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Jueves, 18 de junio de 2009

JUAN SUBIRA, EL COSTADO DOLIENTE DE LA DIASPORA BERSUITERA

Antología de la angustia

Fisura expuesta, el debut solista del tecladista de Bersuit, es un retorno a las fuentes para su creador –amante de Spinetta, Nebbia y King Crimson–, que extrañaba el trevimiento y la locura de los primeros años de la banda. “No me gustó el último disco de Bersuit, pero ya estaba convencido de hacer lo mío”, dispara. Pero enseguida aclara que el grupo “todavía tiene mucho para dar”.

 Por Cristian Vitale

Tal vez sea el costado más doliente de la diáspora bersuitera: la música que propone Juan Subirá en su disco debut no es precisamente una exaltación de la alegría. La tapa muestra una herida que no cicatrizó sobre una piel rugosa. O un gusano de gala. Como fuere, impresiona. “Estaba en Las Heras y le di el disco a un cieguito, un bersuitero de aquéllos. Pasó los dedos y dijo: ‘Qué bueno está`”, tira él, como al pasar. Devenires del otro pelado, el que fundó Bersuit –antes que se llamara Bersuit– junto a Cordera, Carlos Martín, Pepe Céspedes y Charly Bianco, el que permaneció allí veinte años, tras su teclado laborioso, dando color, calor y densidad al péndulo de estilos que la banda desplegó en una decena de discos. “La idea de hacer algo mío la tenía macerada desde mucho antes, pero esperaba el momento apropiado, porque se sabe que la vida con Bersuit fue muy intensa. Creo que cada individuo, a su manera, estaba esperando transitar una experiencia personal. Esta es la mía”, afirma Subirá.

El cara a cara con el NO se da en una noche gélida, 40 minutos después de la primera muestra en público de Fisura expuesta, el disco. El Pelado II está cómodamente desparramado en el único sillón del camarín del Konex y su fraseo reo, por distintivo, logra superar el murmullo general. Habla del disco, de la historia de Bersuit, de La Salud de los Enfermos –la banda paralela que piloteó a principios de los ‘90–, de por qué ningún Dios te salva la vida –frase clave de Al borde– y de lo que significan para él tipos como Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta o Robert Fripp, un ideario musical que pudo exponer muy poco con Bersuit. “La verdad es que el disco es muy setentista. Me siento plenamente identificado con muchas bandas de esa época. La Salud de los Enfermos estaba muy identificada con cosas experimentales y locas como Crimson, ¿no? Eso también está impregnado en mí.”

–Mucha gente que seguía a Bersuit cuando era una banda de culto, le bajó el pulgar cuando se transformó en una banda de cumbia-rock.

–Claro, es la que siempre pide temas de Asquerosa alegría, o de Y punto, porque la banda en esa época era más osada, más atrevida. Es el lado más intimista que no proliferó demasiado en lo masivo. En un momento nos vimos presionados, necesitados de exponer la parte más festiva. Los conciertos empezaron a centrarse mucho en eso, pero hay una parte muy rica que tal vez se pueda ver mejor en estas partes solistas. Se metía en lugares que después fueron reemplazados por una cosa más de síntesis, de formato canción.

–La “gran Santaolalla”, digamos.

–Y... El nos ayudó a redondear ciertos códigos. Pero eso siempre tiene un tira y afloja; te da y te saca. Extraño la locura y la deformidad. Un disco como Asquerosa alegría no era tan fácil de digerir. Un día fui a casa con una chica, puse el disco y ella me dijo: “Siguen haciendo esa música paranoica (risas)”. Me pareció una definición increíble.

Fisura expuesta, entonces, reincorpora ese todo deforme e intenso que Bersuit había dejado de lado cuando llegaron el billete y la masividad. Sus 14 canciones son como oscuros lados B del éxito. En su mayoría se trata de temas que fueron descartados de algunos discos –en rigor, Subirá los define como una antología de su historia musical– y otros que el tecladista traía desde La Salud de los Enfermos: Cayendo arriba, El túnel, Suicidio fallido de un tango y Relatos de un antisocial, entre ellos. De los demos que no procedieron están Salvavidas de plomo y Al borde (Hijos del culo); El tango que no silbó, Ilusiones, Estación Constitución y Menos uno (La argentinidad al palo); y Milonga del plomero y Clásico día (Testosterona). Retoma Juan: “Una banda es como una sociedad, ¿no? Hay individuos que tienen un gusto, una manera de pensar, y más allá de que la banda nos represente a todos, hay otras cosas que también son importantes. Este trabajo es eso: es mostrar algo que por una u otra razón la banda no pudo absorber. En mi caso, elegí temas con los que me siento cómodo. Busqué un contexto y el disco se encalló en una zona de dolor, de pérdida y de angustia... Un lugar donde me siento bien”.

