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Jueves, 21 de junio de 2012

HABíA UNA VEZ UN ROCK...

“Queríamos llegar y, claramente, hemos llegado”

Cuando parecía que ya ninguna banda nueva iba a treparse
a radares militares, ni a agarrar el fruto jugoso del éxito, los Tan Biónica confirman que van a dar tres funciones en el Luna Park los días 21, 23 y 24 de junio. ¿Quiénes? Los Tan Biónica.

 Por Javier Aguirre

Los hechos, cameos, apariciones mediáticas y palabras que aquí se consignan han transcurrido –todos– durante los primeros diez días de junio, y documentan el momento preciso en el que los integrantes de una banda de rock se miran a los ojos y se dicen: “Che, loco, somos famosos”. Cuando parecía que el mundo del rock ya no es lo que era; cuando parecía que los únicos músicos de rock que saltan de aviones a hoteles son (casi) gerontes que pudieron consagrarse en el siglo pasado y que hoy son exponentes VIP de un mercado musical distinto, anacrónico, menguante; cuando parecía que ya ninguna banda nueva de rock iba a treparse a radares militares, ni a agarrar el fruto jugoso del éxito, los Tan Biónica confirman que van a dar tres funciones en el Luna Park los días 21, 23 y 24 de junio. ¿Quiénes? Los Tan Biónica. Cinco minutos de zapping:

TN. Tan Biónica, eufóricos, bajo el estival sol europeo, en Lisboa, felices, grandes anteojos negros, convocados a la sede portuguesa de la marca festivalera Rock in Rio. Los entrevistan para La viola. En el cierre de la nota, el cantante Chano Moreno Charpentier chicanea al gran BB Contepomi y le roba su latiguillo: “Si te vas a portar mal, avisanos”.

Telefe. Tan Biónica, sonrientes, trepados en altas banquetas, con las piernas dobladas lejos del piso, en un clima de acústico, casi chill-out, están a cargo del cierre musical del noticiero de la medianoche. Después de unas cuantas noticias policiales, la cotización del dólar blue y la confirmación de cómo forma la Selección Argentina en el amistoso contra Brasil, tocan en vivo en el canal de aire.

ESPN. Tan Biónica, distendidos, desparramados en asientos cómodos y rodeados por los conductores del magazine onda living de la tarde, bromean, son entrevistados, comentan la cortina del programa de TV Graduados –colaboración de Chano y Cachorro López–, y ofrecen un mini-concierto que va directo a YouTube.

PRO. Tan Biónica, orgullosos, son la vedette invitada a brindar un concierto-sorpresa en el festival Ciudad Emergente, y quien los presenta en el escenario es... el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. “El tipo se mueve como en un reality”, explica, casi a la defensiva, el bajista Bambi Moreno Charpentier. “A cada paso que da, lo siguen veinte tipos sacándole fotos; vino a saludarnos y, en un segundo, ya estaban las fotos.”

Página/12. Tan Biónica, concentrados, entre ensayos y organigramas de trabajo, reciben al NO en una casa vieja y amplia de Núñez, decorada con onda, que funciona como conveniente bunker de la banda. “Nos mudamos pronto”, aclaran, sin embargo. En un pizarrón, el hashtag no miente: #TanBiónicaenelLunaParkX3 confirma que, por el éxito en la venta de entradas, sumaron una tercera función en el Luna.

Unos 8 mil espectadores por cada show en el Luna Park son –a ver, producción– un total de 24 mil personas. La banda de los hermanos Chano y Bambi Moreno Charpentier, que completan el guitarrista Sebastián Seoane y el baterista Diego Lichtenstein, recibe la popularidad con los brazos abiertos, merced al éxito de su tercer disco Obsesionario (2010), cuyo hit “Ella” hizo su trabajo en radios y canales de TV. Están en “ese” momento. Elogian el comportamiento y la enjundia de su público, y destacan la pax rockera que se da en sus shows, en los que “conviven, en un mismo entorno, las remeras de Los Redondos, las de Soda Stereo y las de Las Pastillas del Abuelo”. Se refieren al crecimiento de la banda con tecnicismos de economía y mercadotecnia. Respaldan su autenticidad en manifestaciones como no ponerse la camiseta de Cristiano Ronaldo, o como evitar los saludos demagógicos en portugués en el escenario del Rock in Rio/Lisboa. Rebotan por radios y canales de TV.

