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Jueves, 23 de julio de 2015

BIBLIA-OVNI, OTRA ABDUCCIóN DEL ROCK CORTESíA DE MASSACRE

“Todavía podemos darnos el lujo de boludear un poco más”

Disco, sala y bunker nuevos para el quinteto espacial y especial que mejor supo llevar subculturas al mainstream festivalero. Acá, Walas parla largo sobre su nueva religión, su niñez absurda, la afectación psicológica de subir a grandes escenarios, Chabán, Lou Reed y su muñeca embrujada.

 Por Lucas Kuperman

Foto: Cecilia Salas

En la puerta de su nueva sala y sede de operaciones palermitana, Walas sale a hablar por teléfono. Casi sin querer, asusta a una vieja que pasaba por la puerta, y que se va refunfuñando contra el cantante. Ya dentro de la sala, cuenta que, históricamente al menos desde los ‘90, cada salida de disco coincide con una mudanza. En este caso, el flamante Biblia-Ovni: “Ahora ya se me hizo un ritual”, dice, entre sus pelos rojos que se escapan del piluso de turno, aunque sabe que eso implica que “hay que poner energía en dos cosas”. Esta vez, en tres: “También mudamos el cuartel general de los Massacre”.

Entre referencias a su fanatismo por Sex and the City, cuenta que acaba de volver al psicólogo, pese a que le gusta hacer autoterapia. “Vengo muy bien. Soy muy psicologista y me gusta llegar a conclusiones antes. Pero un buen terapeuta te hace escuchar de vos mismo las cosas que decís y te abre los ojos. Desde chico supe salirme de mí mismo para mirarme desde afuera y ponerme en el lugar del otro. No es fácil, sobre todo para los artistas, que somos ególatras, egocéntricos, y nos cuesta un poco. Hay mucho rockstar hiperególatra que funciona como ejemplo de lo que no hay que hacer. A mí me funciona de antimodelo y trato de salirme de mí mismo para ponerme en el lugar del otro”, cuenta el cantante.

Pasados cuatro años de la salida de Ringo, su anterior disco de inéditos (en el medio regrabaron Aerial), se metieron de lleno en esta Biblia-Ovni de la mano de la súper dupla de productores Toth-Guyot. “Desde hace más de un año que lo venimos gestando. Tendría que haber salido el año pasado, pero se dilató porque laburar con dos productores es distinto a hacerlo con uno solo. Nos subimos al ritmo de ellos, con jornadas de ocho horas, como si fueran laborales. Igual, cuando sale un disco te agarra esa especie de depresión post parto. Deja de ser tuyo para pasar a ser patrimonio de la crítica y del público, que después nos convencen a los propios artistas que el disco está bueno o que no. Tenemos la presión de sostener esa vara alta y cumplir con ese handicap.”

El disco suena un poco más cercano a El Mamut que a Ringo.

–Pero fue distinto, porque esos discos los trabajamos con Juanchi Baleirón y Ale Vázquez. No por ponerlos en lugar de bonvivants a los otros, pero trabajan como mártires hasta las 4 de la mañana. Con Toth y Guyot no es así. Con este disco además nos copamos con los sintes, que en los ‘70 sonaban futuristas y ahora son vintage, y dan una atmósfera espacial. Pese a que el Tordo es un guitar hero, el primer tema que salió a la cancha fue Niña Dios, donde el teclado entra mordiendo como loco y es lo principal. También tenemos temas como Fieles a la montaña, que me pareció demasiado adulto. Yo les decía a los chicos que boludeemos un par de años más antes de publicar ese tema. Todavía podemos darnos el lujo de boludear un poco más, de chiquilinear. Igualmente, lo terminamos editando.

¿Se genera una presión extra al venir de dos discos tan exitosos?

–Nosotros sacamos un disco con una docena de buenas canciones, pero después entra en juego el factor entretenimiento, el compromiso con el espectáculo. Por un lado tenemos la cosa artística, que es indudable, sobre la que se pronuncian el crítico, el músico, el colega. Pero después cuando tenés una discográfica que te banca, tocás en festivales y empieza a venir cada vez más gente que paga una entrada, entra en juego el compromiso con el entretenimiento. Por eso hubo tironeos artista-productor, que no habíamos tenido nunca, con gritos y discusiones.

¿Cómo pensaron esta Biblia-Ovni?

–Este disco es como un vinilo que tiene una cara A y una B: un laburo que tiene que ver con lo mainstream y con lo radiable y los temas donde dimos rienda suelta e hicimos lo que quisimos. Hay un par de knock-outs que sabemos que cuando los saquemos a la cancha van a ser temazos del rock nacional. Somos bárbaros a nivel artístico, en cuanto a hacer temas interesantes, pero a nivel marketing somos unos marmotas, unos dormidos. Por suerte tenemos a la Tori que sabe laburar muy bien lo comunicacional.

Evidentemente, porque llegaron a lugares con los que nunca habían soñado.