Indudablemente ése es el tono del disco. Cuando Subirá expone la fisura en el Konex, el marco no se parece en nada a un recital de Bersuit. Ni en cantidad de gente (lógico), ni en clima. Están todos sentados, escuchando. No hay revoleo de culos, ni alguna chica que amenace con mostrar las tetas. No hay fiesta sino música en estado convaleciente, desgarrada y bella por ratos (“Hay un dolor sediento de reposo/ expuesto, como un hueso roto”, se canta en Menos uno). “En realidad, las canciones densas me sientan bien, me identifican, pero en general son un poco resistidas, porque son viscosas, lentas. Por eso aproveché este momento. Dije: ‘Voy a hacer el disco que tenga ganas’, y la verdad es que no tenía obligación de ningún tipo, ni comercial, ni de compañía. Lo pagué yo, lo produje yo y entonces hice lo que se me dio la gana. Es lo que hay”, se planta.

–Hay, además, una veta instrumental que tampoco hubiese tenido lugar en Bersuit. Suicidio fallido de un tango dura casi diez minutos y no tiene letra.

–Tengo muchas ganas de hacer música instrumental, es algo muy rico. Además, la palabra también tiene su desgaste. Ojo, soy un amante de la literatura, pero la música en sí misma tiene una poesía que las palabras muchas veces no pueden alcanzar. Por eso en el disco hay instrumentales o pasajes musicales más prolongados dentro de las canciones. Me tomé libertades que en otras épocas eran totalmente naturales.

–Pese a esto, ¿tenés nostalgia de las épocas masivas de Bersuit?

–No. Las viví con mucha alegría, pero ese crecimiento me pareció un poco desmedido para un grupo que salió de un barrio y de repente un día llenó River. Es una cosa medio rara, pero bueno... Bienvenido fue ese momento. Me quedo con haber tocado en Obras y en Cemento. Eran lugares más adecuados para nosotros. Este momento tiene mucho de eso, ¿no? Agarrar el tecladito, ponérselo debajo del brazo, juntarse con los músicos en una piecita y tocar.

–¿Te costó la (re)adaptación?

–Sí. Incluso me resistía al hecho de pensar en volver a empezar todo de nuevo. Me costó un montón, pero viendo las cosas que estaban pasando, la dispersión y el tiempo libre que eso generaba, dije: “Loco, tengo que hacerlo ahora”. Y me di cuenta de que podía sentir la energía necesaria para encararlo.

–Cordera definió el momento de Bersuit como una floración. ¿Estás de acuerdo?

–De alguna manera, sí. Es un momento de enriquecimiento personal en el plano artístico, donde los integrantes estamos haciendo una experiencia paralela. Me encantaría poder dar todos los discos nuestros juntos en una caja, por ejemplo. Que se vendan así, y el que tenga la demencia de bancárselos y escucharlos, que lo haga. Eso también es Bersuit, sólo que los elementos que conforman la fórmula química están disgregados, separados.

–¿Cuáles son las razones?

–Bueno, veinte años de increíbles vivencias juntos, de momentos maravillosos y también de fracasos. Somos amigos, hemos compartido infinidad de fiestas, de viajes, de conciertos, e incluso muchos de nosotros fuimos amigos antes de la banda. Todo eso está y tiene su desgaste, aunque hayamos aprendido a convivir, a tolerarnos, a decirnos las cosas de frente. Bersuit tiene mucho para dar y estos caminos solistas nos pueden servir para crecer.

–El signo de pregunta que tituló el último disco, ¿fue un presagio de la diáspora?

–Muchos nos preguntamos lo mismo. La verdad es que no sé. No me convenció el título, porque era una cosa bastante trillada en ámbitos que tienen que ver con la publicidad y eso. No representaba la idea del momento, pero... Quizá, más allá de lo que yo piense, defina un momento en el que no se sabía bien qué pasaba.

–¿El disco te gustó?

–No. Pero, qué sé yo, ya estaba convencido de que quería hacer lo mío. Me imagino que a algún loco le habrá gustado.

* Juan Subirá tocará el miércoles 24 a las 21 en el Centro Cultural Konex, Sarmiento 3131.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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