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Jueves, 10 de abril de 2014

GAMERS PROFESIONALES ARGENTINOS, CARAJO

EL MEJOR TRABAJO DEL MUNDO

Equipos que concentran en casas antes de un torneo de fútbol. Escuadrones de la muerte compartiendo mates y bizcochos. Líderes extraterrestres con tecnología de avanzada comiendo pizza con la mano. Hasta de entrecasa, la comunidad argentina de jugadores se pone pro. Y sí, si de última algunos trabajos también se tratan de apretar botoncitos con gracia, y a cobrar.

 Por Stephanie Zucarelli

La generación que creció con el Family Game conectado a las venas se convirtió en la faceta visible de la vanguardia del gaming en Argentina: el jugador natural se mezcló con el oficio y sintetizó una nueva manera de ganarse la vida. Para entender por completo la situación, es necesario remontarse 30 años, cuando las primeras consolas colonizaron las mentes de los infantes que son hoy los gamers profesionales. “En los ‘80, con la plata dulce en el país, el juego de computadora no era una cultura, pero las familias se compraban las consolas como chiche. Seguramente en cada casa existía una Coleco o una Commodore, porque era una novedad”, aclara Mariano Rizza, cofundador de Zona Fantasma TV, coconductor del programa de radio Malditos nerds, de Vorterix, y creador de las conferencias Fichín de la Feria del Libro. Y destaca algo clave: “Estas ‘novedades’ en Estados Unidos ya estaban asentadas hacía 15 años, con el Atari”.

Esta brecha de retraso en la que aparecían las consolas en el país sólo significó una cosa: los chicos le sacaban fuego por años a la máquina que había llegado. Claro, la simbiosis entre ambos era inminente. “No recuerdo la primera vez que jugué”, recapitula Guillermo Leoz, editor y redactor de Así se pasa el boss, comunidad que vio la luz en 2009, y columnista del palo en Rock & Pop. “El gaming se hizo algo innato, y no es un chiste. Ahora para algunos es su pasión, para otros es su trabajo. Unos juegan, otros forman parte de comunidades, otros hacen prensa.”

Desde su nacimiento, la industria de los videojuegos se convirtió en un titán enorme que hoy genera más dinero que la música y el cine combinados. No sólo eso, sino que también pudo aventurarse en la maldición de la piratería y sacarle provecho. La movida gamer hizo funcionar este defecto como herramienta de difusión o como manera de alcanzar títulos de empresas que pasaban por alto a Latinoamérica. “Cuando la industria empieza a mover más guita –comenta Guillo Leoz–, la sociedad toma todo de otra manera.” Dinero, dinero, dinero. En estos años se hizo el click, la generación Family pasó de stage y abrió un nuevo abanico de posibilidades.

“Es interesante el panorama porque inspira a la gente a hacer algo”, medita Mariano Rizza. “Me gusta que la gente se informe de esto y vea qué puede agarrar. Si la persona quiere ser un artista o le gusta la escritura o la música puede dedicarse a eso también. Esta industria es tan completa que es una pena que se pierda nada más en lo lúdico”, dice y admite que no avala otra lectura del videojuego más que como última forma del arte, en la que gente de muchos rubros puede participar. Se opone rotundamente al “descerebre” que genera considerar a los juegos como una simple diversión.

Como industria que se transforma y desarrolla, los dedicados a ella también sufren cambios. Las comunidades gamers empezaron a ser cada vez menos “opinólogos” y cada vez más consejeros de finanzas. “En Así se pasa el boss creemos que analizar juegos es una responsabilidad, uno le está diciendo al otro en qué gastar la plata o no. Ya no se puede entrar a un portal de Yankilandia donde un tipo que no vive en la misma situación económica ni social recomienda juegos con una banalidad que no es la que tiene que ser”, resume Leoz. Y completa con una definición que sirve para todos los medios del rubro: “Uno se tiene que concentrar en muchas cosas, en cuánto sale, cómo se vende, si es conseguible. Somos pibes que toda la vida jugamos y nos volcamos a una rama de periodismo que está en pañales”.

Sin embargo, existe una idea radicada que duda del gaming como trabajo. Ani Albano, co-host del podcast PressStars y redactora de la revista Loaded, responde al escepticismo: “Los e-sports están demostrándole al mundo que se puede jugar profesionalmente y que sirve de algo. No estás perdiendo el tiempo delante de una computadora, lo estás haciendo como algo para subir escaloncitos en tu vida”. La jugadora también busca romper con el estereotipo: “Se está demostrando que los gamers no somos zombies babeantes que nos sentamos delante de una compu y nada más. Se puede llegar lejos haciendo lo que queremos”.

