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Jueves, 22 de marzo de 2012

FERNANDO PRIM EDITA EN LA CANCHA SE VEN LOS PINGOS Y HABLA SOBRE EL DOWNLOAD

“Bajate a Kiss, rompeles el orto a los Kiss, que son tan capitalistas como Obama o los dueños de la Coca-Cola”

En su fanzine, Prim construye superhéroes de tablón, mártires de quiosco con metegol e ídolos populares con camisetas de la B y camperas de cuero hechas mierda. Ahora llega al libro.

 Por Luis Paz

“Imaginate... una época de crisis total de mi club, con quiebra y descenso a la B Metro; y nos meten la novelita de Suar, ¡un desastre! Nos comimos cargadas de todos los clubes; ibas a jugar contra Cambaceres y los 50 de Ensenada te cantaban: ‘Poné a Marquesi, la puta que te parió’.” A Fernando Prim aún se le acalora la bocha cuando se acuerda de Son amores, aquella novela de Pol-ka en la que Mariano Martínez y Nicolás Cabré interpretaban a un par ficticio de jugadores de All Boys. Todo lo que hace este punkie laburante y fanzineroso de 28 años está atravesado por el ascenso, el Oi!, el barrio, sus quioscos y bares, y una ficción en la que la historia de la Argentina se mezcla con La Naranja Mecánica, los Cock Sparrers, Pil Trafa, los presuntos mods de la playa Bristol y muchísimas siglas, tanto de la Buenos Aires Hardcore como de las otras (PRO, UCES, MTS). El alto guiso aparece en sus 28 cuentos populares incluidos en la compilación En la cancha se ven los pingos, una colección de sus escritos para el fanzine homónimo que realiza desde agosto de 2004, editada por Tren en Movimiento.

“Arranqué por aburrimiento. De pibito iba a recitales y era una época en la que estaba muy activo el tema de los fanzines. Con la crisis de 2001, cuando tenía 16 o 17 años, se puso más jodido: no había ferias de fanzines, ni tantos festipunks, ni nada. Entonces empecé con En la cancha se ven los pingos con la idea de pasar información y sentar una postura, porque hay gente con la que no voy a parar, con la que no voy a transar, y gente a la que le voy a dar una mano en lo que pueda, al menos contando sus luchas y haciendo reivindicaciones sociales. Este libro puede ser sobre el aguante, pero desde el lado del arraigo de ciertas pasiones que en la Argentina tienen peso: la cancha, el punk y los movimientos juveniles”, explica el autor.

En su fanzine, Prim construye superhéroes de tablón, mártires de quiosco con metegol e ídolos populares con camisetas de la B y camperas de cuero hechas mierda: “Nunca hubo acá una hinchada punk porque el fútbol siempre estuvo arraigado acá al rolling stone. Igual vi trapos de Motörhead y los Exploited, pero el que más se ve es el de 2 Minutos. Es que el punk nunca vio bien al fútbol, por eso de que es el opio del pueblo, pero en Inglaterra el fútbol es otra parte del movimiento skinhead”, instruye este también músico de Tango 14, insigne grupo punk del poco explorado Oi! nac & pop.

–¿Qué es lo popular?

–Para mí no es una cosa de números. Los Pericos pueden sacar mil discos y los pueden ir a ver 50 mil personas, pero no es una banda popular porque no cuenta nada sobre las clases oprimidas y desheredadas. Hay bandas punk rock que la tienen re clara en ésa y aunque van 10 personas a verlas, no dejan de ser populares, no dejan de ser del pueblo. Lo demás son números.

–¿El punk?

–Para mí es lo que siguió al tango, música que habla de lo cotidiano. El tango hablaba de la crisis del ‘20 y el punk, de las privatizaciones de los ‘90. A un loco de 18 años que quiera saber la historia argentina en tres horas le daría cinco temas de Tita Merello, seis de V8, siete de Los Violadores y listo. Los Ratones no hablaron de Cutral Có, Vilma Palma no habló de Tartagal. El punk rock habla dentro de sus contextos sociales.

–¿La cumbia villera es popular?

–La respeto como fenómeno de los barrios, pero para mí no es música de protesta. No le podés decir a la gente “vamos a jalar que no pasa nada” y, mientras lo cantás, te llenás de billetes. Me estás mintiendo. En cultos juveniles hay que saber qué se dice y a quién se le dice, ser responsable.

–¿Y el reggae?

–Le sacaron el contenido de protesta. Acá no hay palmeras, ni un carajo. En Jamaica no hablaban de bailar en playas, se cagaban a tiros en ghettos.

–¿Y el fútbol?

–Los hinchas que estamos locos por nuestros clubes vemos al fútbol como algo más grande. Mataderos sin un club sería un lugar de frigoríficos con una feria los domingos. El frigorífico no une al barrio, Nueva Chicago sí.

–¿E internet?

–A mí no me cambia nada que un francés escuche a Tango 14 por Internet, prefiero que la escuche un vaguito de San Fernando, aunque no sepa qué es un skinhead y el francés se sepa la historia del post punk. Bajar discos de bandas under no ayuda al culto juvenil, lo desarma. Prefiero laburar para comprar el compact que sacó una banda under que me gusta, porque sé que se rompieron el culo laburando. Bajate a Kiss, rompeles el orto a los Kiss, que son tan capitalistas como Obama o los dueños de la Coca-Cola.

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