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Jueves, 31 de mayo de 2012

ENTREVISTA EXCLUSIVA A ALEXIS TAYLOR, DE HOT CHIP

“No creo en la relación de indie con dance”

A punto de publicar In Our Heads, el cantante de este notable combo británico reconoce que, aunque aún buscan innovar, ya no son artistas de vanguardia. Detrás de su personalidad vocal, uno de los rasgos más salientes de Hot Chip, Taylor dispara: “Hay gente que no canta como realmente es. Amy Winehouse fue un ejemplo”.

 Por Yumber Vera Rojas

Mark Mothersbaugh será recordado no sólo como uno de los creadores de Devo sino también por introducir la estética del estudiante universitario abnegado a la cultura pop. No obstante, tras la conmoción que causó el video de su himno retrofuturista Whip it –en el que cinco chicos con macetas por cascos y ropas domingueras para niños de los ‘60 le dedicaban una oda al sado–, los eruditos reprimidos y los marginados progresistas comprendieron que a partir de la desfachatez freak podrían transformarse en un símbolo de sedición y distinción. Desde entonces, los nerds, que declararon su venganza contra el sistema y el bullying en la película de 1984 que los inmortalizó, y en la que además la facción más aparato de la hermandad Tri Lamb rinde tributo a Devo, quedaron arraigados al conjunto de estereotipos de las sociedades occidentales. Esto abrió un glosario de subcategorías para describir al tipo con pinta de geniecillo. A pesar de que la mirada alicaída detrás de unos anteojos que llegan a ocuparle buena parte de su rostro convirtieron a Alexis Taylor en el guía de última generación de nerds y geeks, el vocalista de Hot Chip ya no sabe qué hacer frente al preconcepto. Si bien no quiere ni siquiera imaginarse que podría ser un icono o referente de minorías, en su Inglaterra natal lo compararon con el protagonista de Napoleon Dynamite (el film del “Vote for Pedro”), en su antigua discográfica le insinuaron qué ropa debía ponerse y poco lo ayuda a escapar su intachable promedio en la Universidad de Cambridge.

Pero ese karma lo persigue desde chico, cuando estudió en el prestigioso Elliot School de Londres, semillero de muchas de las grandes estrellas de la música británica actual como The xx, Four Tet o Burial. Fue allí donde el violero, tecladista y percusionista conoció al multiinstrumentista Joe Goddard, con el que fundó uno de los laboratorios rítmicos más suculentos y brillantes que haya vislumbrado el pop y el dance en tiempos recientes. De lo que sí se hace cargo Taylor es de la cultivada perseverancia del trabajo con su voz hasta convertirla en uno de los mayores atractivos de Hot Chip. Sin embargo, esa manera tan andrógina de conducir a la canción, que causó conmoción en los inicios de la banda al desconocerse el nombre de la misteriosa mujer capaz de contener ese temperamento interpretativo, empezó luego de que renunciara a los complejos y aceptara finalmente el extraordinario don. “Simplemente dejé que fluyera naturalmente”, dice el artista británico en exclusiva para el NO. “Al principio, la mayoría de la gente pensaba que era una mina la que cantaba, lo que me generaba un gran conflicto. Desarrollé mi estilo a medida que fui aceptándome. Preferí eso a impostarlo o cambiarlo. Hay exponentes muy buenos que se inventaron una personalidad vocal que realmente no representa lo que verdaderamente son. Creo que Amy Winehouse era un ejemplo: te recordaba a Billie Holiday.”

Hot Chip se encuentra a días de poner a la venta su quinto álbum, In Our Heads (en la Argentina, su lanzamiento aún no fue previsto), que se ha ido desmenuzando por pedacitos desde el anuncio de su salida, el 1º de marzo. Aparte de mudarse de DFA Records a Domino, este grupo que se atreve a versionar sin miramientos tanto a Shakira como a Joy Division presentó dos adelantos del repertorio: Flutes, inspirada en los remixados extendidos de los ‘80 –su duración ronda los ocho minutos–, y Night and Day, con video en Internet que parodia al imaginario alienígena, a la manera de I Feel Better, de su trabajo anterior, One Life Stand, en el que escrachaban a las boy band. Dos sencillos que mantienen la línea festiva que les permitió crecer en popularidad en todo el mundo (acercándolos al país para el Personal Fest 2007 y el Hot Festival 2010), y con la que muestran ganas de zafarse de la etiqueta de “bichos raros” del pop de corte más bailable.

Previo al lanzamiento de esta producción, la cara más visible del combo londinense visitó Buenos Aires por tercera ocasión –aunque fue la primera sin sus colegas– en los primeros días de marzo. “Me parece raro estar acá sin ellos”, despachaba antes de subir al escenario de Studio Samsung como DJ. “Mis sets son diferentes. Paso de Jimi Hendrix al garaje porque no me quedo pegado en un solo estilo.” Llegó ese mismo día, y en la mañana partió para Noruega. Pero no se lo notaba ansioso, ni fatigado, ni nada. Como anfitrión de su reducido camerino, le ofreció algo de tomar al NO, y se preocupó de amenizar el protocolo de la presentación. Siempre sin perder la compostura y luego de romper el hielo y entrar en la gimnasia de esta entrevista exclusiva, se volvió un perito del suspenso, creando vilo para cada respuesta. Atención: aquí habla la antiestrella del pop inglés.

