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Jueves, 8 de agosto de 2013

LA NOTABLE MOVIDA DEL INDIE MENDOCINO

La vendimia del pop independiente

Mariana Päraway, Trasvorder, Lavanda Fulton y Le Confession Club alimentan una escena que tiene en Mi Amigo Invencible a su gran secreto. Cuando el cóndor pasa, en Mendoza suenan las canciones de la “generación manso”, una de las más creativas y originales de la música joven federal.

 Por Yumber Vera Rojas

Desde Mendoza

El secreto mejor guardado de Mendoza no se puede contener más. Pese a que ya le abruman las consecuencias de su revelación, intuía que tarde o temprano iba a pasar. Mi Amigo Invencible es, lejos, a kilómetros de distancia, los mismos que separan a la capital cuyana del Río de la Plata en la ruta (1042 kilómetros), la nueva gran sensación del indie argentino. Migrantes y turistas originarios de la principal ciudad del oeste del país se encargaron de alimentar la fábula en Buenos Aires, con un orgullo similar al que desenfundan cuando publicitan el vino de la región e incluso con una intensidad que invita casi obligatoriamente a la escucha. Si bien sus paisanos encendieron las alarmas de que el sexteto cordillerano podría ser el próximo El Mató a un Policía Motorizado, el combinado platense que se transformó en el adalid internacional de una escena que hoy es la sonda intravenosa de la renovación del cada vez más impotente rock adulto local –aunque el aparato operativo que lo controla apele a él cuando lo necesita–, los componentes de la banda que pondrá a la venta este mes su más reciente disco, La nostalgia soundsystem, se lo toman con calma. Mucha calma mendocina.

A pesar de que se estableció en Buenos Aires hace algunos años, sosteniendo la tradición provinciana del rock argentino de que para triunfar –incluso en la era de los netlables y las redes sociales– es necesario contar con el aval de la Capital, usanza solamente resistida por La Plata, Mi Amigo Invencible es la punta del iceberg de una escena que, amén de inesperada e incierta, se asoma como la más sorprendente y original del pop independiente federal. Aunque echó raíces a principios de la década pasada, es ahora cuando su articulación comenzó a evidenciar su desarrollo, básicamente en la oferta sonora –consecuente con un trabajo en el que late la melancolía montañesa–, pues aún padece el desconocimiento y hasta la marginación de la movida mendocina, dominada por el latinaje made by Karamelo Santo. No obstante, en esa resistencia a la adversidad, el indie custodiado por el Cóndor de Guaymallén (monumento que da la bienvenida al área metropolitana de Mendoza) configura de manera sigilosa un universo cautivante de cantautores y grupos que alude a la revuelta lo fi que comandó Beat Happening, en Estados Unidos, en la segunda mitad de los ‘80, o a la de Arcade Fire en la Canadá de la década pasada, debido a que brinda un buche de aire fresco en una época compleja.

En el Parque General San Martín de la capital mendocina, los vendedores de panchos, garrapiñadas, tutucas y demás delicias del infante gourmet, así como payasos culeaos y nigromantes de los globos inflables, exhalan el remanente de su brío antes de que caiga el sol. Pues, tras este extraño sábado de tupé primaveral, es posible que no facturen lo mismo a lo largo del mes. Aunque con la actitud tan ciclotímica del reinante invierno, capaz de llevarle la contra al implacable The Weather Channel, cualquier otro capricho se puede esperar de éste. Así que en medio de este escenario, y después de sortear la Fuente de los Continentes, a cientos de las miles de familias que acapararon cada metro cuadrado del rosedal, y a tres micros henchidos de barras bravas que se enfilaban hacia el Estadio Malvinas Argentinas original y cuyano (el mismo que recibió a Bruce Springsteen en su debut en el país, 25 años antes de su regreso, en septiembre próximo) para calentar la previa del partido de Godoy Cruz versus Tigre, que terminaron perdiendo por la mínima los dirigidos por ¡Paleeermooo!, saltan a la luz, amparados por la sombra de un fresno europeo, los articuladores del “indie manso” para repensar la movida que agitan desde las trincheras.