Los Tan Biónica saludan su presente

–¿El tercer Luna Park los acerca a esa metáfora beisbolística de “estar en las grandes ligas” del rock argentino?

Chano: –Es ineludible pensarlo. Sería estúpido decir que hacer tres Luna Park representa lo mismo que un show en La Trastienda, como hacíamos antes. Hay un montón de sucesos que nos hacían vaticinar este resultado, es consecuencia del trabajo. Creíamos que con mucho laburo podíamos llenar un Gran Rex, pero terminamos decidiendo lo del Luna, no porque estuviéramos seguros de cumplir con todo el volumen de la taquilla sino por el pogo, lo agitador, el baile, el desenfreno del público de Tan Biónica en los shows.

Bambi: –Fue muy sorpresivo. Cada vez que íbamos al Luna Park como público a ver shows, decíamos: “Algún día vamos a tocar acá”.

Chano: –Hay muchos datos sobre el comportamiento de venta de entradas, sobre el patrón de taquillas, que no entendemos. No esperábamos que la primera función se agotara, ni mucho menos llegar a la tercera. La realidad nos sorprende a cada minuto. Estamos en un lugar al que queríamos llegar y, claramente, hemos llegado.

–Cuando salió su último disco, Obsesionario, eran una banda under. ¿Dejaron de serlo?

Bambi: –Vimos el crecimiento del público en menos de dos años: La Trastienda, El Teatro de Colegiales, el Luna Park.

Chano: –Pasamos de un crecimiento controlado al crecimiento descontrolado. Veníamos duplicando la convocatoria cada ocho meses. Crecer al 50 por ciento ya es impresionante. Y de pronto, ahora, crecimos al 10 mil por ciento.

Bambi: –Con este disco dimos 150 shows, todos en poco más de un año y medio: en Francia, Portugal, México, Paraguay, Uruguay, Córdoba, Salta, La Pampa, 4 mil personas en Tucumán, el equivalente a un Luna Park en Rosario... sólo nos falta tocar en dos o tres provincias. Somos cada vez menos ciudadanos de Buenos Aires. Eso renueva nuestra canasta de aspiraciones.

Chano: –Hasta hace unos meses, para nosotros, ir de gira a Tucumán –o sea, 2 mil kilómetros en un micro alquilado y con un equipo de 15 personas– era arrancar con miles de pesos abajo desde el momento en que salíamos a la calle. Ibamos a, en el mejor de los casos, empatar.

–Los números ahora serán otros. ¿O hay riesgo económico en tocar en el Luna Park?

Chano: –Bueno, así como te ofrece una categoría súper importante, también nos da responsabilidades. Los antecedentes que hubo en el rock nos obligan a que estén dadas todas las condiciones. Tenemos que asegurarnos de que no pase nada nunca, nunca, nunca. Las cuestiones técnicas, la seguridad de la gente... nuestro show anterior fue en El Teatro de Colegiales. ¡No es tan fácil cómo ubicar a 500 policías!

–¿Y todo depende de ustedes? ¿Hasta la fecha de vencimiento de la mostaza de los panchos?

Chano: –Todo. Aunque estamos asociados con la empresa PopArt.

Bambi: –Queremos que el espectador que viene a vernos se divierta y la pase bárbaro, sin riesgos. Es una gran apuesta. Son shows conceptuales, con todo acondicionado en función de la propuesta artística: la estética, las sorpresas, la fantasía, el playlist de música en vivo, los trucos en el escenario, el cierre con un tema de Los Beatles. Hay un plan. Todo va a estar armado como cosas que vimos en otros lugares, como puede ser un show de U2 o Coldplay.

–¿Se consideran profesionales del rock?

