulidas, trabajadas y bellísimas en melodías que no condicen con ciertas ansiedades megafestivaleras. A la larga, cuando los ganadores pierden, son esas canciones las que ganan.

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