“Manso es una palabra que suelen usar los chicos de acá para referirse, al igual que sucede en Buenos Aires, a lo que es zarpado, y, al mismo tiempo, denota tranquilidad, pues el mendocino se maneja con desinterés. Y uno puede perder muchas oportunidades con esa actitud”, explica Mariano Di Cesare, vocalista y guitarrista de Mi Amigo Invencible. “Si en Capital tenés las cosas servidas, en Mendoza cuesta el doble. No obstante, existe una idiosincrasia que nos conecta, y ése es el código de la generación manso. Estamos en una etapa de maduración de estilos. Nuestras reuniones eran para tomar birra y cagarnos de la risa. Ahora hablamos acerca de otro tipo de intereses. Musicalmente hay un corte estético más sólido.” Al mismo tiempo que el componente y fundador del sexteto abrió y sostiene la sucursal porteña de esta avanzada, luego de que decidiera mudarse a la capital del país hace seis años para estudiar cine, en el frente cuyano la cantautora Mariana Päraway y la agrupación Lavanda Fulton, así como los proyectos Le Confession Club y Trasvorder, intentan instalar la salubridad de sus apuestas sonoras en una escena nacional que aún se resiste a las alternativas.

“Desde 2008 hago canciones con mi corazón, mi guitarra y mi voz”, se presenta Mariana Päraway en su perfil en Bandcamp. La singularidad del repertorio de la cantautora mendocina está a la altura de su espigado tamaño, pues, a contracorriente de casi toda la progenie de juglares argentinas parida en la era 2.0, la exponente de 33 años no se subió al tren del freak folk o del anti folk, ni saluda los ataques de pánico en los escenarios de Cat Power, y tampoco tiene la pinta de enfundarse una remera de Patti Smith para demostrar cuánta intensidad hay detrás de sus temas, sino que exorcizó a la copla criolla de su tradicional y ortodoxa comarca musical a tal instancia que su desinfección encuentra sorprendentes puntos en común con las intenciones artísticas de Let England Shake (2011), el último álbum de PJ Harvey. Lo que quedó en especial evidencia en el tercer disco de esta nueva heroína del indie, Los peces (2012), que contiene una increíble versión de No eres para mí, de Damas Gratis, sin duda la mejor adaptación que se hizo de cualquiera de los himnos de Pablo Lescano, al punto de que la desnudó de todo rasgo que pudiera vincularla instantáneamente con el as de la cumbia villera.

Al igual que Mariana, a Juampi Di Cesare, más allá de su formación en el rock, la yugular folklórica le brota fuerte. Pero el artífice mendocino siguió los pasos de su hermano, Mariano Invencible, y se estableció en Buenos Aires, donde constituye el colectivo de cantautores Submarino, encabezado por su paisano Leandro Lacerna, quien, además de fungir como productor musical de cabecera del indie manso, comanda Los Coholins, una agrupación al mejor estilo de Los Auténticos Decadentes, que sorprendió al ambiente tropical por su nominación para la próximos Premios Gardel, en la categoría Mejor Album de Cuarteto, gracias a su disco En vivo desde Angol.

No obstante, poco luego de la aparición del tándem Fauna, integrante de la escudería Zizek, en el cosmos de la nü cumbia, Elmayonesa, desde el exilio en Barcelona (España), estremeció a la escena de la bailanta digital global al lograr no sólo asimilar la ruda gramática estonia a la cadencia latina sino al estar a un tris de representar a la nación báltica en el Eurovisión de 2010, tras romperla en las redes sociales con su hit Kes Ei Tantsi On Politsei (“El que no baila es policía”). “El jurado prefirió a una minita que hacía pop”, se quejó más tarde el guaymallense.