–Con lo cruel que se volvió el tiempo, incluso para disfrutar de la calidad de vida, ¿de dónde saca tiempo Hot Chip para grabar un disco?

–Integro simultáneamente diferentes proyectos, y con todos ellos salgo de gira; entonces pareciera que nunca tengo tiempo para los discos, porque cuando regreso de actuar me concentro en mi familia. Así que, como no puedo parar todo por seis meses, voy sumando momentos. Lo mismo le pasa al resto de los componentes de Hot Chip. Creo que lo que nos da fuerza es el privilegio de grabar canciones, juntarlas en un mismo material, editarlas y que al público le guste. Parte de ser músico está en la realidad de tener que poner todo el contenido afuera y que además a la gente le guste.

–Uno de los méritos de One Life Stand fue haber demostrado que ustedes van más allá de la obviedad del baile. ¿Cómo será este nuevo álbum?

–Creo que es una continuación natural, pero para mí es el mejor de todos. Compusimos las canciones, les dimos forma y las pusimos en un orden determinado para que tengan un significado pop para el que las escucha. El título proviene de una frase de una canción del disco. La música y letras de In Our Heads están relacionadas con la idea de desear los sueños y todo lo que tiene que ver con ellos. Invitan a la gente a ser parte de sus propios deseos. Pero si bien ése es el eje, también abarcamos otros tópicos y no hubo un concepto preestablecido. Uno de los temas, por ejemplo, trata acerca de la percepción que tiene la gente sobre el mundo. No sólo cómo gira sino también las ciudades y todo lo demás. Si tenés una computadora, el disco rígido está en movimiento, como el casete o el CD.

–¿Ves a In Our Heads para un trabajo de remixes?

–Nos gusta tener buenos remixes y trabajar con artistas que admiramos, como Carl Craig. Si esta vez juntamos la suficiente cantidad de remixes, podría surgir un estupendo trabajo que los compile, de la misma forma que sucedió con el EP We Have Remixes.

–¿Por qué no renovaron con el sello de James Murphy?

–Cuando el contrato con DFA terminó, surgió la idea de firmar con otro sello. Elegimos a Domino porque editaron mucha de la música que escuchamos y que ponemos en nuestros DJ sets. Además nos brindaban la oportunidad de trabajar en el lanzamiento en Estados Unidos. No hubo que pensarlo mucho.

–A la música de Hot Chip la llamaron de diferentes maneras. Una de ellas fue dance punk, por lo que compartirían escena con bandas como LCD Soundsystem y otras más que están en extinción. ¿Cómo se siente participar nominalmente de una movida a la que no pertenecen en la realidad musical?

–Eso escapa de nosotros. Pero puntualmente acerca del dance punk, es una propuesta que apareció a fines de los ‘70 y luego se renovó, gracias a escuderías como DFA, en Inglaterra y Estados Unidos. Pero no creo que a James Murphy le interese generar movimientos sino grabar discos. Si la escena existe o no, me parece que no nos provoca ningún tipo de presión.

–¿Les copa el rótulo indie dance?

–No creo en la relación de indie con dance. Hot Chip es un grupo que estuvo relacionado con sellos multinacionales, y ahora formamos parte de uno independiente. ¿Acaso antes éramos indies? Son etiquetas, y nada más.

–Formás parte de una agrupación que creció en popularidad y audiencia mucho más que cualquier otra del pop o el dance esta década. ¿Qué cambió?

–Seguimos manteniendo la curiosidad por innovar, pero ya no somos artistas de vanguardias.

–¿No te inquieta que de pronto te saquen de circulación porque no cumplen con los requisitos de lo que es tendencia?

–Las modas cambian porque cada cosa tiene su momento. En una época apareció The Strokes y detrás de ellos vinieron un montón de artistas similares. Después aparecieron los DJs y llegaron a comportarse como estrellas de rock. Y ahora en Inglaterra les dan bola a los cantautores de pop o de rock que le ponen mucho vocabulario callejero a sus letras. A mí, particularmente, no me parece que esté bueno, pero tampoco me interesa.

–Parece existir una tendencia cada vez mayor de los músicos británicos contemporáneos a no comprometerse con su contexto...

–En nuestro caso, la respuesta te va a parecer aburrida: nosotros no hablamos sino de familias y relaciones. Quizá no tengamos una agenda o postura política. Y si en algún momento quisimos desarrollarla, no nos salió. Supe que Roger Waters y Morrissey expusieron su postura acerca de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Si bien están en su pleno derecho de decir lo que quieran, espero que crean en lo que dijeron de verdad, y no que lo hayan dicho para vender entradas.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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