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Jueves, 29 de mayo de 2014

FILHOS NUESTROS, EL SUB-SUPLEMENTO MUNDIALISTA (I)

Sin bandera

Una ciudad sueca de la región de Laponia alberga el sexto mundial de naciones sin tierra y estados autonomistas.

 Por Juan Ignacio Provéndola

Faltan dos semanas para Brasil 2014, pero eso poco les importa a kurdos, asirios, lapones o padanos. Ellos no anhelan las playas de Río, sino los fiordos escandinavos, porque es allí donde jugarán su propio Mundial. El de las naciones sin tierra, estados con ambiciones autonomistas, territorios cruelmente ocupados, lenguas en desuso y tradiciones ancestrales. Hace ocho años que distintas selecciones ignoradas por la FIFA se reúnen en algún rincón del mundo para defender los colores que sienten propios, y no los que les están impuestos a través de un papel.

Primero fue la Non Federation Board (NF-Board), creada en 2003 por cuatro amigos en un bar de Bruselas, quien agrupó voluntades y organizó tres torneos. Ahora es turno de la Confederación de Asociaciones de Fútbol Independientes (ConIVA), una escisión de aquella que organizará Laponia 2014, cuarto cónclave de los sin bandera. Se jugará en Östersund, una de las ciudades más importantes que el grupo étnico habita en Suecia. Marginados del progreso industrial de la zona, los lapones (que acreditan once mil años de existencia) se abroquelaron tras un sentimiento identitario, casi tribal, y la Selección de fútbol fue una buena excusa para seguir tendiendo lazos entre aldeas dispersas por toda Escandinavia. Les quedará para siempre el honor de haber ganado el primer Mundial, jugado a mediados de 2006 en Hyéres, una ciudad de la amplia región al sur de Francia que reclaman los nacionalistas occitanos.

Más tarde llegó el dominio de Padania (ganó los tres Mundiales siguientes), que no es otra cosa que el poderoso norte italiano bajo el financiamiento del partido independentista Lega Nord. A medida que avanzaban los torneos, aumentaba el interés. Y así, se fueron incorporando el archipiélago de Zanzíbar, los nacionalistas de Tamil Eelam (al noroeste de Ceilán) y la región de Darfur, sometida hace cinco años al amanse de 26 mil militares dispuestos por Sudán y la ONU. Otros, en cambio, no tuvieron la misma suerte. Camerún del Sur (que lucha por su autonomía desde 1961) llegó diezmado al primer Mundial porque desde el país de origen nunca emitieron las visas, los chechenos siempre fueron vetados por Rusia y Mónaco tuvo que dejar de participar en estas competencias por expreso pedido del príncipe Alberto Grimaldi.

La FIFA, atenta con los lobbies del poder mundial, siempre se manejó con sigilo a la hora de incidir en conflictos internacionales. Fue por eso que, históricamente, les negó la membresía a estados que no fueran aceptados como tales por la ONU. Sin embargo, el nuevo escenario empujó al organismo a tomar algunas concesiones, como admitir a Palestina o permitirles jugar amistosos a los selectivos de Catalunya y Gibraltar. Incluso tomó algunas medidas para recortarles el mapa de acción a los díscolos, como por ejemplo la incorporación de pequeñas islas del Caribe a competencias de la Concacaf para demoler el proyecto de Indias Occidentales que la NF-Board había pensado como estrategia política para reunir a los hombres sin bandera de los archipiélagos centroamericanos.

A pesar de los embates y las limitaciones, el Mundial de los Sin Bandera sigue su curso, y a partir del domingo iniciará su sexta competencia. Serán doce equipos divididos en cuatro grupos. Los dos primeros de cada uno clasifican a cuartos de final, y de allí en adelante se eliminan hasta que sobreviva un ganador. Todo sucederá en una semana. Los locales son uno de los grandes favoritos, al igual que la Selección de Kurdistán. Los kurdos son una etnia sin estado compuesta por 40 millones de personas que resisten en un territorio compartido por varios países, al norte de Medio Oriente. En el que le corresponde a Siria, por ejemplo, les prohibieron la práctica de fútbol. Por eso, la actividad fuerte transcurre en Irak, donde hasta incluso componen una provincia autónoma. Allí organizaron el último Mundial, que ganaron tras vencer por 2 a 1 a Chipre del Norte ante 22 mil enardecidos espectadores, mientras se jugaba en simultáneo la Eurocopa 2010.

Los arameos, desparramados en todo el mundo tras la disolución del Imperio Otomano en 1922, serán representados por varios paisanos que juegan en el fútbol sueco. También participarán Absajia, arrinconada al este de Georgia, la británica Isla de Man (que tiene una liga de fútbol con 120 años de antigüedad) y Nagorno, un territorio disputado por Armenia y Azerbaiján. Todos ellos jugarán bajo el pleno sol de las noches laponas, una de las curiosas características geográficas del Círculo Polar Artico en verano. Izarán sus banderas, cantarán sus himnos y, mientras gire la pelota, se sentirán parte de un planeta que los había corrido del mapa.

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