Aunque Elmayonesa, quien actuó la semana pasada en San Petersburgo (Rusia) como parte de su gira veraniega europea de 2013, es en la actualidad el artista mendocino con más actividad internacional (por encima del dúo Orozco Barrientos e incluso de Karamelo Santo, pues se sube a cuanta plaza le dé la oportunidad de tomar el micrófono: desde megafestivales hasta casas tomadas), la realidad es que el gran referente musical cuyano en todo el mundo, en la última década, es el cantautor José González. A pesar de que nació en Gotemburgo, la segunda ciudad más importante de Suecia, el también líder del trío Junip nunca negó sus orígenes, tanto es así que sus dos discos en solitario condensan la melancolía de Nick Drake o el pop narcótico de American Music Club con el trazo andino de Markama o el semblante latinoamericanista de Mercedes Sosa. De sus cuatro visitas al país de sus padres, en apenas una ocasión tocó en Mendoza, en 2007, donde le abrió Mariano Peccinetti. “Lo hizo solo, con su guitarra, en un espacio de arte al que llegó por intermedio de Juana Molina. El lugar estaba repleto”, recuerda Peccinetti, timonel del laboratorio sonoro Trasvorder. “Al igual que muchos de los que asistieron, no lo conocía, pero me encantó.”

Es sábado en la mañana, y Mi Amigo Invencible acaba de llegar a su terruño, proveniente de Buenos Aires, para actuar en Recalculando, programa de la Subsecretaría de Gestión Cultural de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, respaldado por el Plan Nacional Igualdad Cultural, que en su primera experiencia federal, efectuada el pasado 8 de junio en el Espacio Cultural Le Parc (el Tecnópolis local), propuso una grilla dedicada al pop independiente nacional, confeccionada –-aparte de por el sexteto y Mariana Päraway– por los platenses Un Planeta y los cordobeses Rayos Láser. Mientras Mariano Di Cesare y el resto del team súper poderoso descienden de la combi que los trajo del aeropuerto, un grupo de chicos se encuentra postrado en las puertas del hotel en el que se hospedarán (célebre por haber sido en el que Charly García se tiró a una pileta desde su habitación, en el noveno piso), no precisamente para esperarlos a ellos sino a Divididos, quienes actuarán en la noche en el estadio El Santo. Al tiempo que Diego Arnedo, bajista del trío, sale del ascensor para desayunar, el líder del conjunto cuyano se lo cruza, pero ninguno se mira. Una estupenda metáfora del actual rock argentino, en el que pasado y presente no coinciden.

Una vez que Karamelo Santo decidió hacer carrera en Buenos Aires, amén de que la cabalgata latina sigue siendo popular en la ciudad, la cumbia experimenta un repunte y el folklore nuevamente cala en los jóvenes, la banda de rock (relativamente) convocante de Mendoza es Chancho Va, cuyo sonido está en sintonía con el de Divididos o La Renga. Salvo por este combinado, los demás engranajes de esa escena funcionan en una suerte de inframundo. “El público es cerrado, no le gusta comprar lo local”, se resigna Gabriela Góngora, editora de Zero, la única revista especializada en la movida musical mendocina, que además organiza una entrega anual de premios. Si un grupo cabeza de cartel del Cosquín Rock o del Pepsi Music reúne a 5 mil mendocinos en un show, uno nativo, con suerte, congrega a 300. Además del festival MendoRock, los exponentes de la zona (que interactúa con San Juan y San Luis) cuentan con los espacios gubernamentales Le Parc y Nave Cultural, así como con dos o tres bares. Sin embargo, los actores del indie manso (embestida secundada por el pop independiente tucumano), y en el que destacan asimismo agrupaciones del temperamento de Edificios Dorados o Limón, encontraron en las fiestas caseras su principal laboratorio de operaciones y vitrina de exposición.