–Pero no representamos lo popular ni en pedo. Cuando empezamos con Massacre, queríamos ser todo lo contrario: diez amigos skaters contra el mundo. Ahora nos gusta salir a un escenario a provocar, donde somos invitados de KISS, Marilyn Manson o Foo Fighters. Nos gusta esa provocación y esa seducción. Pero tampoco podríamos ejercer esa demagogia que me daría asco, de poner atrás una pantalla con una camiseta argentina con el número 10. No me gusta. Es un poco eso que dicen con respecto al bullying: los que son los ñoños ahora, mañana serán tus jefes. En la colonia de Ferro me decían el lunático, porque estaba siempre en la Luna y no funcionaba de manera colectiva. Igual, aquel que me decía lunático hoy me pide un autógrafo, una foto y me escuchan sus hijos. No me ha tocado esa misma gente, pero sí ese prototipo de los que decían que si no te gustaba el fútbol eras puto. A ése le cambió la cabeza, y hoy me dice grosso, ídolo.

En esos años de estar en la Luna también conociste al Tordo en el colegio, y tu primer contacto fue ofrecerle un tenedor, ¿no?

–Jajajá, es verdad. De chico se ve que ya era artista o performer. Ejercía el absurdo que años más tarde conocimos en el Parakultural o en los programas como Cha cha cha o Todo por 2$. En el colegio pedía ir al baño, me escapaba y pegaba cartelitos en el patio que decían cosas absurdas como: “puerta de ascensor” o “tijera lindísima”. Cuando la gente salía al recreo, veía el cartelito que solo decía eso. No era un chiste ni una agresión, era absurdo. A los 12 años ya tenía vocación por el comunicar, por el decir. Después se transformó en una poesía escrita y cuando agarré la guitarra de mi abuela, se convirtió en una poesía cantada, en una canción. Así fue que al Tordo le dije: “Tomá, ¿necesitas un tenedor?”. Qué lindos momentos. Encima él era flor de ñoño, un nerd total. Y ahora sigue igual de estudioso, no deja nunca de probar pedales y equipos. A tal punto que les digo a él y a Fico que nunca van a encontrar la felicidad, porque los que son tan tecnicistas se ponen el horizonte cada vez más lejos.

Se habían planteado distintos nombres para el disco y quedó Biblia-Ovni. ¿Por qué?

–Hasta ahora, en relación a la evolución o la creación, suponíamos que venimos de la naturaleza o de Dios que nos creó. La Biblia-Ovni tiene que ver con que se abrió el juego, una tercera posición a la que nosotros adherimos que es la de la intervención extraterrestre. El origen de esto viene de una discusión que tuvimos en la vuelta de una gira entre el creacionista Luciano Facio (bajista), el evolucionista Charly Carnota (baterista) y yo en el medio haciendo de árbitro, exponiendo mi postura existencialista, preguntando los por qué de todo. Empecé a meterme en ese remolino de información en Internet y tuve que ponerle límite porque no me gustó mucho. Me asustó saber y enterarme de ciertas cosas. Empecé a tener sueños extraños y se me modificaron estructuras de lo psíquico, del subconsciente. Ahí frené para conservar un espacio de fe, para la duda y lo religioso, si se quiere. Y también para no enterarme de algo que me hizo bastante mal, que me movió bastante los cimientos de la identidad: somos así porque somos intervenidos por extraterrestres.

¿Por qué te alejaste de esa información?

–Las conclusiones más estudiadas a las que se llegó de forma científica están lejanas de las que nos enseñaron la Iglesia Católica y la alianza católica judeocristiana. Son mucho más pragmáticas, prácticas y pierden validez, magia. Prefería lo que me dijeron de chiquito porque tiene mucho más de fantasía. Lo que me enteré cuando decidí parar es que fuimos intervenidos. La pregunta es para qué: en realidad seríamos trabajadores de la minería. Nos dieron sabiduría, ciencia, herramientas y la función que tenemos es sacar oro, plutonio, uranio y recursos del planeta. No somos para nada sagrados, ni los reyes del universo. Somos unos boludos que trabajamos para otro superior. Esto me costó meses de diván. La mitad del disco habla de eso. De ciencia, religión, fantasmas, Dios, de otra dimensión, de la cosa extraterrestre, de la cosa extraterrenal y extradimensional que tiene que ver con los sueños. Hasta ahora la Iglesia tenía estas informaciones vedadas. Internet destapó una olla imposible de controlar y nace una nueva religión. Necesitamos creer en cosas nuevas. Yo quiero venerar a seres superiores, hermanos mayores más sabios y creer en los conceptos del Bien y el Mal.

En ese creer en otras cosas, las muñecas toman algún significado en la vida de Massacre.

–Es otra cuestión de diván. Tenemos obsesión por las cosas de forma humana, antropomórficas. Cualquiera diría que es porque nos falta tener hijos, pero todos tenemos. Siempre están muy presentes en formato de muñecas antiguas y de payasos patéticos.

De hecho en el disco incluyen una estampita de Muñeca roja, que... ¿está embrujada?

