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Jueves, 12 de septiembre de 2013

LOS 500 MIL DIBUJOS DE DIEGO PARES

“Uso máscaras para canalizar mi esquizofrenia”

Entre antiinflamatorios, tabaco y café, el creador de Rispo enhebró una trayectoria de 25 años que lo llevó de Humor a Fierro y a la Barcelona.

 Por Facundo Gari

¿Qué necesita Diego Parés para dibujar? Café, cigarrillos, Ibuprofeno y una computadora. Cuatro vicios para despuntar otro. “Tengo miedo de morir de un ataque al corazón, tengo que vivir como si no hubiera mañana. Dibujo todo el tiempo, aunque no sea por laburo. Hasta sin ganas lo hago. Capaz sea un castigo autoimpuesto”, cierra su propio círculo rojo. Tratemos de imaginar la dimensión de ese tesoro artesanal habiendo nacido él en 1970 y sido parte, ya a sus 17, del staff de la legendaria Sex Humor. Bien, de ahí viene la cuenta del título de la exposición que inaugura este viernes 13 en Vicente López: 500 mil dibujos. “¡Una bocha! Vamos a llenar las paredes con originales jamás o poco vistos, de distintos formatos y colores”, adelanta... ¿con entusiasmo? “No, me chupa un huevo. No trabajo para los que quieren colgar un cuadrito en la casa. Me gusta que un dibujo se imprima diez mil veces y llegue a veinte mil ojos”, se eleva hasta el sincericidio.

La muestra servirá a la presentación del libro 500 dibujos (coeditado por Llanto de Mudo y la flamante Musaraña Editora), sin el mil, pongámosle que para preservar el pulmón amazónico. “El primero de Rispo (su personaje esencial) era material guardado hacía veinte años. Una vez que pude meterlo entre dos tapas, le puse un moñito y me libré de la presión de repetirme. Ahora publico dibujos que no salieron en los medios y que también son parte de mí.” A decir, su lado B: algo de El Sr. y la Sra. Rispo, dibujos que parecen hijos de una partuza entre la Kim Basinger animada de Mundo cool y cualquier Basurita, paisajes y retratos más realistas que las armas químicas de Siria e historietas de las publicaciones de culto Maldita garcha y Suélteme. “En ellas aprendí”, zanja. “La primera la hizo, junto al Marinero Turco, mi hermano, Pablo, que por entonces era admirado por Podetti y Fayó. ¡Tenía doce años el hijo de puta! ¡Yo ya era profesional, me quería cortar la pija! Era una revista mínima, con lo que tenía que tener. Lo mismo Suéltame, aunque participé menos en ella.”

Los muñecos de tinta de locura vienen acompañados en el libro por reflexiones aparecidas en su blog (Diegopares.blogspot.com), de prosa más directa pero no menos cínica que la de sus viñetas. Una se titula “¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!”, igual que la novela del lápiz japonés Kenzaburo Oé. “Es una joda: me pongo en viejo choto y a la vez en plan ‘no me rompan las pelotas que esto no es tan complicado’. En general, son textos para dibujantes, gente que entiende de lo que hablo”, explica.

El volumen también trae un meticuloso prólogo/perfil/crónica de velorio de Lucas Nine, que le endilga al “dibujante” cierta cintura de “contrabandista”. Bueno, la elasticidad estética de Parés es de sus cualidades más respetadas: actualmente salta de la agencia Télam y el diario La Nación a las revistas Barcelona, Genios y Fierro, sin hacerse un rasguño. El, revisionista de sí mismo, no lo ve tan así: “De pibe dibujaba realismo. En Humor hice lo que se me cantó. Pero cuando paró el laburo, tuve que hacer de todo por necesidad. Me sirvió para volverme versátil, pero por otro lado lo siento como Fernando Peña, que decía que no hay un ‘yo’. ¿Quién soy yo? No sé. Creo que uso máscaras para canalizar mi esquizofrenia”.

* Viernes 13 en Musaraña Libros, Casa Florida, Gral. José M. Paz 1530, Vicente López. A las 19.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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