En la tarde, Gonzalo Nehuén Martínez, baterista de Lavanda Fulton, mientras aguarda en el lobby del hotel a que los músicos de Mi Amigo Invencible (que prefirieron establecerse en Buenos Aires antes que en Chile porque consideran que “coinciden más con los gustos estéticos, de código y lenguaje de la metrópolis porteña”) bajen de su habitación para tomar rumbo hacia el Parque General San Martín, invita a disfrutar de la previa de la que al parecer será la gran fiesta del finde (cuya condición era asistir con algún tipo de máscara) en casa de unos de los músicos de su banda. No obstante, Trasvorder también ofrece como opción para la noche el club de electrónica Mini Moog, del que es habitué el pibe prodigio de esa movida, Nerd, al quizá le toque el mismo destino del referente de los djs y productores mendocinos, Alejandro Mosso, quien se radicó en Berlín. “Si seguimos acá es porque hasta ahora aguantamos. Me gusta Mendoza, aunque todo el tiempo estás proyectando otras cosas”, enfatiza Nehuén. “Mariana Päraway va y viene, por eso la admiro.” Pero la cantautora, que acaba de regresar de una gira por Europa, prevé: “Es una elección, si no, trabajaría de otra cosa. Si bien a veces termino muy cansada, hago lo que no todo el mundo puede”.

Es la primera vez en mucho tiempo que los activistas del indie manso coinciden en una misma convergencia. “Todos tocamos con Mariano (Trasvorder) alguna vez”, rescata Nehuén, al tiempo que Gur Martino, de Le Confession Club, remarca: “Pero cada uno agarró su camino”. Después de que el chofer de la combi avisa que en una hora recogerá a la troupe del principal verdel de la cuarta ciudad más poblada del país, la Päraway advierte: “Por más que digan que la escena y la industria están en crisis, ofrecemos una mirada distinta”. A lo que Mariano Invencible ilustra: “Nos diferenciamos en los acordes. Si en Capital y en La Plata son de quintas, en Mendoza usamos la tonada”. Mientras que el batero de Lavanda Fulton reta: “Ya no hay miedo de que nos comparen. Hermann Hesse dijo que en la medida en que te alejás del sistema, más cerca estás de conseguirte a vos mismo. Aunque suene gremialista, Mi Amigo Invencible es lo mejor que escuché en los últimos años en la Argentina. No hay grupos de rock como ése”. Hasta acá, el vocalista y guitarrista del sexteto había evitado hablar de la chapa y del símil con El Mató..., pero finalmente le hace frente: “Es incómodo que te digan esas cosas. Sé que está buenísimo, pero siento que se exagera con nosotros. Ponerte la camiseta de eso te obliga a responder, y no quiero defraudar”.

En Buenos Aires, Mi Amigo Invencible presentará La nostalgia soundsystem el miércoles 14 en el ciclo La Expansión (Corrientes 3439, a las 23), junto a Aldo Benítez, y el 31 en Groove (Santa Fe 4389), con El Mató a un Policía Motorizado y Bosques, a las 19. Lavanda Fulton tocará el 1º de septiembre en Vuela el Pez (Córdoba 4379), a las 20. En Mendoza, Trasvorder actuará el 15 de agosto en Le Parc (Mitre y Godoy Cruz), mientras que Mariana Päraway lo hará el 19 de septiembre en el mismo lugar.

Mi Amigo Invencible Previamente a la concepción de Mi Amigo Invencible, en 2007, Mariano Di Cesare aprendió durante su militancia en el post punk y el hardcore, mientras fue parte del grupo Los Goonies, sobre las bondades de la autogestión, lo que le auguró un cambio de chip en la manera de concienciar la música. Ahora, con 28 años, comanda junto a su banda la asonada sonora argentina más innovadora del último trienio. “Siempre hubo un mito, cuando vivíamos en Mendoza, de que el artista del interior nunca iba a ser reconocido frente a los tiburones de la Capital. Pero Buenos Aires está agotada y superpoblada”, reflexiona el guitarrista y vocalista del sexteto, que lanzará este mes, a través de la etiqueta porteña Fuego Amigo Discos, el nuevo trabajo del combinado, La nostalgia soundsystem. “Es el quinto álbum de estudio, pero el primero hecho en Capital”, especifica acerca del material en el que Arcade Fire y Mogwai escalan, con el bombo legüero a cuestas, este lado de la Cordillera.

