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Jueves, 17 de julio de 2003

Alicia Chihiro

UN GRAN ESTRENO DE LA SEMANA

”Usar la lógica significa usar la parte de adelante del cerebro. Pero no se puede hacer una película con la lógica. O, si se lo mira de otra manera, cualquiera puede hacer una película con lógica. Pero ésa no es mi forma de hacer películas. Lo que yo hago es cavar bien hasta el fondo en el pozo de mi subconsciente, y en algún momento de ese proceso se abre el camino, y se liberan diferentes ideas y visiones. Con ellas puedo empezar a hacer un film.” Eso es lo que confesó Hayao Miyazaki en París en diciembre del 2001, cuando su película El viaje de Chihiro se estrenó por primera vez en Europa como parte de un festival de cine de animación. Exito de público y taquilla en Japón, premiada en Berlín y ganadora del Oscar a la mejor película animada, este maravilloso largometraje de este verdadero mito de la animación japonesa se estrena hoy comercialmente en las pantallas locales. Después de aquella épica space-ópera ecologista llamada La Princesa Mononoke –que apenas si se exhibió en algunos ciclos dedicados al animé en Buenos Aires–, ahora le llega el turno a esta atrevida fantasía a mitad de camino de los más clásicos y crueles cuentos de hadas, y un no menos clásico como “Alicia en el País de las Maravillas”. Largometraje de animación para los no tan chicos y un festival para los fanáticos del género, El viaje de Chihiro cuenta la historia de una niña que ve cómo sus padres se transforman en cerdos y debe trabajar para sobrevivir en una extraña casa de baños para dioses. Fascinante viaje por un mundo imposible, cuya lógica narrativa se quiebra una y otra vez, hay quien ha señalando que la Chihiro de Miyazaki –que su autor creó pensando en la hija de diez años de un amigo– tiene mucho más de la Alicia de Lewis Carroll que lo que su autor quisiera confesar. De hecho, los baños públicos en los que trabaja Chihiro tienen un nombre que recuerda no precisamente al de los más inocentes del Japón. Allí es donde la niña deberá descubrir la forma de enfrentarse a las tentaciones del mundo, entre ellas la de un extraño Dios Sin Cara que es, según el propio Miyazaki, “una metáfora de la libido que todo el mundo secretamente oculta”. Mucho menos inocente de lo que aparenta, pero también mucho más imaginativa que cualquier otra película en cartelera, El viaje de Chihiro es una obra maestra, número puesto para la lista de las mejores películas del año. MARTIN PEREZ

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