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Jueves, 31 de diciembre de 2015

#LAVAGANCIAESASI

 Por José Totah

Hubo un tiempo en que tener una banda era juntarse en una sala de ensayo de 2x2, con fasos quemados en el piso y tremendo olor a chivo, a hacer temas de Los Ramones o cualquier cosa que tuviera tres acordes. Después se buscaba un boliche para tocar y ahí empezaban los problemas: negociar con el bolichero malandra, conseguir un sonido malísimo, pelearse por los pies de micrófono (“¿Los traés vos, flaco?”) y por una consolita potable. Todo para sonar lo más fuerte posible, aunque no se entendiera nada de nada, ni la letra, ni la música. Había que estar enchufado y con el volumen al palo.

Después pasó que un grupo de muchachos se juntó en Cabo Polonio a vaguear y tocar la guitarra noche y día. A la vuelta del verano, grabaron varias de esas canciones y el disco se llamó Fuerte y caliente (2008). No sólo proponían un ideal de neo-jipismo empanado en los médanos uruguayos de Rocha, con el que nacía un nuevo héroe acústico, vago, exquisito y rendidor, sino también una forma distinta de “ser” una banda. Ya no había que enchufar nada. Sólo hacían falta un par de guitarras criollas, un cajón peruano, voces y, a lo sumo, un trombón. Y tocar en ronda, en cualquier lado, en la playa, la vereda, el parque... Se terminaba el negociado del bolichero y se confirmaba que un hombre –o varios al mismo tiempo– tocando la guitarra sigue generando un revuelo hormonal profundo en las féminas, capaces de todo con tal de conseguir esas feromonas voladoras.

Quizás los muchachos de Onda Vaga, que terminaron viajando a Japón y girando varias veces por Europa, nunca imaginaron que viralizarían un camino. Muchos grupos entronizaron la ronda como una filosofía superadora de la música: tenía que ver con la amistad, con eso tan primigenio que es juntarse frente a un fuego para contar historias y cantar. Bien, este año se consolidaron muchos grupos, de géneros diversos pero con la misma apuesta acústica, que alcanzaron un gran nivel de convocatoria: desde Alerta Pachuca (foto, los que más gente llevan: durante 2015 hicieron tres rondas en el Matienzo a lleno completo); Otro Mambo, Perotá Chingó, Churupaca, Julio y Agosto, Los Carinhosos da Garrafa y Tototomás, entre otros.

El mensaje para los nuevos rockers es claro: no hay que comprarse la Gibson y el Marshalito en la calle Talcahuano. Sólo se necesita una guitarra criolla bien noble y unos compinches para completar la ronda. La mística está a la vuelta de la esquina; no sólo en el Polonio.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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