Mariana Päraway Otrora componente de Glamour, la primera banda de chicas de Mendoza, Mariana Päraway achaca la vuelta folclórica que tomó su sonido a los genes. “Descubrí el folclore en la Universidad del Cuyo, tras comenzar a cursar la licenciatura en Guitarra. Además, los estilos que me llamaron la atención no fueron los del Altiplano, sino los del noroeste argentino, que es de donde proviene la copla”, señala la trovadora que, mientras lleva adelante su trayectoria como artista, se dedica a la docencia musical para niños de cuatro y cinco años. “Sin embargo, hay rockeros que van por ahí diciendo: ‘Estos que van con la guitarrita criolla y el bombo, son unos caretas’. Lo que me pueden criticar es que cante en varios idiomas (aparte del español, apela por el inglés y el francés), por mi gusto por los sonidos.”

Trasvorder Tras vivir una larga temporada en Buenos Aires, Mariano Peccinetti regresó en 2012 a Mendoza para componer el nuevo álbum de Trasvorder, el sucesor de Salimos de la tierra (2011). “Si bien estaba haciendo cosas todo el tiempo, no podía concentrarme porque están al palo”, reconoce el músico y productor. Luego de ser bajista del grupo Prismal, que también integró Mariana Päraway, y con el que grabó el ep Crisálida (2003), el exponente de 28 años, quien en diciembre último debutó como artista plástico con el proyecto Collage Infinito, presentó en 2005 el primer título de su emprendimiento solista, el ep Luminaria. “Cuando lo estrené, era muy indietrónico. Pero la propuesta evolucionó de a un sonido más orgánico porque pasé de tocar solo a tener una banda.”

Lavanda Fulton Del centenar de grupos que constituyen la avanzada mendocina de rock, sólo un 15 por ciento, del que destacan Edificios Dorados, se ampara en las máximas del pop independiente. Lavanda Fulton es uno de ellos. “Cuando éramos más chicos, nos carcomía la necesidad de trascender, porque teníamos expectativas”, manifiesta Gonzalo Nehuén Martínez, batero del trío. “En Mendoza está pasando algo que no sucedía antes, que es que a los músicos les empezó a interesar lo que hace el otro y a ayudarse, y ése es el verdadero espíritu indie. Somos el Rosario de los ‘80, pero de esta era.” Con dos discos realizados, el más reciente se titula Album desconocido (2012), el tercero apunta hacia lo idiosincrático. “Va a hablar sobre vivir en la montaña, porque, por más que nos guste vivir acá, hay una pared, y eso influye en cómo pensamos.”

Le Confession Club Puede que padezca las vicisitudes del músico que se atreve a conjurar a la modernidad en pro del hecho artístico, pero Gur Martino, desde hace una década, y a través de diferentes reencarnaciones sonoras y grupales, no deja que decaiga la plataforma electro que arrea, Le Confession Club. “Hoy me acompaña Leandro Izaguirre, y recién pude conseguir a una baterista, pues el chico al que reemplaza se fue hace rato y no encontraba a alguien que lo supliera”, se lamenta el frontman, quien en 2012 lanzó el primer álbum de su conjunto, Gauche Rive. “Aunque la propuesta del proyecto no tiene que ver con la idiosincrasia mendocina, coincidimos con el resto de los artistas de esta escena en la elaboración de una canción todoterreno, en nuestro caso con máquinas.”

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