“Here comes a new challenger”: los deportistas electrónicos

Los pro-gamers consiguieron demostrar en estos años que ser “gamer” y ser “profesional” son cosas completamente distintas. No sólo eso, aprendieron, aprenden y hacen aprender a construir un camino que se tiene que formar a partir del esfuerzo conjunto de equipos y empresas. Ya se lo había dicho Ocelote –profesional español del juego on line League of Legends– al NO en su venida: “A los e-sports hay que explicarlos con palabras muy generales y poco a poco entrar en detalles, para que se entienda”. Y eso fue lo mismo que le repitieron a Facundo “Kala” Calabró, manager y creador del Team Isurus, uno de los equipos multigaming que es vanguardia en el país. “Hablé con un representante de un equipo de Estados Unidos y el primer consejo que me dio fue que me olvide de explicarles a los representantes qué es esto, que les hable de planes de marketing porque si no nunca van a caer en lo que realmente son.”

La diferencia que establecieron los e-sports estuvo clara desde el principio: los juegos ya no eran para chicos, eran una pasión que necesitaba del negocio. En 2010, el Team Isurus quemó todos los medios de comunicación posibles en busca del interés de potenciales patrocinadores. “Para una empresa es muy difícil confiar en un modelo de marketing de equipo, porque esto es América latina y el modelo no está establecido”, explica Kala. Pero como comprobó finalmente, la constancia logró el apoyo de importantes empresas que terminaron dándoles las facilidades buscadas.

Francisco “Patán” Sotullo, uno de los jugadores profesionales más importantes especializado en FIFA, describe el cambio al “pro gaming” como un salto de fe: “Como profesional, me fui construyendo solo, no hay nada servido en bandeja. Llegó un punto donde tuve la posibilidad de juntar varios patrocinadores que me dieran lo que cobraba en mi trabajo, y ése fue el momento de decidirme”. Uno de los más grandes problemas de los deportistas electrónicos es el de compatibilizar realidades con el panorama internacional. “Yo me defino como profesional, pero es distinto. Cuando fui a los World Cyber Games en China me sentía más o menos preparado. Fue así porque no tenía la misma cantidad de horas para practicar, cumplía un horario de trabajo en ese momento. Los jugadores allá tienen más tiempo, el apoyo de distintos teams y se dedican a eso.”

¿Cómo pueden entonces los deportes electrónicos sobrevivir en Argentina?

Julio Cimato, manager general de la liga Latin Gamers, destaca que a los jugadores argentinos “les gusta mucho la competencia, participar, y no se conforman con jugar así nomás”. Y rescata que eso sube muchísimo el nivel y la capacidad de mejorar. Pero a pesar de la pasión que caracteriza al gamer nacional, considera que “falta infraestructura para poder brindarle material a la gente que quiere empezar” a jugar. “Tenemos buenos jugadores pero falta lo profesional. Eso tiene mucho que ver con que la sociedad toma el gaming como sólo una diversión.”

Sin embargo, esto no quiere decir que la escena nacional no sea caldo de cultivo para diversas actividades. Medio en broma, medio en serio, Ignacio Agustín Estanga –The Argie, para el mundo– había comenzado a relatar partidos de Starcraft como hobby. “Hice un video parodia de un comentarista en castellano. Lo subí y me olvidé, pero cuando volví a entrar me encontré con 14 mil reproducciones. Ahí comencé a hacerlo más seriamente.” The Argie comenzó relatando partidos en una liga nacional hasta que recibió un llamado desde Suecia: le pedían transmitir 24 horas de una liga europea. Desde entonces, cambió todo. Con el ímpetu de un periodista deportivo, comenzó una carrera como caster internacional: “Estoy en una posición donde no puedo agarrar algunos trabajos por cuestión de tiempo. Con el dinero que voy juntando entre todas las ligas –que suceden a diario– puedo considerar esto un trabajo fijo”.

Todos los pioneros de la cultura gamer tienen lo mismo en mente: para dedicarse hay que esforzarse y entender que todo es una apuesta a futuro. Fue este pensamiento el que se materializó cuando los líderes del equipo Royal Paladin de League of Legends apostaron por construir la primera “gaming house” del país. Esto es, una casa donde los jugadores encuentran su lugar en común, pueden entrenar juntos y, cuando logran compatibilizar horarios, convivir para estrechar su relación. “Poder tener la primera gaming house en Argentina es una fiel muestra de que la escena está creciendo. La idea es que, el día de mañana, chicos de 13 y 14 años vean esto y se den cuenta de que si entrenan lo suficiente pueden llegar a ser profesionales”, proyecta Gonzalo Albini, manager del equipo y uno de los dueños del lugar. Pero a pesar de la apuesta y la esperanza, remarca la difícil realidad de todo aquel que se anima: “Esto es jugársela. Invertimos porque lo amamos”. Los esfuerzos descomunales de los pioneros en la cultura gamer van rompiendo lentamente con la incredulidad de la mentalidad argentina. “Existió una nota en 2005 que decía que ‘jugar a los jueguitos’ era de vagos. Mucha gente sigue pensando eso y lo primero que va a decir es ‘pónganse a laburar’. Pero mientras ellos se la pasan comentando, yo gano plata”, concluye Patán Sotullo, nivelando realidades. Es cierto que cuando la sociedad se da cuenta de que el esfuerzo es redituable ya no tiene mucho que decir. Así como nadie le dijo a Miguel Angel que deje esos pinceles y se ponga a laburar, ya nadie puede decirle a un gamer que suelte el joystick.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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