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Jueves, 3 de abril de 2014

BODIE DATINO PARA LAS MASAS

Capocósmico

En Andrómeda, su segundo CD solista, el ex Auge y Simón libera toda su pasión por la astronomía en canciones facturadas en un “estado de rock”.

 Por Julia González

En la terraza de la casa de Bodie Datino hay un portal cósmico desde donde el multiinstrumentista observa Andrómeda, nombre de la galaxia más cercana a la Vía Láctea y de su segundo disco. Datino vive en cualquier planeta y como en la canción de Charly, Cinema Verité, él nació para mirar lo que pocos pueden ver. Con un tercer ojo ejercitado a fuerza de lecturas de ciencia ficción o tal vez de una glándula pineal desarrollada (y activa), el asimismo tecladista de Richard Coleman escribe canciones cuyos mundos son plausibles de las historias de Lovecraft. “Un disco de rock”: así define Bodie a su flamante CD, producto de fuerzas misteriosas resultantes de ese otro universo.

“Soy muy cultor de todo lo que son las leyendas y la mitología, todo el tema de la tierra hueca y las galaxias. He leído a Pedro Romaniuk y desde chiquito tenía flashes con todo lo que eran las estrellas, los mundos y los planetas, y no lo dejé. Seguí enganchado con todas esas leyendas y fantasías”, cuenta e imputa algún significado astral a dicha alineación planetaria. “Pude meter todo en la misma salsa, ya sea la poesía, la manera en que uno busca el sonido y el concepto general que es Andrómeda.”

Con títulos como La corriente de los libres, Trópico, Los cometas y Un portal (en el que también canta su amigo Francisco Bochatón), el sonido de Andrómeda se presenta sónico y espacial sobre melodías bailables de formato pop, grabadas en vivo en forma analógica. “Dejamos las tomas que realmente estaban producidas con esa intensidad, como pasa habitualmente cuando estás tocando en un estado de rock”, cuenta. Bautizada como La Flota Plateada a raíz de otra historia de ciencia ficción, la banda que lo acompaña se ajusta consistente sobre once canciones sólidas.

Tras su paso por Auge a finales de los ‘90, y por Simón entre 2004 y 2009, Datino apostó al camino solista. “Con Richard compartíamos sala, yo iba a ver a Los 7 Delfines, y nos empezamos a hacer amigos. Después terminó siendo productor de mi banda junto con Melero, y fue una comodidad artística y humana”, cuenta. Al grabar su primer disco, El fin de la inocencia, Bodie invitó a Coleman a participar y coincidió en el tiempo en que el por entonces músico de Gustavo Cerati preparaba su primer trabajo, Siberia. Entonces llamó al chico de las estrellas para devolverle la invitación. “Automáticamente le digo: ‘Che, Richard, ¿tenés banda?’. Me dijo que no, que todavía la estaba armando y seguía concentrado en el disco, pero también que le encantaría que tocáramos juntos. Y acá estamos.”

Y aunque al nacer su madre lo llamó Sebastián, desde que un amigo le encontró un parecido al Bodie de Los profesionales, el músico no se separó del significante. “Siempre ese Bodie soy yo”, afirma, como ratificando la existencia del mundo paralelo en el cual flota, como cuando canta en Un portal: “Alcanzarás el viaje cuando empieces a creer”.

* Jueves 4 en Ultra, San Martín 678. A las 21. Y viernes 11 en Espacio 37, El Salvador 4607. A las 23.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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