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Jueves, 29 de mayo de 2014

LOS FUTUROS #3: LUCIANO ACOSTA

Una gambeta al metro

A centímetros de heredar la 10 de Boca, el petiso Luciano Acosta se agranda cada vez que sale a la cancha.

 Por Lucas Garófalo

Suele decirse que lo mejor que puede hacer alguien que se siente gordo no es dejar de comer sino dejar de pesarse. A Luciano Acosta, el futbolista de 19 años que acaba de jugar su primer torneo en la primera de Boca Juniors, esa lógica le salvó la vida. Atormentado por los problemas de crecimiento que le impedían ponerse físicamente a la par de sus compañeros de categoría en las inferiores del club, Lucho visitó a una especialista que le dijo lo que menos quería escuchar: que ya nunca iba a superar su metro cincuenta y nueve de estatura. Era un mazazo a su ilusión, pero ese día el pibe hizo un click. “No me medí más”, confesó en una entrevista para el sitio web de Boca. Entonces se dedicó exclusivamente a jugar.

“Luciano tiene buen cambio de ritmo, buena pegada y hambre de gol: todas cualidades importantes en el fútbol moderno, aunque me hubiera gustado que midiera cinco centímetros más”, dijo Carlos Bianchi, un poco en chiste y un poco en serio, durante una conferencia de prensa previa al último partido de Boca contra Argentinos Juniors. ¿Quién mide cinco centímetros más que Acosta? Diego Armando Maradona, por ejemplo. Acosta no es Maradona (nadie lo es), pero ese día contra Argentinos su presencia fue fundamental para que el equipo consiguiera la victoria parcial, y su ausencia, tras ser reemplazado en el segundo tiempo, fue clave para que el partido terminara empatado. Bianchi todavía está tratando de explicarles a los hinchas por qué lo sacó. Pensar que hace no tanto los técnicos tenían que justificar por qué lo ponían, siendo Luciano un volante ofensivo tan improbable.

Ser el 10 de Boca nunca fue fácil, y lo será menos aún cuando Juan Román Riquelme no esté más en el club. Pero si hay algo que apuntala la ilusión de este pibe es que la historia más o menos reciente de los enganches xeneizes no dice nada sobre la estatura. Ni Maradona, ni Latorre, ni Márcico fueron jugadores altos, más bien todo lo contrario. Es más: el motivo por el que a Lucho se le hizo difícil tener continuidad en inferiores ni siquiera tenía tanto que ver con su contextura física, sino con la presencia de Leandro Paredes, otro enganche categoría ‘94, señalado como la gran promesa de la cantera por todo el mundo Boca en general y por Riquelme en particular. Pero Paredes, como tantos otros jóvenes futbolistas argentinos, se fue a jugar a Europa después de haber disputado apenas algunos partidos en primera, y Acosta, segundo en la línea de sucesión, se prometió a sí mismo que iba a aprovechar la oportunidad. “Amo lo que tengo y lucho por lo que quiero”, dice su tatuaje en el bíceps izquierdo.

La urgencia por encontrarle un reemplazante a Román no es caprichosa. El mejor jugador de la historia de Boca está por cumplir 36 años y su continuidad es puesta en duda permanentemente por los dirigentes del club. Cuando él no está, el equipo se derrumba. En ese contexto, el único hombre que se mostró genuinamente interesado por dar un paso al frente fue Acosta, que debutó hace menos de seis meses en un superclásico de verano con la obligación de reemplazar a su ídolo y, paradójicamente, no se achicó. Su mayor virtud no es ni su técnica ni su velocidad, sino el temple para pedir todas las pelotas por más que haya 60 millones de ojos posados sobre él. Tiene apenas 19 años. Cumple 20 el sábado. Ese mismo día, si se recupera de una pequeña lesión muscular, será titular en un nuevo enfrentamiento contra River, nada menos que en el estadio Azteca del DF mexicano. No debe haber muchos escenarios mejores para empezar a escribir definitivamente una historia de grandeza.

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