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Jueves, 14 de noviembre de 2002

CORNELIUS, POP JAPONES PA’ TODO EL MUNDO

Extraño ser

Acaparó atención con Fantasma, un disco multiprocesadora capaz de combinar pop, rock, trash y bossa nova. Este año, con Point redobló la apuesta y la verdad es que le salió muy bien... En vivo y en directo desde Tokio, traductor mediante (no habla inglés), el Beck del Lejano Oriente asegura, entre otras cosas, que le gustan los discos de Juana Molina y del Mono Fontana.

POR ROQUE CASCIERO
lEchale la culpa a la globalización. Keigo Oyamada, alias Cornelius, es consecuencia (positiva) del mentado proceso: es un músico japonés que le debe su seudónimo a una serie de televisión estadounidense, que toma sonidos de latitudes lejanas (Brasil, por ejemplo) y que produce una mezcla ecléctica capaz de cautivar a oyentes de todo el mundo, Argentina incluida. Point, su último disco, sirve para graficarlo bien. “Point significa varias cosas”, explica en una extraña comunicación telefónica (un traductor decodifica japonés al inglés) que une Tokio-Buenos Aires. “Puede ser una perspectiva, un punto de vista, un punto o el tema de una historia. Yo lo tomé en la acepción de cómo cambia la perspectiva de la gente si mira desde un punto de vista o de otro. En el disco también hay una canción llamada ‘Drop’ (‘Gota’), en la que imaginaba una gota cayendo sobre la piedra. Y donde cae la gota es donde está el punto. Pero el agua luego fluye desde ese punto. Esa imagen me hizo pensar desde dónde comencé y cómo fluyó la música. Todo esto tiene relación con el subtítulo del disco, From Nakameguro to Everywhere (Desde Nakameguro hacia todas partes). Nakameguro es el punto, el lugar donde tengo mi estudio; desde allí, la música va hacia todos lados y fluye. Por eso creo que no hay una sola razón por la que elegí el título del álbum, pero parecía simple. Y adecuado para eso de dónde empiezan las cosas y hasta dónde van.”
–El disco tiene muchas ideas musicales diferentes y mezcladas. Por ejemplo, melodías con pajaritos cantando seguidas por un tema tipo Pantera y luego un cover de “Brazil” (sí, la del “naná naná naná naná). ¿De dónde viene tu eclecticismo?
–Creo que sucedió, simplemente, cuando fluyó la música. Pero no es algo extraño: uno pasa un buen rato y después lo pasa mal; en un momento te reís y al rato estás enojado. Así funciona todo...
–A menudo se te relaciona con Beck. ¿Es justa esa comparación?
–Me gusta Beck, así que no me cae nada mal que me comparen con él. Por otra parte, puedo ver algunas similitudes entre ambos. Por ejemplo, que ambos somos solistas. Pero también tenemos muchas cosas diferentes.
–Ozzy Osbourne también es solista...
–(Se ríe) Creo que también tengo cosas parecidas a Ozzy.
–Tu biografía dice que aprendiste a tocar la guitarra inspirándote en Black Sabbath, precisamente. ¿Cómo fue que empezaste a interesarte por la música?
–Recuerdo que cuando era chico veía dibujos animados japoneses de monstruos como Godzilla y que me atraía mucho la música de esos programas. La televisión en colores apareció cuando yo era muy chico. En ese momento, la economía japonesa era muy fuerte y la televisión se convirtió en una influencia muy grande. También era una forma de conseguir mucha información. En Japón había un boom de la natalidad, así que había muchos chicos y por lo tanto muchos programas para chicos. Creo que entonces fue una gran influencia, pero la verdad es que ahora no miro demasiado la tele. Mis comienzos con la música fueron en un club de tambor tradicional japonés, cuando estaba en segundo grado. Tres años más tarde, tomé una guitarra que había en casa y empecé a tocar. Ya en la secundaria, tocaba en varias bandas con diferentes amigos y grabábamos casetes que le dábamos a la gente que iba a ver los shows. Una vez le di uno a un grupo japonés que lo llevó a su sello y a los dueños les interesó publicarnos. Cuando me fui de esa banda, comencé mi carrera como Cornelius.
–Tus primeros trabajos solistas sólo fueron publicados en Japón. ¿Cómo fue que el sello Matador te propuso editarlos en el resto del mundo?
–Fue por casualidad. Nunca les pregunté cómo se habían interesado por mi música, pero supongo que debe haberles llegado el disco Fantasma (el tercero de Cornelius, primero internacional) a través de alguna gente de Pizzicato Five, que sacaban sus discos por el mismo sello.
–El primer disco que salió en Trattoria, tu compañía, fue un compilado sobre fútbol. ¿Te interesa ese deporte? ¿Te prendiste a la fiebre del Mundial?
–No me interesa tanto, la verdad, pero había gente del sello que era fanática, por eso hicimos aquel primer compilado. Y, sí, estuve en Japón durante el Mundial, pero sólo vi los partidos por televisión.
–¿Cómo conociste
la música brasileña?
–La música pop japonesa tradicional fue influida por mucha música brasileña, que aparecía mezclada con otros estilos. No puedo recordar bien cuándo empecé a escuchar música brasileña, pero supongo que habrá sido con Joao y Astrud Gilberto.
–¿Alguna vez estuviste en Brasil?
–No, todavía no, aunque tengo muchas ganas de ir.
–¿Conocés algo de la música argentina? Porque aquí existe la idea de que todos los japoneses escuchan tango...
–(Se ríe) No conozco demasiado el tango, pero me gustan Juana Molina y el Mono Fontana. Mi mujer tiene sus discos.

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