Chano: –Siempre. Tenemos millones de cosas para corregir, pero el profesionalismo nos acompañó desde el primer momento.

Bambi: –Para ejecutar tus ideas hace falta responsabilidad y trabajo. Si tu sueño es tocar en el Luna Park, y estás todo el día tirado, esperando, es probable que no lo logres. No te va a llamar alguien por teléfono para decirte que sos genial. Ya no hay cazatalentos yendo a los bares.

Chano: –Le dedicamos mucho tiempo a la banda. Tanto, que nuestra doble vida, cuando teníamos trabajos ordinarios, se hizo insostenible.

–¿Hace cuánto que dejaron esos “trabajos ordinarios”?

Chano: –Tres años. Yo laburaba en un restaurante.

Bambi: –Yo era administrativo. No servía para mucho, pero podía pagar las cuentas.

Chano: –Cuando dejamos esos trabajos, ya había sonado Arruinarse en la radio, y teníamos fe en lo que iba a pasar con Ella. No es que dejamos los trabajos cuando la banda ya nos daba mucha plata, o algo de plata, para vivir, pagar las expensas. Fue una decisión. Muchos contrajimos deudas. Desde el día siguiente al que dejamos los trabajos, empezamos a venir a la sala todos los días de 10 de la mañana a 6 de la tarde, hubiera que hacer lo que hubiere que hacer. Trabajar, escribir cosas, imprimir, el arte de tapa, la página web, la compañía, notas, maquetas, ensayos... la rueda nunca para de girar.

–¿Siempre hay cosas que hacer en una banda de rock?

Bambi: –Siempre. Es un trabajo de 24 horas. Cuando cesa la actividad, la cabeza sigue. Uno no suelta nunca. Así nos sale, así lo disfrutamos. Acá siempre hay gente.

–¿Les pasó todo muy rápido? ¿O sienten que fue un camino largo?

Chano: –Larguísimo. Yo padecí mucho esa doble vida. Esto demandaba muchísima energía, íbamos a tocar a las provincias antes de que hubiera demanda. El universo no nos daba ninguna señal de que existiera algún interés por nosotros, y nosotros igual íbamos. Tocar el sábado a la noche en Córdoba, volver manejando el domingo, llegar liquidado, tu novia te odiaba, ir a laburar el lunes...

Bambi: –Tu jefe te empieza a querer despedir...

Chano: –... y el lunes a la noche, juntarse a grabar los demos. ¿Y qué podía hacer? ¿No iba a ir a tocar a Córdoba? ¿No iba a grabar los demos para Obsesionario?

–O sea que, cuando se dieron cuenta de que tenían que decirle “no” a algunas cosas, decidieron que no le iban a decir “no” a nada vinculado con la banda...

Chano: –Pero fue difícil. Nunca tocamos de soporte de nadie, no teníamos compañía.

Bambi: –Ni siquiera formábamos parte de un movimiento, tipo “las bandas de La Plata”, o “las bandas del Oeste”. Hacíamos todo solos. Ibamos al teatro vacío, tocábamos la puerta, y preguntábamos: “¿Hola, cuánto nos saldría tocar acá?”. Y así, lugarcito por lugarcito, desde Cemento en adelante. Es duro sostener el under. La banda nació en 2001, con el Estado de sitio, con todas nuestras familias en crisis total. Y vos, que querés ser músico. Tu novia, todos en tu entorno, sufren por vos y te dicen: “¿No tenés un plan B?”. Vas creciendo con resentimiento, frustración. Te ponés en contra del mercado, de la música.

–¿El resentimiento les sirvió como motor? ¿Lo recomiendan?

Chano: –No, no, el resentimiento no ayuda. Fue parte del proceso, un estadio del espíritu, un momento en que ponés un montón de esfuerzo y sólo ves puertas que se cierran. Tengo 100 mil metáforas, refranes sobre el resentimiento: “Es un veneno que me tomo yo para matar a otro”, “Es una espina que crece para adentro”. Pero no, hay que amigarse con el tiempo, con el destino, sacar el ojo de la queja y dejar que las canciones se encarguen de todo.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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