–Sí, tenemos una muñeca embrujada, o que maneja energía. La compré en un anticuario, es una muñeca española de 1910 y la puse en una especie de nicho como de iglesia en mi casa. Un día una nena de dos años dijo que la muñeca le hablaba, que estaba viva. Varias veces lo dijo hasta que la registramos. Un día vino una vidente y nos dijo que esa muñeca mueve energías. Nos pasó de llevarla al estudio donde estábamos grabando y que se cortara la luz en una de las sesiones. La amo, la adoro, la venero, la saludo todas las noches antes de irme a dormir. Le agradezco por ser musa y por habernos dado inspiración para una canción tan copada. También es un homenaje tácito a las Pussy Riot, las pibas que metieron presas en Rusia.

Es un disco con muchas dedicatorias: Lou Reed, Johnny Marr. ¿Qué significa cada uno para ustedes?

–A Lou Reed le dedicamos el año pasado la muerte del rock con una performance en un festival. En el último tema, sacamos una motosierra y una guitarra enchufada, que corté por la mitad. Y dije: “Señor Lou Reed, con usted el rock ha muerto. Adiós”. Fue un homenaje a la muerte del rock. El anteúltimo era Kurt Cobain y el último fue Lou Reed. Uno que sigue vivo y hace seguir vivo el rock, y que me pondría a cuestionar que el rock haya muerto, es el señor Johnny Marr. Lo amo, lo adoro. Nos vimos en Niceto y le llevé discos, libros y hablamos de la Vox Phantom que tocaba Ian Curtis. Desde niño la quise tener y hace poco la pude comprar.

También hicieron referencia a Chabán.

–Sí, en Feliz noviembre. Es una canción de ocho minutos, multirrítmica, que pasa por muchas atmósferas. Trazo un puente entre Cemento y el Parakultural con lo que estoy homenajeando a los dos Omares: Viola y Chabán, en esa especie de derrotero de los ‘80 y ‘90 que juntaba a todos los que éramos excluidos, expulsados y rechazados. Como reivindicación, el 15 de noviembre de 2014 estábamos libres por las calles, orgullosos de mostrarnos sobre escenarios gigantes, para mucha gente y con artistas remunerados, premiados. Lo vi como un símbolo. Primero como homenaje a ellos y después, que al otro día muera Chabán, como diciendo que se podía ir tranquilo. También es muy polémico porque Chabán se puede morir tranquilo habiendo sido responsable de lo que fue una cosa muy polémica. Pero en cuanto a los lugares, espacios, trincheras y refugios que fabricó en ese momento, fue muy valiente y merece la reivindicación de muchos artistas.

Tocar para un gran público no es nuevo para ustedes, ¿se amigaron con el mainstream?

–Si bien estamos cómodos, nos molesta y nos da un poco de miedo que la popularidad te mediocrice, porque te conecta con la necesidad colectiva. Nos da terror dejar de ser vanguardia y perder la condición de artistas para pasar a ser entretenedores. Por ahora tenemos mecanismos y fortaleza para que nunca nos pase. Cuando vamos de gira nos gusta tocar en un escenario grosso de la capital y en otro más under. Eso mantiene el equilibrio de los egos, de no creérnosla demasiado.

Ultimamente estuvieron tocando para eventos de la ciudad, la provincia y de la nación. ¿Les llegó alguna crítica por eso?

–Me trajo conflicto interno. Lo tuve que hablar con mi terapeuta, compañeros y amigos. Tratamos de mantener un equilibrio y tocar un día para dentro de la General Paz y otro día para fuera. Sabemos que atrás siempre hay una bandera naranja o amarilla, pero si nos gusta lo que nos proponen, que por lo general son escenarios y audios buenísimos, y shows gratuitos, lo hacemos. Antes me generaba conflicto estar ligado a lo político, pero los artistas quedan y los políticos van pasando. Eso lo descubrí mirando en YouTube cuando Soda Stereo tocó para cien mil personas en la 9 de Julio. Antes de salir a tocar, estaban los tres Soda al lado de Grosso, el intendente de la ciudad. Grosso era el que ponía el espacio y ni me acuerdo su nombre de pila, mientras que Soda Stereo sigue siendo Soda Stereo.

Actualmente hay quienes dicen que el rock está dormido, que no hay expresiones nuevas, pero en los recitales solés recomendar bandas, libros, shows.

–Las cosas que me gustan las recomiendo. A los argentinos nunca nos va a faltar cultura en todo nivel: libros, cine, teatro, música. Los que dicen que el rock está muerto es porque el rock estuvo tan anfetaminizado, tan encocainado en los últimos diez años que ahora parece que se deprimió, cuando solo está en el cause donde tiene que estar. Cuando el rock se puso de moda, era patrimonio de diez imitadores de Mick Jagger y Calamaro. En los festivales ibas al VIP y estaban las modelos, te daban sushi. Debería ocupar un lugar de contracultura, pero pasó una década donde estaba muy exacerbado y todo era rock. Te vendían cualquier cosa y en todas las propagandas había una guitarra eléctrica. Pareciera que al haber pasado ese furor murió, pero en realidad está en un lugar más sobrio. Un perfil más bajo, que tiene más que ver con lo cultural que con el entretenimiento. Pero está más firme que nunca.

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