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Jueves, 23 de octubre de 2014

LA ARMADA COSMICA ESTA AQUI PARA QUEDARSE

“ASI COMO EL SISTEMA ABUSA DE UNO, HAY QUE VIOLAR AL SISTEMA”

 Por Mario Yannoulas

Cercado en la madrugada bolichera, Daland Gutiérrez sólo miró alrededor para observar la transformación, y empezó a cantarle al oído a un amigo: “Violo tu locomoción / me cargo a toda tu nación”. Empezó a sentirse “como el Guasón, esa persona que, para bien o para mal, puede desvalijar la psiquis de otra”, explica. “Pero todo está blindado con cien por ciento paz mundial. Es como que te diga que soy tu mejor amigo mientras te robo la billetera. La sinceridad no es algo bueno socialmente, porque hay una diferencia muy grande entre lo que querés decir y cómo el otro lo entiende. Con palabras es muy difícil. Por eso a veces la gente blinda sus mensajes.”

Ese arrebato de sentencias violentas con sugestiva cohesión llamada 100% paz mundial forma parte de Budapest, el debut de La Armada Cósmica, donde Daland es compositor, guitarrista y cantante; que fue editado en 2013 y distribuido por Sony. “Eso es parte de la alegoría, ellos nos llamaron una vez que vieron que llevábamos más de quinientas personas. No sé si habrían distribuido el disco por vernos tocar para cien en Pura Vida. Pero bueno... hay que abusar. Así como el sistema abusa de uno, hay que aprovechar la oportunidad de violar al sistema desde dentro. Nada más lindo que sacarles la plata a las grandes corporaciones para hacer cosas divertidas, ¿no?”

Un ramo de canciones gancheras llevadas por la corriente de un sonido claro, clásico y sin pirotecnia: eso es Budapest. El resto queda a cargo de la lírica de Gutiérrez –sí, es el hijo de Juanse–, que intenta salir de la media apostando a frases fuertes de incierta continuidad. “No tengo un método. En general compongo en inglés, es la realidad. Me crié escuchando música inglesa y me parece que lo hablo mejor que el castellano”, confiesa. “Por lo general, cuando la letra es en castellano, es porque escribí una poesía antes, y se la pegué a algún tema que tenía. En este disco hay sólo dos temas en inglés. El próximo va a ser casi todo así.”

¿No te sentís incómodo pensando en inglés cuando todos hablan castellano?

–Si uno hace las cosas en relación con los demás... eso hay que dejárselo a los productos. Nosotros no hacemos nada en relación con los demás. Hace un par de años, Zeta Bosio me dijo algo muy importante. Yo estaba muy preocupado por mi situación, estaba incómodo, no encontraba un circuito más allá de La Plata. Estuvimos deliberando muchas horas y llegamos a la conclusión de que el mundo es una pelota de agua gigante que flota en el medio de la nada, entonces es irrelevante todo lo que discutamos y lo mejor es que cada uno forme su pequeño mundo. Yo hice eso, y no por el idioma en especial sino porque mis bandas favoritas son Beatles, Pistols, The Stone Roses, Oasis. Quizá sea egoísta lo que digo, pero como lo disfrutamos tanto, la gracia está en llevar ese disfrute a los demás. Por eso inventé lo de SEPUM: Seamos Eternos Por Un Momento. Es el mensaje que queremos transmitir. Uno no puede vivir para siempre, pero podés generar algo en la psiquis del humano para que viva para siempre.

¿Ese sería el rol del arte?

–Creo que sí.

¿Fue una intención que el disco tuviera estribillos gancheros?

–A la hora de componer, no pienso en la intención. Me sale una canción, si me gusta y siento que mi corazón la quiere interpretar, lo hago. Siempre hice esa clase de canciones, a veces es casualidad cuando uno hace algo que le gusta que también les guste a otros. Cuando era más chico estaba negado a dar notas o editar discos. Lo único que me interesaba era tocar en Pura Vida los fines de semana. Ahí sí distorsionaba un poco mis composiciones cuando sentía que eran demasiado lindas y le podían gustar a la gente. “No quiero que les guste”, pensaba. Era chiquito, tenía doce años y muchos dramas de adolescente que me confundían. Ahora soy menos prejuicioso, hago lo que quiero. Y si gusta, mejor.

El sonido del disco es sencillo, ¿ésa sí fue una intención?

–Quería que sonara en vivo, poder representarlo bien. Y fue al revés, tuvimos que hacer el disco porque nos excedía la cantidad de gente que nos venía a ver, pero no teníamos plata para hacerlo, hasta que alguien vino y nos la dio. Arrancamos a tocar en La Cigale, hicimos la Fiesta Cósmica y venía mucha gente. Lo único que hicimos fue meternos en el estudio y reproducir un show. La que sale de la crudeza es Botón, que está producida por Ezequiel Araujo y tiene cosas más electrónicas.

Jueves 23 en Niceto Club, Niceto Vega 5510. A las 21.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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